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25 años de Rivamadrid: la empresa pública que cuida de la ciudad

La entidad municipal nació el 5 de abril de 2001. Hoy es un referente de cómo servicios fundamentales para una localidad se pueden gestionar desde lo público con eficiencia y sin necesidad de recurrir a privatizaciones.

25 años de Rivamadrid: la empresa pública que cuida de la ciudad
Parte de la plantilla de la empresa pública Rivamadrid, en marzo de 2026. MARIO FDEZ. TREJO

La empresa pública que planta y cuida las flores de Rivas Vaciamadrid nació en el mes de las flores. Un 5 de abril de 2001. El mismo año que España decía adiós a la mili. Con su puesta en marcha, el Ayuntamiento pisaba el acelerador redoblando su apuesta por lo público. Y reagrupaba en una empresa municipal diversos servicios hasta entonces privatizados. Rivamadrid venía al mundo como lo que sigue siendo hoy: la entidad que cuida la ciudad y pertenece a las vecinas y vecinos.

“El valor más importante de Rivamadrid”, subraya su gerente, Marta Valero, “es a la vez el cometido más importante de la empresa: cuidar lo público desde lo público. Rivamadrid, como empresa pública de servicios esenciales, es un elemento operativo fundamental en la ciudad”.

Entre sus funciones, figura la limpieza viaria de las calles, la recogida de residuos sólidos urbanos, el mantenimiento de los parques y jardines, la limpieza en 96 edificios públicos (incluidos los colegios, escuelas infantiles municipales y polideportivos), la gestión de los puntos limpios, el cuidado y encendido de las fuentes o el mantenimiento del nuevo servicio municipal de bicicletas BicinRivas, que desde su renovación en junio de 2025 acumula más de 600.000 viajes y más de un millón desde su existencia: la ciudadanía ha pedaleado en este tiempo el equivalente a 34 veces la vuelta al mundo. Sin Rivamadrid, la vida local griparía.

“Si piensas en Rivas, es imposible imaginarla sin Rivamadrid. Forma parte de nuestra identidad como ciudad y de nuestra forma de hacer las cosas: con un servicio público que, cada día, con su trabajo, hace que Rivas funcione”, detalla la alcaldesa, Aída Castillejo.

De los 224 trabajadoras y trabajadores que empezaron la andadura en 2001 a los 597 de hoy. De los dos millones de presupuesto anual de entonces a los 30,8 millones de 2026. De atender las necesidades de una localidad de 32.000 habitantes a las de 105.000 residentes actuales. Rivamadrid se ha hecho mayor al ritmo que crecía la ciudad.

Si algo prevalece en el discurso del personal municipal entrevistado para este reportaje es el valor de su carácter público: el beneficio social frente al lucro económico. “Cuando se privatizan los servicios públicos, lo que manda es el beneficio. Cuando se gestionan desde lo público, lo que importa es la gente. Rivamadrid es la demostración de que se pueden hacer las cosas de otra manera: con empleo digno, cuidando lo público y poniendo las necesidades ciudadanas en el centro”, describe la alcaldesa.

En 2001 se empezó con 224 trabajadores. Hoy son 597. El crecimiento de Rivamadrid acompaña al de la ciudad

El consejero delegado, Manu Castro, también concejal de Modernización e Innovación, coincide: “La empresa municipal es más eficiente porque su finalidad no es el beneficio, no es ganar dinero. El objetivo de una empresa privada no es limpiar las calles, sino ganar dinero con la limpieza de las calles”.

Daniel Rubio, ripense de toda la vida, lleva en la empresa casi dos décadas. Tiene 45 años y conduce una de las diez barredoras con las que se limpian las aceras de la ciudad. Es miércoles por la mañana. Vive en el barrio de La Luna y hoy acicala las calles en la otra punta del municipio, en el Casco Antiguo. Entra a trabajar a las 7.30. Según llega a la empresa, inspecciona el vehículo, supervisa que todo esté a punto y, a las 8.00, la barredora que pilota empieza a tragar las hojas y residuos que le acercan desde la acera dos operarios a pie con sus sopladoras. El equipo de barredora en limpieza viaria lo integran tres personas: conductor y dos peones.

Daniel Rubio, segundo en el concurso nacional de conductores de barredoras: “Es muy agradecido ver una calle limpia tras actuar en ella”. ÓSCAR ROMERO

“Me siento en la mejor etapa de mi vida laboral. Me encanta mi trabajo. La barredora exige prestar atención a muchas cosas. Y es muy agradecido ver una calle limpia cuando hemos actuado sobre ella. Y más si es una calle de tu ciudad, el barrio de toda tu vida”, explica Daniel.

HABILIDAD AL VOLANTE
Su habilidad al volante le ha convertido en el segundo mejor conductor de barredoras de España en 2025, en el concurso que organiza cada año la Asociación Nacional de Empresa Públicas de Medio Ambiente de España (Anepma). En 2024 quedó tercero, sumando su nombre al de Salvador Chica y Santiago González, primeros en 2019 y 2024 en camiones de basura (residuos sólidos urbanos: RSU).

Aunque el vehículo succionador puede alcanzar los 40 kilómetros por hora, el barrido no se considera eficaz a más de 10 km/h, aclara Daniel. La época más complicada es la otoñal e invernal de caída de hoja: “Es cuando más faena hay. En primavera, el polen da también mucha guerra. Y en verano, con las altas temperaturas, la labor se hace más fatigosa”.

En Rivamadrid hay 65 conductores. Unos tienen carné de primera (26): pueden manejar vehículos de gran tonelaje, como los camiones de la basura de carga lateral. Otros, de segunda (39): para el resto de vehículos, como la barredora que conduce Daniel. “La empresa que tenemos es una joya a nivel nacional. La gente que piensa que si fuera privada funcionaría mejor se equivoca. Ni por costes ni por prestación de servicios”, añade Daniel. En la memoria anual de la empresa se lee que la transferencia del presupuesto municipal por habitante es de 279,58 euros al año.

“Rivamadrid cuida lo público desde lo público. Es un elemento operativo fundamental del municipio”

A Daniel lo acompañan dos peones a pie con sopladora. Ese trabajo lo hace, por ejemplo, Carmen Torregrosa. Vecina desde 1995, lleva 20 años en Rivamadrid. Los tres primeros como barrendera: limpiaba las aceras llevando un carro con cubo y cepillo, entre otros utensilios. Pero, desde hace 17 temporadas, es sopladora. Esta mañana peina la zona de las calles de Pilar Miró y Pilar Bardem. Cuando acabe la jornada, su reloj digital marcará 22.000 pasos andados, unos 14 kilómetros de caminata. Según datos facilitados por Rivamadrid, cada día se limpian 206 kilómetros lineales de espacio público.

Carmen se asocia a la barredora que conduce Laura. “Lo que más soplamos es la hoja, se forman montañas en época de caída cuando los árboles se desmelenan”, relata gráficamente. “Comparada con otras ciudades, Rivas es una localidad bastante limpia. Siempre podemos mejorar. Y hay que apelar más al buen comportamiento cívico de la gente”, comenta. Entre los malos ejemplos siempre se mencionan los excrementos caninos. Se recuerda a sus dueños su responsabilidad en la recogida. Las colillas de los cigarros también provocan problemas (se recuerda al público lector fumador que las colillas no se tiran al suelo: ni en el salón de casa ni en la calle).

Carmen Torregrosa, en limpieza viaria :“Lo que más soplamos es la hoja, se forman montañas cuando los árboles se desmelenan”. ÓSCAR ROMERO

Papeles, latas y envases también acaban durmiendo injustamente en las aceras en lugar de papeleras, repasa Carmen. Y otro clásico, cada vez más esporádico, pero que reaparece inoportunamente: “La bolsa de la basura de casa se tira en los contenedor de la basura, ni se deposita en las papeleras de la calle ni se abandonada entre dos coches”.

EDIFICIOS Y COLEGIOS
“No es más limpio quien más limpia, sino quien menos ensucia”, corrobora María Gracia Fernández, exlimpiadora de edificios públicos y hoy jubilada con 67 años. Con 38 años de residencia en Rivas, trabajó 14 temporadas en la empresa: “Empecé en limpieza viaria. Y luego pasé a limpieza en edificios. He limpiado en casi todos los que tiene encomendados Rivamadrid”. La estancia más duradera: cinco años en el colegio Hans Christian Andersen. “Me encantaba mi trabajo. La actividad, el trato con la población escolar. Ni me quería jubilar”.

Rivamadrid asea 96 edificios, incluidos los 16 colegios públicos y sus pabellones, las cinco escuelas infantiles de gestión municipal y los dos polideportivos municipales. Muchos metros cuadrados diarios. Se trata del sector con más personal, el 29% de la plantilla: 136 mujeres y 37 hombres (173).

“No es más limpio quien más limpia, sino quien menos ensucia. La bolsa de la basura no se tira en papeleras”

María también barrió y fregó el gimnasio del polideportivo municipal Cerro del Telégrafo donde ahora acude a diario para ejercitar la salud y mantenerse en forma. “Antes de empezar a utilizar los aparatos como usuaria, ya me los conocía de haberlos limpiado”, bromea.

Y desde el bienestar jubilar que ahora disfruta, ¿qué le viene a la cabeza cuando le dicen Rivamadrid? “Mi ciudad. El lugar donde vivo y he trabajado. La felicidad de haber estado cuidando de mi localidad. Cuando estoy en el parque con mis nietos aún me pongo a recoger papeles. Y me digo: ‘A ver, María, que ya no estás currando”.

En un parque, el de Bellavista, trabaja hoy Florencio Carril, jardinero de 55 años y de los más veteranos: empezó en 2004. Criado en Móstoles, lleva viviendo en Rivas desde los 25. Cuida las zonas verdes de una amplia área urbana en torno al auditorio Miguel Ríos. “Los viernes me reúno con el encargado y asignamos los trabajos de la semana. Llevo un equipo de 14 personas”. Personas casi siempre acompañadas de azadas, desbrozadoras, excavadoras, tractores, chafadoras, fumigadoras, tijeras de podar, motosierras, cortasetos… “Por maquinaria no nos aburrimos”, sonríe.

“Lo mejor de este trabajo es cuando ves, por ejemplo, una obra de jardinería acabada. La satisfacción cuando pasas por un parque sobre el que has actuado y dices: ‘Mira cómo ha quedado’. Y en mi caso, disfruto el privilegio de cuidar la ciudad en la que vivo”.

Como recuerda la alcaldesa, Aída Castillejo: “Cuidar la ciudad no es solo que esté limpia o verde. Es cuidar lo público, con servicios municipales fuertes. Y detrás de cada servicio, de cada calle limpia o de cada parque cuidado, hay trabajadores y trabajadoras de Rivamadrid que conocen la ciudad porque también la viven.”

Antes de esmerarse en una isla de biodiversidad vegetal en el parque Bellavista, Florencio Carril ha empleado la mañana en semillar y mantillar los alcorques de un tramo de la mediana de la avenida de José Hierro. Lo que siembra a mediados de marzo florecerá en abril y mayo. “La jardinería es muy variada. Entre lo que más me gusta, la poda. También crear una obra de jardinería donde antes no crecía nada. O cuando siegas una pradera y la dejas recortada y guapa”.

Florencio Carril trabaja en jardinería: “Quienes estamos en exteriores queremos calle. Hay cierta libertad que no te da un espacio cerrado”. ÓSCAR ROMERO

¿Lo más complicado? “La calle es dura, pero muy bonita. En invierno, algunas mañanas, disfrutamos de amaneceres espectaculares. Los atardeceres en Rivas también tienen su punto. Y siempre los olores, según las estaciones. Quien trabaja en oficina no los percibe”.

Sobre el desafío de las temperaturas, ya sea por frío o calor, advierte: “El cuerpo se acostumbra. Claro que cavar en verano con una azada a 35 grados cuesta, pero la calle no la cambio por un puesto de interior. Quienes estamos en exteriores queremos calle. Hay cierta libertad que no te da un espacio cerrado”. Entre sus parques favoritos, este de Bellavista donde se encuentra ahora: “Lo he visto crecer. Fui pionero en su cuidado con otros tres compañeros cuando se creó. De aquellos arbolitos y pequeños arbustos hemos pasado a esta maravilla verde. Hay parques de paso y otros para estar. Bellavista ya es un parque estancial, con sus 10 hectáreas”. Su apego por estos lugares le hace comportarse como un padre cuidador de zonas verdes: “A veces parezco un guardia civil echando la charla a quien no respeta los parques”.

MÁS ÁRBOLES QUE PERSONAS
Si el padrón dice que 105.000 personas habitan Rivas, el inventario municipal eleva a más de 121.000 el número de árboles, incluyendo los del parque forestal Mazalmadrit, esa Casa de Campo al borde de los acantilados. En esta ciudad viven más árboles que personas.

Rivas siempre ha prestado especial atención a su patrimonio verde. Desde que la localidad emergió a principios de los años 80, con apenas 600 residentes en el casco antiguo, los parques y jardines han florecido a la par que viviendas, colegios, instalaciones deportivas y comercios. Hoy, tras 40 años de desarrollo, casi el 18% del suelo urbanizado es zona verde: de los 19,3 km2 que ocupa la trama urbana, 3,38 km2 los acolcha un jardín o parque. Y ahí está Rivamadrid para prestarles atención.

Vivir en Rivas es vivir a 15 kilómetros de la Puerta del Sol. También es vivir a las puertas de cortados donde confluyen los ríos Jarama y Manzanares. Y vivir en una ciudad con 69 parques o grandes zonas verdes, según datos de la empresa municipal. Esa alfombra verde equivale a 338 campos de fútbol: 3,38 millones de m2 [y no se incluyen zonas ajardinadas públicas de menos de 1.000 m2 ni las de las mancomunidades (suelo privado de uso público)].

Por eso, jardinería es el segundo departamento que más personas emplea: 153 operarios (115 hombres y 38 mujeres). Solo lo supera limpieza de edificios (173).

MEMORIA VIVA
Toda esa masa laboral implica un trabajo administrativo importante. Lo de fuera funciona porque se engrasa lo de dentro. Y dentro, en el departamento administrativo, se emplea Inmaculada Navarro desde el mismo año que se fundó la empresa. “Entramos tres mujeres como administrativas. Al principio trabajábamos en el centro municipal de empresas, en tres despachos alquilados. Luego nos pasamos a las naves de la avenida de la Técnica”, rememora a sus 59 años, 33 de ellos empadronada en Rivas.

Inma es memoria viva de la empresa: “Con su creación en 2001 hubo que hacer mucho papeleo, como subrogación de los trabajadores de las empresas que se dedicaban a la limpieza, jardinería o la recogida de la basura”. De los 224 contratos iniciales, 165 fueron a trabajadores que ya realizaban estas labores en las entidades de iniciativa privada. “Fue una tarea ardua. Entonces costaba encontrar gente que quisiera trabajar en Rivamadrid. Hasta poníamos anuncios en las marquesinas de autobuses. Recuerdo al primer gerente diciendo: ‘¿Qué pasa, no hay desempleo en Rivas?’. Y mira ahora, convocamos una bolsa de empleo y se apuntan miles de personas”. “Lo público garantiza mejores condiciones y más estabilidad laboral”, asegura la gerente, Marta Valero.

El equipo administrativo es fundamental para el funcionamiento de la empresa. Aurora Bernal, Rafa Cadavid, Inmaculada Navarro (una de las tres primeras administrativas que tuvo la empresa en 2001) y Beatriz Álvaro, en las oficinas donde trabajan. ÓSCAR ROMERO

Hoy, 45 personas se ocupan de la parte administrativa (24 de ellas, mujeres). Y de los despachos alquilados de 2001 al edificio propio estrenado en 2009: un moderno complejo de oficinas, hangares e instalaciones que dignifican el concepto de lo público. Y donde aparcan los 133 vehículos de la empresa: desde los grandes camiones de recogida de basura hasta los camiones pluma, pasando por tractores, furgonetas, barredoras, grúas, retroexcavadoras, baldeadoras, camiones compactadores y ligeros, vehículos con trampilla o un motocarro.

La empresa cuenta, además, con taller propio, donde se realiza el mantenimiento y revisión no solo de todo su parque móvil: también el de los vehículos del Ayuntamiento y Policía Local. Cientos de motores.

La empresa limpia 96 edificios públicos, incluidos los colegios, polideportivos o escuelas infantiles municipales

El trabajo de Inma evidencia el valor del trabajo en cadena: “Todos somos importantes en una empresa de 600 trabajadores. Si no se funciona dentro, no se funciona afuera, en la calle. Aquí se gestionan los contratos, se tramitan las nóminas, se compra la maquinaria, los EPI… Todos dependemos de todos. Y somos la empresa de la ciudad. Nuestros dueños son las vecinas y vecinos”.

Cuando la pandemia encerró al mundo entero en sus casas y paralizó la vida, entre los trabajadores esenciales figuraba buena parte de la plantilla de Rivamadrid. La basura no se dejó de recoger. Ni las calles de limpiar. Cuando la borrasca Filomena amortajó con su manto blanco la ciudad, y todo parecía apocalíptico, entre los primeros equipos operativos municipales que salieron a despejar la vía pública estaban las cuadrillas de Rivamadrid.

“Somos el instrumento que tiene la ciudadanía para cuidar de su ciudad. Una empresa que es de las vecinas y vecinos. El componente humano es fundamental. Trabajamos con mucho nivel de exigencia en cada rincón de Rivas y es complejo mantener una ciudad limpia tan extensa como la nuestra. Leer en la última encuesta ciudadana que somos uno de los servicios públicos más conocidos y mejor valorados es muy gratificante para la plantilla y para la dirección de la empresa”, relata la gerente.

NECESIDAD Y EMERGENCIAS
“En momentos de necesidad y emergencias, como el covid o la pandemia”, revive el consejero delegado Manu Castro, “hemos visto cómo dependemos de lo público. Recuerdo en Filomena, por ejemplo, los dos o tres días que no pudimos recoger la basura cómo se acumuluban las bolsas en los recintos. Y las calles se abrieron también gracias al trabajo de la plantilla de Rivamadrid. La limpieza fue, aún más, un servicio esencial imprescindible. Ese valor de lo público es un seguro para la ciudadanía, que tiene la certeza de que la ciudad va a funcionar incluso en momentos muy duros o de catástrofe. Y en esos momentos la gente repara que las soluciones vienen desde lo público”.

María Gracia Fernández, exlimpiadora de Rivamadrid, hoy jubilada: “Me encantaba mi trabajo. Estuve cinco años en el colegio Hans C. Andersen. El trato con la población escolar me gustaba mucho”. M. F. TREJO

“Por eso tenemos el convencimiento de que no hay otra manera de ser. No hay nada mejor que ser un servicio público y no privatizado. Ese valor define a Rivamadrid mejor que ningún otro”, apostilla la gerente, Marta Valero.

“Además, los servicios públicos ayudan a igualarnos. La redistribución de la riqueza permite que no tengas que pagar por una serie de servicios que, si tuviéramos que pagarlos, la mayor parte de la población no podría hacer frente a esos costes. Cuidar lo público es cuidar lo de todas y todos”, subraya Manu Castro.

Rivas tiene 69 parques y grandes zonas verdes. Jardinería es el segundo departamento con más personal (153)

El reconocimiento externo le ha llegado a Rivamadrid a través de numerosos premios y distinciones estatales. A lo largo de los años ha renovado de forma ininterrumpida las normas ISO 9001 (Calidad), ISO 14001 (Medio Ambiente) e ISO 45001/OHSAS 18001 (Seguridad y Salud Laboral). Desde 2019 es distinguida en los Premios Pajaritas Azules que concede la asociación nacional Aspapel por el reciclaje y gestión de residuos: desde 2023 y hasta la actualidad con el máximo galardón, tres pajaritas.

En los Premios Buenas Prácticas Locales por el Clima de 2022, que convoca la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Rivas fue la única ciudad en conseguir dos primeros galardones: en categoría Economía Circular (por el Plan ‘Con R de Rivas’) y en Participación Ciudadana (por el proceso participativo para la Estrategia Municipal de Residuos).

PLAN DE IGUALDAD
La empresa cuenta desde el 8 de marzo de 2023 con un Plan de Igualdad. La plantilla, con una media de edad de 52 años, la integran mujeres en casi un 47%. Entre las medidas impulsadas figura la dotación económica para favorecer el acceso a la promoción de mujeres en posiciones donde no existe representación o están claramente subrepresentadas. A las trabajadoras conductoras de segunda se les abona la formación reglada para obtener el carné de primera (vehículos de gran tonelaje).

“También se facilita la promoción de jornadas a tiempo completo donde más afectación tiene en los servicios que desarrollan mujeres. O se incluyen, en los proceso selectivos, candidaturas de ambos sexos con especial énfasis en las ternas finalistas para aquellas del género subrepresentado”, explican desde Recursos Humanos.

Rivamadrid tiene un marcado carácter social. Por ejemplo, con el proyecto de compostaje comunitario: las familias depositan los restos orgánicos de casa en diez compostadoras públicas. Se genera así un compost que reutilizan en sus jardines. Otra parte lo emplea la empresa para nutrir los parques. “Esta iniciativa se realiza con un equipo de maestros compostadores de la Asociación de Padres y Amigos de Personas con Discapacidad en Rivas (Aspadir), contratados anualmente por la empresa municipal. Este equipo de maestros está formado por tres operarios y un tutor”, explica César López, técnico de residuos.

“Somos el instrumento que tiene la ciudadanía para cuidar de su ciudad. Una empresa de las vecinas y vecinos”

En 2025 se realizaron 14 vaciados de módulos de compostaje: 4.550 kg de compost. “Se gestionan más de 20 toneladas de biorresiduos procedentes solo de las más de 240 familias ripenses participantes”, prosigue López

En el caso del compostaje domiciliario, el municipio cuenta actualmente con 495 composteras activas repartidas en los hogares de la ciudad: “Para garantizar el correcto funcionamiento del sistema, se ofrece un servicio de asistencia técnica especializada que acompaña y asesora a la ciudadanía durante todo el proceso”. En este caso, el año pasado se gestionaron 98 toneladas de biorresiduos.

Integrantes de la asociación de personas con discapacidad Aspadir atienden la compostadora comunitaria del Casco Antiguo. ÓSCAR ROMERO

La empresa también aporta propuestas al Programa de Apoyo Municipal a Centros Educativos (PAMCE). Y así la educación ambiental llega a las aulas. Este curso han ofrecido seis talleres que sensibilizan al alumnado. De los 18 colegios susceptibles de acoger este programa (los 16 públicos, más la ciudad educativa municipal Hipatia y el centro de educación especial María Isabel Zulueta), 16 se han sumado al programa formativo, del que se benefician 4.000 estudiantes. Eso supone impartir 190 sesiones de clase en clase.

LOS RESIDUOS
Y si hay algo que generan las ciudades, en España y en Japón, son residuos. Rivas, cuya población presenta uno de los mejores índices de reciclaje del país, produce 41.342 toneladas al año. La fracción más numerosa es la de resto: 23.000 toneladas, incluyendo hogares, comercios e industrias. De los contenedores amarillos, los camiones de Rivamadrid retiran 2.487 toneladas. Le sigue, por cantidad, el papel y cartón (2.439 toneladas). El vidrio se queda en 1.318 toneladas.

Los restos vegetales (parques y jardines y lo que la ciudadanía lleva a los dos puntos limpios), 1.809 toneladas. La basura orgánica, 861 toneladas (118 de ellas a través del compostaje doméstico y comunitario que genera compost reutilizable).

El 47% de la plantilla son mujeres. Los premios y distinciones a la empresa se suceden a lo largo de los años

Todo, además, con una tasa de basuras implantada desde 2004 y que se sitúa por debajo de la media regional, en gran medida gracias a la apuesta por lo público y por Rivamadrid.

ABRE Y CIERRA LA CIUDAD
Rivamadrid alcanza así sus primeras 25 primaveras. “Celebrar estos 25 años es reconocer el trabajo de toda una plantilla que sostiene la ciudad cada día. Pero también es reafirmar algo importante: que lo público funciona cuando se pone al servicio de la gente. Por eso vamos a seguir siendo exigentes y defendiendo Rivamadrid como una pieza clave del modelo de ciudad que somos y queremos seguir siendo”, sostiene la alcaldesa, Aída Castillejo.

El consejero delegado, Manu Castro, recuerda que Rivamadrid trabaja 363 días al año, todos menos el 25 de diciembre y 1 de enero: “Es quien abre y cierra la ciudad. Con turnos de mañana, tarde y noche. Esta localidad no funcionaría correctamente si no fuera por el trabajo de toda esta plantilla”.

Como concluye la gerente, Marta Valero: “Somos el instrumento fundamental que tiene la ciudadanía para cuidar de su ciudad”. 25 años celebrando lo público.

 

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25 años de historia: hitos principales

2001. Se crea la empresa municipal el 5 de abril. Se reagrupa en una entidad pública dee servicios que hasta entonces prestaba el sector privado.

2003. Consolidación de Rivamadrid como empresa pública de servicios: recogida de basuras, limpieza viaria, mantenimiento de zonas verdes, limpieza de edificios, dependencias municipales, polideportivos y mancomunidades.

2004. Negociación y firma del primer convenio colectivo.

2007. Se obtienen la ISO 9000 y la Medio Ambiental 14000.

2008. Se asume la gestión de los puntos limpios. En ese primer año ya se hicieron 24.125 usos.

2009. Inauguración de la nueva sede en la calle de Mariano Fortuny, 2. También se pone en marcha del Servicio de Primera Intervención para combatir incendios en fases iniciales. Nuevos certificados de calidad en normas europeas ISO.

2010. Certificado europeo de calidad en materia de prevención de riesgos laborales OHSAS 18001. Remunicipalización de la recogida de papel y cartón en calle.

2011. Asume el mantenimiento de las fuentes ornamentales.
2012. Servicio de mantenimiento de bicicletas BicinRivas.

2013. Adhesión al Pacto Mundial de Naciones Unidas sobre responsabilidad social empresarial.

2014. Una encuesta de Indra sitúa a Rivas como una de las ciudades mejor valoradas por sus habitantes en materia de servicios de limpieza.

2015. Comienzan los talleres de jardinería en cinco coles públicos.

2017. Incorporación del servicio de grúa.

2019. Se da un impulso clave a la digitalización de los servicios para mejorar la eficacia e integración ciudadana, apoyándose en la app ‘Mejora tu ciudad’.

2020. Se inicia el Plan de Economía Circular y Residuos Cero ‘Con R de Rivas’.

2021. En junio inicia el proyecto piloto de recogida de orgánica, y tras cubrir las distintas fases, llegando en 2023 a todo el territorio municipal, la implantación del quinto contenedor culmina en abril de 2025.

2023. Rediseño total de las rutas de recogida y creación de un turno de noche,: más eficiencia del servicio y se reduce las emisiones de CO2 y el consumo de combustibles fósiles.

2025. Aspadir entrega Rivazú, la mascota de Rivamadrid, una jirafa de colores: “Simboliza nuestra alianza para construir un mundo más inclusivo, amable y sostenible”.

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