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Raúl Alelú-Paz, el científico de Rivas que lucha contra el virus

Su equipo de investigación trabaja en el desarrollo de un test de detección rápido y una terapia contra la COVID-19.

Raúl Alelú-Paz, el científico de Rivas que lucha contra el virus
El científico ripense Raúl Alelú-Paz. FOTO CEDIDA POR FUNDACIÓN CANIS MAJORIS

Texto: Álvaro Mogollo

El investigador madrileño Raúl Alelú-Paz, de 43 años, es una referencia en el ámbito científico. Vecino ripense desde los seis años, su currículum formativo es apabullante. Estudió psicología, tiene másters en cognición y trastornos, en anatomía y biología humana, en física teórica de sistemas complejos, doctorado en medicina y cirugía y formación en psiquiataría. Ha ejercido la psicología sanitaria, el psicoanálisis, terapia centrada en la persona y terapia electroconvulsiva.

Investiga en distintos proyectos de la Fundación Canis Majoris, que lleva en marcha nueve años y cuenta con un laboratorio de investigación biomédica. Allí trabajan en varios ámbitos como las terapias asistidas con animales, trastorno mental severo, autismo, atención a mujeres víctimas de violencia de género, esquizofrenia o cáncer.

Ahora también están inmersos en la lucha contra el coronavirus.

Los trabajos que llevan a cabo en el marco de la COVID-19 tienen dos vertientes: el desarrollo de un test de detección rápido para evaluar a potenciales pacientes a través de la saliva y una terapia contra la enfermedad.

El doctor Alelú-Paz explica así el segundo proceso: “Cuando el virus entra en el sistema inmune, este experimenta una tormenta de citoquinas, ya que al no saber a lo que se está enfrentando, libera muchas sustancias que son proinflamatorias para intentar controlarlo. Eso provoca una hiperinflamación pulmonar relacionada con el síndrome de insuficiencia respiratoria aguda, principal causa de muerte de las personas que sufren la enfermedad. Lo que queremos es evitar esa tormenta.”

A partir de un trabajo de investigación del instituto Karolinska en Suecia y de la doctora Nuria Monserrat en Barcelona, logran sintetizar la proteína de entrada a la célula del coronavirus, que se denomina así porque tiene unas espículas o espinas que se asemejan a una corona con unas terminaciones que hacen las veces de llaves. “Esas llaves del virus necesitan tener una cerradura en la célula para abrirla y poder hacer millones de copias de sí mismo, matar a la célula y seguir infectando”, desarrolla. En el laboratorio han creado una proteína que es exactamente igual que ese receptor para saturar todas las espículas del virus, de manera que es imposible entrar en la célula porque “ya tiene algo puesto”. El problema es que no se sabe cuánto dura esa unión.

“Para que el sistema inmune no genere a la desesperada esa lluvia de citoquinas, vamos a coger esos receptores que ya se han hecho en el laboratorio y le vamos a añadir algo que el sistema inmune ya conoce, la hemaglutinina, una proteína del virus de la gripe. De manera que, si conseguimos combinar ambos elementos con ingeniería genética y se unen al virus, el sistema lo reconocerá porque todos hemos pasado la gripe y lo acabaría destruyendo porque creería que se trata de esa enfermedad sin saber que en realidad es el coronavirus”, asevera.

EL CUERPO APRENDE DEL VIRUS
Además, el sistema inmunitario aprendería del virus para volver a atacarlo: “Una vez que lo destruye, lo parte en pequeñas partes y se lo presenta a su propio sistema para conocerlo mejor. Es una manera de presentarle al organismo la COVID-19”.

Investigar en estas circunstancias es un reto, ya que se enfrentan a la frontera del conocimiento, es decir, proyectos que nunca nadie ha realizado antes. Aunque no sienten presión: “No acarrea carga psicológica porque estamos acostumbrados a ello”. No solo lo hacen con el coronavirus, en el ámbito del trastorno obsesivo compulsivo reprograman células de la piel, convirtiéndolas en células madre y posteriormente en neuronas. Y en el proyecto de cáncer, utilizan células madre para preparar el organismo y saber así de antemano dónde se van a producir las metástasis.

La investigación científica es clave en la Fundación, pero no pierden de vista el coste psicosocial que acarreará la COVID-19: “La crisis económica derivada va a poner en riesgo a muchas familias. Actualmente trabajamos con muchos niños y niñas que están en esta situación y creemos que se va a incrementar el número. Nos preocupa”. Cuentan con varios proyectos al respecto, como el programa de danza que coordina el bailarín Nacho Duato y que financian mecenas de Norteamérica.

“Es nuestra responsabilidad intentar aportar una cura a esta enfermedad porque si no lo hacemos, no habrá hospitales, respiradores o aplausos suficientes para poder salir de esto. Es nuestro deber curar las enfermedades y darles a los equipos médicos esta herramienta para que la utilicen”, comenta.

INVESTIGAR CON POCOS RECURSOS
¿Se puede investigar en España con escasos recursos? “Es difícil porque no hay financiación. Nosotros somos privilegiados porque la tenemos a través de mecenas que inyectan fondos para la investigación, pero no es sencillo”, contesta.

Además, el científico ripense se muestra crítico con el confinamiento que fue impuesto también para el personal científico, ya que a su juicio debían haber estado trabajando en el laboratorio y prestando ese servicio a la sociedad.

Hace falta más inversión en ciencia, pero no es lo único que debe cambiar en el ámbito de la investigación: “Invertir es necesario, pero hay que cambiar el sistema de ciencia, algo que desde la Fundación llevamos mucho tiempo reclamando. No puede ser que muchas publicaciones científicas contengan datos incorrectos por el hecho de que obtienes dinero si publicas en revistas internacionales. Por lo tanto, tienen que publicar sí o sí para ingresar y te encuentras gente que lo ha hecho en cantidad, pero sin generar conocimiento”.

Alelú-Paz expone más desigualdades que le pesan: “El papel de la mujer en la ciencia está completamente laminado. El techo de cristal es muy manifiesto en este sector, no tienen oportunidad de dirigir sus propios equipos de investigación. También hay que promover el desarrollo de jóvenes profesionales, acabando así con la endogamia”. “Las personas que investigamos tenemos que ser responsables, cambiar nuestra forma de trabajar y crear una universidad adaptada al siglo XXI y unos centros de investigación acordes. No sé si se invertirá con el panorama económico que tenemos ahora, pero debería servir como periodo de reflexión de lo que debemos hacer”, expone de forma crítica.

RIVAS, SU CASA
“He tenido la oportunidad de trabajar y vivir en distintos puntos del mundo, incluso en grandes ciudades como Nueva York, pero Rivas es un pueblo en su mejor acepción. Conoces a la gente, hablas con tus vecinas y vecinos y tienes acceso a todo”, comenta con cariño.

También destaca las facilidades para acceder a la cultura y el deporte, algo que considera importante. “Cuando me independicé, nunca valoré vivir en otro sitio que no fuese Rivas. Allá donde voy, siempre digo que soy de un pueblo de Madrid al que invito a venir y del que no quiero irme. Es mi hogar, el sitio en el que siempre he querido vivir”, concluye.

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