Texto: José Luis Corretjé.
Llegó a Rivas en 1982, a Pablo Iglesias. «Vine cuando sólo hacía una semana desde que habían dado el agua», recuerda divertido, seguramente imaginando la cara que se les quedaría a quienes conocen la ciudad del siglo XXI, si contemplaran aquel paisaje de ‘far west’ que mostraba la Rivas Vaciamadrid de principios de los 80.
«Entonces había un sentimiento apasionado por hacer comunidad, una gran solidaridad entre los vecinos. Había que llenar aquel vacío que nos rodeaba con fiestas o con lo que fuera», rememora. En aquella etapa de su vida, Torres trabajaba como guionista en un programa de cine (‘Producción española’), de TVE, una labor que le absorbía la mayor parte de su tiempo.
«A casa yo llegaba a dormir. Todo estaba en cajas, no tenía muebles y nos faltaba un montón de comodidades. No tenía ni cocina», dice. Su afición al teatro nació a la edad de 16 años, una época en la que vivía solo en Madrid. Al pasear un día junto al Teatro Español le llamó la atención una obra de Becket, dirigida por José Tamayo y protagonizada por Paco Rabal y Fernando Rey. «Luego me metí en el mundo del teatro hecho exprofeso para televisión y eso me llenó. Era un tiempo en el que había una calidad intelectual envidiable. Discutíamos con Pilar Miró, Josefa Molina o Marcial Suárez. Y para mí aquello era una delicia». Se pasó luego a la radio, a RNE.
Allí llegó a traducir y adaptar alguna obra de autores ilustres como Eça de Queiroz, ‘La tragedia de la calle de las flores’. Su último trabajo de adaptación para la radio sobrevino el 23 de febrero de 1981, coincidiendo con el golpe de estado de Tejero. La retirada profesional le alcanzó en 1995.
«Llevé muy mal la destrucción de una tele gloriosa», explica. Más tarde, Torres hizo colaboraciones con programas de televisión de cierta fama como ‘Paraísos cercanos», que ofrecía destinos turísticos de singular belleza.
UNA CIUDAD MUY VIVA
Activista cultural y social incansable, conoce la Casa de Andalucía de Rivas en 2003, cuando se hace socio fundador. «Esto era como un periódico al que había que llenar de contenido». Coincide ese momento con un tiempo en el que se encerraba en casa a escribir. «Quería hacer algo diferente y muy personal. En esa época de mi vida nace el libro que se publica ahora y que forma parte de una trilogía».
La primera novela de este autor, ‘El prodigio’, fue presentada en Rivas a finales del pasado mes de junio. «Me metí en la Casa de Andalucía porque tenía vocación de divulgar la cultura, no los tópicos. En realidad siempre fui muy reticente a mezclarme con los proyectos de casas regionales. En el caso de mi tierra, me interesa mucho más la Andalucía de hoy que la de los años 50, que es la que nutre el imaginario de postal turística. Esa tierra ensimismada de sí misma me interesa poco. Me ilusiona más la innovación y a la realidad social». Se queja de que hay quienes, en Rivas, tratan de empujar a este colectivo hacia lo fácil, la estampa más tópica que mezcla fino y faralaes.
«Aquí no se hace Feria de Abril, ni se reza a la virgen del Rocío. Para hacerlo hay otros colectivos como la hermandad rociera, a la que respeto mucho. En la Casa de Andalucía de Rivas (130 socios y socias) se puede disfrutar de un completo programa de actividades culturales y gastronómicas a lo largo de todo el año, que ya cuentan con una afición. Una de sus actividades estrella, los aparitivos flamencos (que se celebran algunos domingos por la mañana), ha servido para traer a Rivas a interesantes artistas del cante y del toque.
Aunque se reconoce en lo logrado en estos años, se refiere a una ruptura generacional para expresar cierto desencanto por el grado de desafección que muestra la gente más joven respecto a las propuestas artísticas de sus mayores. Paco Torres está orgulloso de la vida cultural y social de Rivas. «Esta ciudad deslumbra con su actividad cultural y social», señala.
Y pese a ese fulgor ripense, opta por un cierto pesimismo a la hora de lanzar una mirada sobre el presente. «Nos hemos convertido en espectadores de la vida, en vez de en protagonistas. Y esta forma de enfrentar el destino nos ha llevado a abandonar la cultura porque nos creemos dominadores del mundo y pensamos que todo lo demás ya no es necesario», concluye. La conversación vuelve siempre a Rivas. En este caso para expresar una cierta sorpresa acerca de «lo fácil y lo bien que se han integrado los nuevos residentes, pese a que el crecimiento de la ciudad ha sido vertiginoso», sobre todo debido a la gran cantidad de gente que se ha instalado en el municipio en muy poco tiempo.
«Quizás la armonía de la transición se debió a que aquí el crecimiento se ha hecho de forma planificada», sentencia.


