JUEVES 11 JUNIO / 19.00.
Monumento contra la LGTBIfobia. Av. José Hierro, 36.
Dotaron al barrio de un espacio seguro para la comunidad LGTBI antes incluso de hablar de estos espacios seguros. Casi incluso antes de la universalización de las siglas que visibilizan al colectivo que lucha por las libertades afectivo sexuales. Y antes, también, de la era de las redes sociales y los reels sobre cupcakes con café de especialidad. Ellas estaban ahí cuando Rivas Vaciamadrid despertaba en su vertiente oeste. Llegaron a Covibar, una zona aún sin servicios, y se sumaron a las luchas vecinales, como esas que cortaban la carretera de Valencia para pedir colegios. En ese ecosistema social plantaron su bandera simbólica. En su caso, con la cafetería Canela. Pero no lo tuvieron nada fácil.
Son Paqui Blanco Luna (Madrid, 1955) y Asun Sánchez Canela (Sevilla, 1950). Esta veterana pareja recibe el homenaje de las fiestas del Orgullo LGTBI Rivas 2026, el jueves 11 de junio, este año, bajo el lema ‘Orgullo y barrio. Orgullo de ser’.
Durante más de tres décadas regentaron la primera cafetería abierta en Covibar, brindando un lugar que respiraba una libertad real para todo el mundo, pero sobre todo era un sitio tranquilo. “No teníamos ni música ni televisión. Ahí se iba a relajarse o a charlar”, explican, ahora, desde el barrio de La Luna, donde viven. La entrevista que les hace ‘Rivas Cultural’, precisamente, discurre en el restaurante La Rotonda. La nostalgia les impide volver al lugar donde fueron felices.
Y en Canela lo fueron durante 32 años. Así empezó todo. Primero, con Asun. Esta sevillana del barrio de Triana siempre tuvo clara su identidad y sus gustos, aunque no encajaran con el estándar conservador de la época. “Me fui de Sevilla el 13 de septiembre de 1975, casi hasta te podría decir la hora. Salí corriendo”, señala enfatizando el deseo que sentía de libertad.
“Ya me había ido de casa para buscarme la vida como emigrante, en Suiza, donde trabajé tres años de pinche en cocinas. Pero tuve que volver a Sevilla porque mi madre se puso mala. Yo era la única chica de la familia y tuve que cuidarla”. Pero al año, Asun alzó el vuelo, esta vez, dirección a Madrid.
“No nos han regalado nada. La libertad que ahora tenemos la hemos peleado, y hay que seguir luchando”
La de Triana encontró empleo en un conocido hotel de la Castellana. Pronto se enroló en la lucha sindical. Tras 15 años de trabajo y activismo por los derechos laborales la echaron “por roja”. “Así me lo dijeron. Me pagaron la indemnización, 1.200.000 pesetas y, como ya conocía lo de la cooperativa de Covibar, me apunté y cogí también un local”, explica.
La cafetería abrió sus puertas en 1986. “Al principio pensaba abrir solo por las tarde, cuando los niños volvieran del colegio. Pero enseguida empezó a llegar gente a pedir desayunos, y me di cuenta que había que dar servicio todo el día”. Así, Canela echaba humo de 7.00 a 22.00. Incluso Asun se movió al local de al lado cuando su anterior dueño lo dejó, más grande. “Era un buen negocio. Fue creciendo y contraté a más personal”, concreta. Y una de esas primeras trabajadoras fue una vecina que desayunada allí cada mañana después de dejar a sus hijos en el colegio: Paqui.
Madrileña, “gata”, como se describe, Paqui nació en unas casitas bajas que había en la zona del Hospital 12 de Octubre, al sur del Manzanares. Allí vivió hasta que se casó. Tuvo dos hijos, y llegó con su familia a Covibar cuando estos tenían 4 y 8 años. “Me levantaba a las cinco de la mañana para limpiar portales, y volvía para llevar a mis hijos al colegio. Iban al Olivar”, rememora Paqui. Un día, Asun le ofreció trabajar en Canela.
REFERENTES EN EL BARRIO, SIN SABERLO
“Ella tenía su pareja, con la que me llevaba muy bien. Junto a mi marido, salíamos los cuatro mucho a cenar. Éramos como una familia”, abunda. La complicidad se extendía a la clientela, con la que se mantenían prácticas habituales hace años, como el fiar. “Venía cada día un chiquillo por el pan y luego la madre se pasaba a final de la semana a pagarlo”, ejemplifica Asun.
Sobre si consideran que generaron referencias en el colectivo, dudan al principio pero creen que sí. “Recuerdo a una pareja, Jimmy y José. También venía Bernabé [Fernández, actor], que recibió el homenaje el año pasado. O una chica a la que decíamos que se echara novia y, una vez jubiladas, nos encontró un día por la calle y nos dijo que ya les había dicho a sus padres que era lesbiana”.
“Nosotras también hemos hecho Rivas, siempre en lucha, y ahí seguimos”
Con todo, abrirse camino ya como pareja, cuando se enamoraron, pocos años después de trabajar juntas, fue complicado. Paqui cuenta que sus vecinos la dejaron de hablar. Perdieron clientela. Con los años, las amistades y clientela que sí siguieron a su lado les fueron expresando lo que la gente rumoreaba de ellas. “Nos decían, ‘lo que habéis tenido que pasar’, pero nosotras en el momento no lo supimos”, explica Paqui.
En su trayectoria juntas han superado episodios tristes, enfermedades y pérdidas insuperables. Hasta que un día hace 15 años sellaron su destino. Se casaron el 11 de octubre de 2011. “Decidí pedirle permiso al amor de mi vida”, dice Asun mirando con ternura a Paqui. Hasta entonces no vivían juntas. “Hacíamos vida de pareja cuando cerrábamos la cafetería, unas pocas horas”, aclara Paqui. Encontraron su primer “nidito de amor” en Arganda, primero, y en Velilla, después.
Aunque su día transcurría en Rivas, necesitaban alejarse de las habladurías en su tiempo libre. En 2019, ya cansadas y habiendo rebasado la edad de jubilación, decidieron traspasar Canela y cerrar una etapa de su vida. Cuando la gente del barrio se enteró, les llevaron flores y tarjetas con mensajes de agradecimiento. “Nos decían que habíamos sido un icono. Al final, nosotras también hemos hecho Rivas, siempre en lucha, y ahí seguimos”, resume Asun.
Ahora, acogen el homenaje que les rinde su ciudad con gratitud, y recuerdan la importancia de seguir defendiendo los derechos conquistados. “No nos han regalado nada. La libertad que ahora tenemos la hemos peleado, y hay que seguir luchando”, acuerdan.
Esto es un retazo de la historia de Paqui y Asun. Una vida que condensa lucha y resistencia pero también alegría y una comunidad que arropa a estas dos vecinas que ya son orgullo de barrio, orgullo de ser.


