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Feminismos de barrio: una lucha desde lo local

Con motivo de la celebración de Marzo Mujeres, recuperamos los testimonios de cuatro protagonistas que han hecho de la ciudad un lugar mejor.

Feminismos de barrio: una lucha desde lo local

La lucha diaria de muchas mujeres en diferentes sectores de la vida ripense ha permitido a la ciudad dar pasos hacia una sociedad más justa e igualitaria. Ese trabajo, muchas veces silencioso y anónimo, ha permitido conquistar derechos que, sin duda, les pertenecían desde un primer momento, pero de los que lamentablemente no siempre pudieron hacer uso. Con el paso de las décadas, mujeres como Ascensión, Petra, Begoña y Carmen, protagonistas de este reportaje, han peleado de forma activa desde el asociacionismo, la militancia de barrio o sus trabajos, remunerados o no.

Son solo cuatro ejemplos de feminismo cotidiano que sirven para extraer una pequeña muestra y conocer sus aportaciones a lo largo de los años. Vinculadas a diversos ámbitos como la industria, la cultura o la educación, cuentan su trayectoria en la lucha y cómo han contribuido a hacer de Rivas un lugar mejor.

“NOS HEMOS ENCARGADO DE VISIBILIZAR EL PAPEL DE LA MUJER”

Una de las protagonistas de este reportaje, Begoña Salas García, recuerda los inicios del colectivo La Luna en los años 80, músculo vecinal en la urbanización Pablo Iglesias: “La idea del barrio Pablo Iglesias era traer el pueblo a la ciudad y que todo fuera una cooperativa. Que no hubiera tanta individualidad y compartir cosas comunes”. Ella era una de las encargadas de la gestión educativa y cultural en la entidad, y se hacía imprescindible crear grupos específicos de mujeres: “Tratábamos temas muy importantes en ese momento como el reparto de las tareas en el ámbito doméstico. Prácticamente todas las mujeres trabajaban fuera de casa y luego se tenían que dedicar al cuidado de la casa y la crianza”. Cree que habría sido positivo que los hombres también hubiesen creado más grupos de esta índole: “Seguramente habríamos avanzado más”.

Petra Morano Toribio llegó a Rivas en 1982, también a Pablo Iglesias: “Soy de las primeras personas que se vino a vivir aquí. Esto era una estepa, no había nada”, rememora. La implicación de las mujeres en la vida social y cultural era prolífica: “La primera directora de la Universidad Popular fue Isabel Miranda. De la Escuela Municipal de Música, Dora Calvo”, cuenta Petra, destacando el papel de la mujer en el desarrollo del municipio. Actualmente forma parte de la asociación Trece Rosas, donde desarrollan iniciativas que contribuyen a producir mejoras a todos los niveles.

Ascensión Palomeque vive en Rivas desde hace 39 años. Conoce bien el rol desempeñado por las agrupaciones feministas: “La mayoría realiza un trabajo que la gente ignora. Se desconocen muchas de sus iniciativas. En Rivas hay asociaciones de mujeres y colectivos feministas que hacen una gran labor en cuestiones muy distintas: por ejemplo, con las mujeres que sufren violencia machista, con la comunidad gitana o musulmana o con todo lo que está pasando ahora en la Cañada”.
Otra referencia del feminismo ripense es Carmen Triviño Morales, que hace repaso a su trayectoria: “Llevo luchando desde el 69, cuando trabajaba en una fábrica de textil en la que la mayoría éramos mujeres. Luchamos mucho durante el franquismo y ahí hubo un ascenso muy importante de nuestra concienciación”. Incluso la encarcelaron durante la dictadura por ser afiliada del sindicato Comisiones Obreras.

Carmen fue integrante de la asociación Clara Campoamor, que desempeñaba una labor muy importante con las mujeres que sufrían violencia machista, además de convertirse en una plataforma de lucha por causas justas: “Una de las mejores cosas que me ha pasado en Rivas ha sido haber conocido y trabajado con mis compañeras de la Clara Campoamor. Luchamos por las mujeres, por la situación de la incineradora y por otras muchas cosas”.

EL MACHISMO EN LA LUCHA: QUIÉN ME HACE LA COMIDA

El machismo cala en cualquier sector e ideología política, como describe Begoña con una anécdota de la huelga general de 1983: “Estábamos en pura transformación democrática del país y nos reuníamos diferentes grupos sociales del momento para ponernos de acuerdo en cómo organizarnos. Al ser una huelga general, dije que las mujeres trabajadoras domésticas no asalariadas también tenían que parar ese día. Pues varios hombres del grupo antimilitarista y de partidos progresistas se levantaron indignados diciendo que cómo iban a despertarse ellos temprano para cortar la carretera de Valencia, algo en lo que participábamos nosotras también, y a la vuelta no iban a tener la comida hecha”.

Coordinaban un proceso de sensibilización y concienciación en una época que podría considerarse el despertar del feminismo: “Desarrollamos una revolución social, pero al mismo tiempo una revolución feminista, que en muchos casos no iban de la mano y era algo muy necesario”. Begoña lo explica con un ejemplo muy gráfico: “Estuve en 1983 en la antigua Unión Soviética, y el machismo era imperante en los parlamentos rusos. Visitamos una alcaldía y todos eran hombres. Yo pregunté cómo era posible que no hubiese ninguna mujer en un cargo de responsabilidad. Y  me contestó un hombre muy enfadado diciendo que yo odiaba a las mujeres. Porque allí todas tenían dos trabajos: uno era fuera de casa y el otro cuidar del hogar y de los hijos y las hijas. Y si se metiesen en política o en puestos de responsabilidad, entonces tendrían tres”.

MUCHO LOGRADO, MUCHO POR CONSEGUIR

Petra considera que se han dado pasos importantes en las últimas décadas, pero aún queda mucho trabajo por delante para lograr una igualdad real: “Yo trabajaba en una empresa que cerró en el 82 por la crisis y puedo decir que la lucha salarial ya era algo por lo que peleábamos. Reivindicábamos a través del comité de empresa un salario igual por desempeñar un mismo trabajo y eso es algo que, a día de hoy, aún no se ha conseguido realmente, aunque se haga ver que sí”.

Falta mucho por comprender sobre las luchas de las mujeres, estima Carmen: “Hemos avanzado, pero nos tiene que reconocer toda la sociedad. Yo soy de la clase trabajadora y tenemos una pensión bajísima, y además hemos tenido que dejar de trabajar para cuidar a nuestros hijos e hijas y nuestros padres y madres”. Reivindica una igualad real y efectiva: “No es una lucha contra los hombres. Tenemos que hacer que ellos luchen también por nuestra causa, por la igualdad, contra el machismo y el patriarcado. Y necesitamos que lo hagan no por paternalismo, sino porque somos iguales”.

Ascensión valora los avances con el paso de los años, pero no hay que conformarse: “La cosa ha cambiado bastante, por suerte. La mujer hoy estudia, trabaja, es más independiente y piensa por ella misma. Pero aún queda mucho camino por hacer.”

La pandemia ha golpeado a mucha gente, pero en el ámbito laboral Petra entiende que más directamente a las mujeres, mayoritarias en los sectores más precarizados: “Hay mujeres que trabajan limpiando y no tienen contrato: en los peores momentos no han dispuesto de ayudas. Pasa también con las personas que trabajan en la hostelería con contratos de menos horas. Es algo que también sufren los hombres, pero las mujeres de manera más acuciante porque tienen peores condiciones y encima sobre muchas recae el trabajo de casa”.

Es una reflexión compartida por Carmen: “Viendo los datos del paro, el desempleo ha subido muchísimo más para las mujeres. El trabajo precario es mayoritariamente para nosotras, y socialmente se nos trata de forma inferior. Las mujeres de la clase trabajadora tenemos que reclamar nuestros derechos”.

UNA LUCHA DIARIA
Ascensión es madre de Clara, con diversidad funcional y un 95% de dependencia: “Mi hija depende de mí desde que se levanta: para el aseo, el desayuno, acompañarla a su centro, a terapia, darle de comer, etc. Ese es mi trabajo día a día. Aunque afortunadamente yo cuento con ayuda de los míos en casa”. Ha visto la evolución de la ciudad con el paso de las décadas: “La ciudad no tiene nada que ver con lo que era antes. Ha evolucionado mucho a nivel social, cultural y de infraestructuras”. También para la atención de su hija: “Antes teníamos que ir en coche a Madrid porque todo había que hacerlo allí. Ahora tiene aquí su centro de educación, acude al CERPA, tiene en Rivas el centro de fisioterapia o incluso puede hacer deporte. Ha cambiado mucho”. También en accesibilidad de las infraestructuras, cuestión indispensable para personas con movilidad reducida: “A la hora de salir a la calle con una silla de ruedas es muy importante. Aunque aún queda mucho por conseguir”.

“En Rivas he luchado y aprendido mucho con mis compañeras. Las mujeres tenemos un papel muy importante, pero sin los compañeros no lo podríamos conseguir. Aunque con algunos nos cuesta muchísimo que nos comprendan”, advierte Carmen. Y señala un ejemplo de antiguos casos en los que el lenguaje las excluía: “Las antiguas APA [asociaciones de padres de alumnado] ahora son AMPA [asociaciones de madres y padres de alumnado] porque las que más íbamos a defender los derechos de nuestros hijos e hijas éramos nosotras, por eso era necesario que se nos reconociese en esas siglas”.

A nivel cultural, Petra ha sido partícipe de la Casa de Andalucía: “Es una asociación puntera en cultura y nos hemos encargado de visibilizar el papel de la mujer en géneros como el flamenco, donde habitualmente han tenido mayor repercusión los hombres, pero donde indudablemente la mujer ha tenido un peso muy importante y hay que darle su lugar”.

“COMO DECIMOS LAS FEMINISTAS, NO NOS VAN A PARAR”
Carmen lo tiene claro: “Mientras esté lúcida, seguiré luchando. La lucha tiene que ser organizada, discutida y respetada. Ahora no voy tanto a las manifestaciones, pero confío en la juventud al ver cómo se movilizan en las concentraciones del 8 de marzo, aunque a veces se dan casos de machismo dentro de ese rango de edad. Por eso hay que seguir luchando”.

Para ella no valen las medias tintas: hay que ir a por los objetivos que se establezcan: “Porque la juventud está en condiciones precarias y se la valora muy poco. No quiero sonar derrotista, reconozco que ha habido avances, pero ahora mismo con la pandemia estamos en una situación de estancamiento”.

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