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Silvia Nanclares: “El deseo de ser madre es algo cambiante”

La autora del libro ‘¿Quién quiere ser madre?’ habla de maternidades en el ciclo de charlas telemáticas ‘Conectadas. Diálogos con feministas’.

Silvia Nanclares:
Silvia Nanclares (madrid, 1975), autora del libro '¿Quién quiere ser madre?'. Cecilia Barriga

Entrevista: Mireia Salazar

Escritora, editora y activista cultural. Silvia Nanclares (Madrid, 1975) es autora del libro ‘¿Quién quiere ser madre?’. En él habla sobre aspectos relacionados con la maternidad: los deseos y expectativas, las decisiones y renuncias que comportan la decisión. ¿Es un deseo propio o impuesto? Autora de otras obras como ‘Cuerpos en el tiempo’ o ‘Reproducción por división’, esta graduada en Ciencias Teatrales por la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) protagonizó la tercera entrevista de ‘Conectadas. Diálogos con feministas’, una iniciativa de charlas online ideada por la Concejalía de Feminismos y Diversidad durante el confinamiento.

¿Qué hay detrás del deseo de ser madre? ¿Hasta qué punto genuinamente deseamos nuestra maternidad?

Esa era una de las preguntas que me llevaron a escribir el libro. Yo estaba en pleno proceso de quedarme embarazada y como tuve muchas dificultades y recurrí a la reproducción asistida, se me fueron renovando las preguntas. Y cuanto más difícil es el camino, más te preguntas por qué quieres eso realmente. Llegó un punto que me preguntaba quién ha creado este deseo.

Si era algo propio o impuesto.

Ahí tuve que reconocer la parte de mandato de género, de programación social y de mi identidad como mujer, que tenía una parte muy refrendada y con mucha autoestima asociada a lo materno. Por un lado, es verdad que nos programan para eso, pero luego tuve que reconocer que en mí, particularmente, había un deseo muy profundo de querer ser madre. Hay mujeres que dicen que nunca han deseado ser madres o que a partir de una edad dijeron que no. Yo siempre digo que el deseo de ser madre es algo cambiante en la vida de una mujer y está cruzado con las circunstancias materiales de cada una.

Va según los momentos.

Yo, a los 17, lo podría desear muchísimo, pero de una manera completamente abstracta. Luego, a los 36, dices: ‘Pues es que ahora sí que quiero’. O al contrario: ‘Con esta precariedad, ni de coña’. Por ejemplo, en mi caso sabía que no quería tenerlo sola, aun pareciéndome una opción muy valiente y respetable. Había visto muchas crianzas de cerca y me parecía muy duro. Por mi forma de ser y por mi circunstancia laboral, yo me decía: ‘Es que yo no voy a poder sacar a una criatura adelante sola’. El deseo de ser madres no es una cosa que esté en el aire, es algo aterrizado, con tus circunstancias vitales, tu edad, tu momento afectivo, tus circunstancias económicas. Por eso es una cuestión compleja, porque está muy atravesada por otras cosas.

¿Continúa siendo tabú el tema de la infertilidad en nuestra sociedad?

Sigue siendo un tabú la salud reproductiva de las mujeres. Primero somos reducidas a cuerpo, por la cultura. Pero luego no somos atendidas ni siquiera como tal. Desde el tabú de la regla hasta la violencia obstétrica: es como una constante en nuestra vida. La vergüenza, el pudor, el miedo, la culpa, por supuesto, el aborto. La penalización social de nuestra vida sexual. Todo está sujeto también a esa mirada externa de lo que debemos ser por ser mujeres. En ese contexto de tabú general y de desconocimiento, está la infertilidad, que es un plus. Si el binomio mujer-madre sigue operando en nuestra identidad y no puedes ser madre, ¿ya no soy mujer? Es una serie de categorías culturales que nos atraviesan. Siempre digo que la sombra de Lorca es alargada, y con la idea de ‘Yerma’ no demonizaba a la mujer que no podía ser madre: lo que mostraba es que eso seguía siendo un estigma.

¿Echa de menos más debate sobre maternidad en el movimiento feminista?

Llevamos una época muy buena en la que este tema ha salido del armario, pero nos queda muchísimo camino. Es un asunto que, junto con la prostitución, la cuestión trans o la gestación subrogada, nos divide muchísimo. La maternidad desde el feminismo se ha arrinconado históricamente, sobre todo desde los años 70, algo lógico porque las conquistas de esa década llegaron precisamente por la posibilidad de no ser madres. Esa fue una conquista que transformó a la mujer en la sociedad: el uso de los anticonceptivos, la lucha por un aborto libre, seguro, gratuito… Ante algo que todavía no hemos conseguido, cómo vamos a atender otras cuestiones como es el deseo de la maternidad feminista: qué pasa si quiero ser madre siendo feminista.

Ahora se está abriendo la conversación.

Sí, pero queda mucho por hablar, por escribir, por escucharnos. Como decía Adrienne Rich en su fantástico libro ‘Nacemos de mujer’, la maternidad es la institución y la experiencia. ¿Cómo podemos desde la experiencia de cada una, que es totalmente específica, combatir la institución de la maternidad que es lo que nos está oprimiendo? Porque como nace de un sistema patriarcal, nos oprime. Entonces, cómo sería una maternidad feminista: esa es la pregunta. Aunque siempre ha habido feministas que lo han abordado, como Victoria Sau o Anna Freixas. El debate ha existido, pero de manera marginal.

¿Qué reflexiones podemos sacar de esta situación de pandemia en torno a la maternidad y la crianza?

Es un tema que me está golpeando en la cara, personal y socialmente, con la crisis de cuidados que estamos viviendo. Por un lado, los efectos de haber externalizado los cuidados de personas mayores, en manos de quién y cómo se está gestionando. Por otro, desde el punto de vista de la maternidad o el cuidado de las criaturas: ya estamos viendo cómo se está intentando solucionar la cuestión. Por ejemplo, la conciliación, con millones de comillas, tanto en el teletrabajo de las que nos quedamos en casa como las que están teniendo que salir fuera. No se están dando soluciones estructurales a un problema ante el que nuevamente las mujeres asumimos la carga. Es un trabajo invisibilizado, con cuidados de personas pequeñas, que además se ha cruzado con lo de las escuelas. Yo creo que está destapando la olla.

El confinamiento evidencia esas carencias.

Ahora muchas personas, con las clases online de los coles por ejemplo, no puede recurrir a nadie para que les ayude. Estamos ante una oportunidad de oro para decir que esto no funciona. Ahora vemos más claro que tantísimas mujeres no están siendo madres porque es imposible después cuidar. Creo que la crisis está reventando las costuras de lo que es la oposición entre trabajo productivo y reproductivo. Y como el reproductivo sujeta al productivo, se están reventando los tabiques. Pero, lamentablemente, no veo soluciones políticas.

Se habla más de otros temas.

Se habla más de fútbol o de las terrazas de los bares, con todos mis respetos a las personas que viven de la hostelería y que también tienen que vivir. Pero estamos obviando que hay ocho millones de personas que tienen que ser cuidadas y que quienes las cuidan son personas que también tienen que trabajar. Es surrealista cómo no se mira eso. No sé cómo vamos a salir de esta. Pienso en reducciones de jornadas, hacer el trabajo productivo supeditado al reproductivo, y no al revés. Es una oportunidad de oro, pero claro, díselo tú a la patronal. Estamos viendo que el mundo económico está por delante. Sobre eso hablan maravillosamente Silvia Federici o Amaia Pérez Orozco, del cuidado de la vida, de poner la vida en el centro. Pues ahora que la vida está en el centro, parece que nadie está queriendo mirar hacia ahí.

* Entrevista por videoconferencia transcrita por Álvaro Mogollo.

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