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Artes marciales que triunfan en el tatami ripense

Sin la popularidad aún del yudo, pero con un arraigo ascendente, más de 300 personas practican en Rivas las disciplinas coreanas de taekwondo y kuk sool won y la japonesa de jiu jitsu.

Artes marciales que triunfan en el tatami ripense

La bandera coreana del sur cuelga en la sala del tatami del club de taekwondo de Rivas. Una enseña que recuerda a quienes se ejercitan sobre la estera el lugar originario de este arte marcial. Menos populares que el yudo, en la localidad también se pueden practicar otras disciplinas asiáticas como el jiu jitsu, el kuk sool won o el mencionado taekwondo.

Estas tres modalidades acogen a una prole de más de 300 aficionados que cada semana se enfundan el quimono y se anudan el cinturón. Con edades comprendidas entre los tres y 65 años, se familiarizan con técnicas de defensa personal inculcadas bajo un sistema de valores donde gobiernan el respeto, el compañerismo y el trabajo en equipo.

KUK SOOL WON
Úrsula Espinosa, de 43 años, se foguea en kuk sool won desde 2019. Por culpa de su trabajo en un supermercado siempre padeció dolores de espalda. Hasta que pisó el tatami: “Desde que hago este deporte se me ha quitado todo”. Pero hay más: “Es el único momento del día en que no pienso en nada. Me da paz y tranquilidad. Vengo dos o tres días a la semana. Me ayuda física y mentalmente”.

Como el taekwondo, el kuk sool won también procede de Corea. Según se lee en los manuales, se erige en estudio de todos los sistemas de lucha tradicionales de la península coreana, aglutinando las tres ramas clásicas (SahDoh Mussol, BoolKyo MuSool y KoongJoong MuSool), que fueron organizadas en un único sistema en 1958 por In-Hyuk Suh, fundador y gran maestro de kuk sool won.

Es un jueves por la mañana y en la sala se adiestran una decena de personas. María Teresa Media Aguado, de 62 años y cinturón negro 5º DAN, es la directora del centro, ubicado en una nave de la calle de Severo Ochoa y que ya acoge a 70 personas. A diferencia de otras disciplinas, y como símbolo de identidad, el traje es negro, no blanco. Y la primera pregunta es casi obligada: ¿qué significa kuk sool won? “Kuk’ es ‘nacional’; ‘sool’ se puede traducir como ‘técnica marcial’, y ‘won’, ‘asociación’. O sea: agrupación de las principales artes marciales coreanas”.

A su lado, Luis José Galache García, su pareja y director de la sede que ambos tienen también en Madrid, fundada hace 25 años en la zona de Conde de Casal, profundiza: “Mientras que el taekwondo está reconocido como el deporte nacional en Corea, el kuk sool won es el arte marcial nacional, valorado por el Ministerio de Cultura como algo más que un deporte, un sistema de salud”, dice quien a sus 57 años ya se enfunda un cinturón 6º DAN y va camino del 7º. “Además del aprendizaje físico que supone este arte marcial, aporta un desarrollo mental y de crecimiento personal”, explica la pareja.

Jubilado ya, Carlos Vega Freire lleva tres temporadas practicando. A sus 63 años es el veterano de la escuela. Sale un momento del tatami, previo saludo clásico de respeto: “Buscaba algo que pudiera hacer a mi edad. Pasé por aquí, vi el cartel, pregunté, probé y comprobé que el kuk sool won esto era lo mío. Se adapta a cualquier edad. Desconectas y el ambiente es muy familiar”.

La directora del centro enumera virtudes: “Es un arte marcial muy completo. Tiene todo lo que puede tener el taekwondo, las patadas; hasta 400 técnicas de defensa personal; se practican armas a partir de un determinado nivel; se aprenden técnicas de captación de energía y de defensa personal, lo que en otros deportes se llaman katas”. La afición familiar por esta disciplina ha cuajado: su hija Amanda Fernández Medina fue campeona de Europa con 18 años.

TAEKWONDO
También procedente de Corea, donde ya se ha dicho que se considera deporte nacional, la escuela de taekwondo ripense alberga a 192 personas. Creada en 2018, y hoy configurada como club deportivo elemental, su sede también se ubica en una nave, en este caso en la calle de Joaquín Sorolla, 8.

Su director es José María Paloma González, que lo practica desde hace 30 años y hoy sopla 42 velas. Es 7º DAN, y cuando alcanzó ese grado fue el más joven del país en amarrárselo. Cuenta que este es un arte marcial que se sustenta en tres pilares: el deportivo, el técnico y el marcial. La faceta deportiva, el combate, es la más conocida, y España es una potencia internacional, con referentes como Coral Bistuer, campeona del mundo en 1997, o Adriana Cerezo, plata en Tokyo 2000. Es deporte olímpico oficial desde Sídney 2000, y lo fue de exhibición desde Seúl 1988.

“Pero aquí no solo nos centramos en el aspecto deportivo, sino en el desarrollo marcial de la persona de una manera integral. Vamos a la formación en valores. Más que un deporte de artes marciales, el taekwondo, tal como yo lo entiendo, es un arte marcial que ha desarrollado una faceta deportiva”, aclara José María un miércoles por la tarde, durante una clase infantil.

Tanto los responsables de la escuela de taekwondo como la de kuk sool won refieren la llegada de chavales que han padecido acoso escolar: “Cada peque es una historia. Algunos chicos y chicas han sufrido bullying y llegan sin motivación, sintiéndose mal. Aquí les muestras un camino para que vean lo bueno que hay en ellos, ganen autoestima y adquieran capacidad de respuesta y autocontrol”, explica el taekwondista, capaz de mantener un alumnado adulto fiel que le sigue desde sus orígenes docentes en Fuenlabrada, en 1999.

“Lo que más me apasiona es enseñar. Es muy bonito ver cómo algo que siembras da sus frutos y la gente siente tu misma felicidad al vivir este arte marcial”, explica. Y menciona con agradecimiento a las familias: “Cuando estuvimos confinados, y luego cerrada la sala por la pandemia, impartimos clases online. Y la gente siguió abonando las mensualidades para mantener a flote la escuela”.
Como en el resto de modalidades, el ejercicio físico es muy completo: “Desarrollamos resistencia, fuerza, elasticidad, agilidad y coordinación”.

JIU JITSU
A diferencia de sus predecesores en este reportaje, cuya creación oficial data de 1955 (taekwondo) y 1958 (kuk sool won), el jiu jitsu se remonta a la noche milenaria de los tiempos. No es coreano, sino japonés. Y se la conoce como la madre de las artes marciales. El yudo (institucionalizado en el siglo XIX), deriva del jiu jitsu, cuya traducción evoca pura poesía: ‘el arte de la suavidad’.

“Siempre debemos utilizar la fuerza del contrario en beneficio propio, haciendo la mínima fuerza posible en todos los aspectos: puñetazos, proyecciones, patadas o luxaciones”, explica Juan Guervós Cañaveras, de 59 años. Maestro nacional de 7º DAN, tutela el club desde su creación en 2013, tras permanecer como sección del Judo Club Rivas desde 1998. Bajo sus orientaciones se forman 56 personas. En una sala del polideportivo municipal Cerro del Telégrafo, se machacan una decena de alumnos un jueves por la mañana.

Ricardo Sánchez Hernández, medio siglo de vida ya y ripense desde hace 16 años, es policía municipal en Madrid y entrena dos días a la semana: “Yo hacía kárate en un club de Vallecas. Un día vino Juan a dar una clase de jiu jitsu, me animé y llevo 10 años aquí”. Asegura que este arte marcial exige mucho el uso de la mente: “Es como una partida de ajedrez, necesitas emplear una estrategia y desarrollar movilidad y coordinación. Yo lo vivo, más que como un deporte, como un arte que se estudia, un camino de vida”.

Beatriz Rubín Rodríguez, de 33 años, empezó en septiembre de 2021. Funcionaria, se ha bautizados en las artes marciales con el jiu jitsu: “Para mi trabajo tiene aplicación. Me apetecía hacer algo de deporte, una modalidad que me enganchara, y esta lo ha conseguido. Estoy mejorando mi condición física, los calentamientos son bastantes exigentes. Hay mucho compañerismo: los niveles más altos se preocupan de enseñar y acompañar a quienes empezamos. Y se trabaja mucho el respeto”. A su lado, Azucena Rodríguez, una cuarentena de vida en la mochila, acude desde finales de 2018: “El arte marcial es disciplina, compañerismo y trabajo propio. Y ejecutamos una gran variedad de registros”.

Llaves, patadas, puñetazos, proyecciones, luxaciones y trabajos con armas componen el catálogo de esta modalidad, que contempla tanto la distancia larga como la corta. A pesar del vocabulario precedente, el maestro Guervós precisa: “Llevo años sin ver una lesión grave en las clases y entrenamientos del club. Hay más posibilidades de lesionarse esquiando, por ejemplo, que sobre el tatami”.

Y es el tatami y su suavidad, con ese goce que produce al pie descalzo, el que une a las más de 300 personas que en Rivas practican estas artes marciales.

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Kárate y yudo: casi 400 personas en las escuelas municipales

Las artes marciales tienen su espacio en las escuelas municipales deportivas. Además del jiu jitsu, incluido en este reportaje, el yudo y el kárate son las otras dos modalidades del tatami incluidas en el catálogo de la oferta pública.

En kárate hay apuntadas 66 chicos y chicas, que reciben clase en el polideportivo Parque del Sureste y la ciudad educativa municipal Hipatia. En yudo se anudan el cinturón como alumnado 313 personas: 41 adultas y 272 niñas y niños. En este caso, las sesiones se imparten en los dos polideportivos municipales y en varios centros escolares.

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