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Valentín Pizarro: un árbitro de Primera en Rivas

Vecino ripense desde 2018, firma un debut soñado en Primera División: ha sido elegido por el diario ‘Marca’ mejor colegiado de la temporada 2019-2020.

Valentín Pizarro: un árbitro de Primera en Rivas
El árbitro Valentín Pizarro Gómez, que debutó en Primera División en 2019 y es vecino ripense desde 2018. PACO MARISCAL

Entrevista: Nacho Abad Andújar

Valentín Pizarro Gómez, vecino ripense desde 2018, debutó en agosto del año pasado como árbitro de Primera División del fútbol español. Elegido mejor colegiado de la temporada 2019-2020 por el diario ‘Marca’, que le ha concedido el Premio Guruceta, encara una nueva campaña. De maneras sencillas y verbo sosegado, hilvana a lo largo de la entrevista un discurso pedagógico sobre su oficio. La charla se celebra una mañana de agosto en uno de sus lugares de entrenamiento: el nuevo centro deportivo Supera La Luna.

Nacido en Ciudad Real en 1981, pero habitante del barrio madrileño de Moratalaz desde la infancia más temprana, se mudó a Rivas con su pareja hace dos inviernos. Cuando puede, coge la bici de montaña y pedalea por los cortados de Rivas. También le gusta el pádel, un día a la semana: “Me viene bien para evadirme. Y nadar. Me apunté a tiro con arco en Rivas: no continuo, pero hice el curso”. Con tanto viaje y noches de hotel, la lectura habita su vida: “Especialmente la temática thriller. Acabo de leer ‘El libro de los Baltimore’, de Joël Dicker. Ahora estoy con ‘Los pilares de la tierra’, de Ken Follet.  Como viajamos tanto, caen muchos libros y series con el iPad. En series, estoy con ‘Dark”.

De madre y padre funcionarios, confiesa que el arbitraje es su vida desde que soplara su primer silbato con 13 años. Tras licenciarse en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, y con el magisterio de educación física e inglés bajo el brazo, ha pisado la cima soñada: después de siete temporadas en Segunda B (2007-2014) y cinco en Segunda (2014-2019), se estrenó en la máxima categoría nacional el pasado curso con un partido que nunca olvidará: Mallorca-Real Sociedad.

¿Cómo recuerda su estreno en Primera?

La salida al campo en un debut no se olvida. Me acordé de mi familia y especialmente de mi padre, la persona que me ha acompañado durante toda mi vida deportiva. Mucha emoción y responsabilidad, porque hay mucho trabajo detrás y no regalan nada. Llegar a Primera me ha costado 24 años de carrera, 24 años desde que cogí por primera vez un silbato. Mucho esfuerzo y quitarte de muchas cosas. En el instituto, no salía los fines de semana porque tenía que arbitrar. Y para mí, ese partido era lo más importante de la semana. Los jugadores, aunque no fueran de Primera, Segunda o Segunda B, tenían todo el derecho a que el árbitro llegara en las mejores condiciones de descanso.

¿Qué cualidades debe tener un buen árbitro?

Primero, ser un buen deportista y cuidarse. Después, ser psicólogo, entender que tanto entrenadores como jugadores están realizando su trabajo. El arbitraje no solo es acertar. También es entender a las personas con las que se está arbitrando. Otra cualidad: tener un buen conocimiento del reglamento y saber interpretar qué demanda el partido en cada momento. Por último, un buen conocimiento del juego: estar en el terreno no solo es señalar las infracciones, también es saber cuándo pitar y cuándo no diferentes acciones.

Defínase como colegiado.

Soy una persona tranquila, dialogante, que tiene empatía por los jugadores y la gente que comparte terreno de juego. Una persona que lo da todo en cada partido y entrenamiento. El arbitraje es mi vida. Una profesión que empezó siendo un hobby y que a lo largo del tiempo es mi forma de vivir. Quien hace de su afición su trabajo consigue buenos resultados y vive dicha profesión de una manera muy especial.

¿Lo más difícil de arbitrar en Primera?

El foco mediático que se genera. Lo primero que quieres hacer es arbitrar, y arbitrar bien. Tomar las decisiones correctas. Pero, en ocasiones, no es así. El árbitro que piense que no va a errar está cometiendo el primer error. Lo más difícil es cuando el foco mediático es negativo y esa presión influye negativamente en nosotros.

¿Se duerme bien después de un partido que sale mal?

No. Recuerdo algún partido que he estado dos noches sin dormir, dando vueltas a una jugada: por qué no habré acertado, por qué no he señalado esto. No es fácil. Con el VAR se minimizan los errores graves, claros y manifiestos. Pero no se duerme bien cuando eres consciente de que has perjudicado a un equipo. No es una situación agradable.

¿Cuál es el escudo para protegerse de la crítica?

Aceptar que, dentro de nuestro trabajo, el error es un ítem que tenemos. Cuando aceptas que te vas a equivocar, eres capaz de interiorizar mejor ese tipo de situaciones. Cualquier árbitro se va a equivocar en todos los partidos de su vida. En todos. La diferencia es que en un partido me equivocaré en un fuera de juego con gol o un penalti y en otro en un saque de banda. No tiene la misma incidencia. El árbitro que piense que no se va a equivocar ya está cometiendo la primera equivocación.
¿Lo más bonito y lo más desagradable del arbitraje? Lo mejor, que estás realizando un deporte y actividad que te apasiona, en contacto con lo que más nos gusta: el fútbol. Lo peor, los insultos, las faltas de respeto, el desprestigio, cuando se nos descalifica.

Su mejor y su peor experiencia.

Mi mejor experiencia, el debut en Primera [Mallorca-Real Sociedad, agosto de 2019]. Lo peor sucedió en Regional, con 17 años, en un campo donde desde el minuto diez ya hubo insultos y tuve que estar expulsando jugadores. En el descanso suspendí el partido, estaba en peligro mi integridad física. Le hice un gesto en clave a mi padre y llamó a la guardia civil. Mientras arbitraba, recuerdo mirar las instalaciones para ver por dónde podía salir corriendo en caso de que vinieran a por mí. No es lo mismo el fútbol de hace 20 años que el de ahora, dentro de que aún no hay una conciencia social respetuosa hacia el arbitraje. Casa semana se producen altercados y agresiones en la Comunidad de Madrid. No es algo erradicado.

Un mensaje para los padres y madres que increpan desde la grada en un partido de sus hijos e hijas.

A esas familias que en ocasiones insultan o degradan la labor del arbitraje les diría que sus hijos e hijas en categorías inferiores están aprendiendo un deporte, mejorando día a día, con cada partido y entrenamiento. Y que no podemos olvidar que los árbitros también están mejorando, entrenando, practicando y tienen, como los jugadores, la ilusión de llegar a las categorías más altas.

¿Qué les pediría a quienes insultan o se jactan de los árbitros?

Que piensen que son sus hijos los que están realizando esa actividad, que los árbitros también tienen que mejorar y tienen derecho a equivocarse. Si una persona no se equivoca, no aprende.

¿Por qué hay tan violencia en el fútbol, no se puede vivir este deporte con menos hostilidad?

No lo sé. Por lo que he vivido, el fútbol es un mecanismo de liberación psicológica. Donde todo está permitido. Yo insulto a un árbitro y no pasa nada. Es lo normal. Cuando empezaba a arbitrar, en la época del instituto y la universidad, la primera pregunta que me hacían cuando decía que era árbitro era: ‘¿Y no te pegan, no te insultan?’. Se daba por hecho que ser árbitro va ligado al insulto o la agresión. Me gustaría que la gente entendiera que especialmente en los inicios, en el fútbol de formación, tanto el árbitro como entrenadores y jugadores se están formando.

Y un mensaje para la juventud que quiera dedicarse al arbitraje.

El arbitraje es mi vida. Me ha dado muchas de las mejores cosas que tengo. Me gustaría que los jóvenes pudieran, al menos, intentar ser árbitros. Esta profesión implica hacer deporte, disfrutar de los campos de fútbol, estar en contacto con la naturaleza por los entrenamientos y conocer a gente maja y sana. Si yo he llegado hasta aquí, cualquiera puede. Si les gusta el arbitraje, que lo intenten.

¿Cuándo supo que quería ser árbitro?

Empecé con 13 años, de manera casual. Estaba jugando al fútbol en la calle, a las diez y media de una noche de verano. Mi padre me dice que a dormir. Yo le pido diez minutitos más. Y me dijo: ‘Te dejo diez minutos, pero mañana vamos a la prueba del curso de árbitro. Te intento apuntar’. Le respondí que sí, lo probé y me enganchó desde el primer día.

¿El primer partido?

Horroroso. El problema de los padres como público. Yo tenía 13 años y pitaba a chicos de 11-12. Fue complicado. Pero solo ese. A partir del segundo encuentro y la siguiente semana, interioricé todo, visualicé y me di cuenta de que era una actividad que me llenaba y quería seguir practicando.

El campo que más aprieta en Primera.

En Primera, la mayoría de los campos tienen una presión ambiental importante. No he sentido una presión fuerte hacia mí en ninguno, pero en estadios como el del Sevilla o el de Osasuna ese empuje es fuerte y bueno, tanto para los jugadores como para los árbitros, que lo vivimos con gran intensidad.

¿Hay algún campo relajado?

En fútbol profesional, tanto en Primera como en Segunda, no hay campos tranquilos. En una décima de segundo, una balsa de estadio se convierte en un infierno. Pero cuando llegas a esas categorías lo has hecho progresivamente, transitando de una división a otra: te vas a acostumbrando a la intensidad de la grada.

¿Es de lo que les gusta hablar con los jugadores?

En cuanto a vida privada, no tengo relación cercana con los jugadores. Soy de la opinión de que un árbitro no va a un terreno de juego a hacer amigos, sino a realizar una actividad profesional, a ser un juez. Pero sí soy dialogante. Si un jugador te pide una explicación de una manera educada y correcta no entiendo por qué no se puede dar. Si no en ese momento, porque no cuadra, a posteriori, en el descanso o al finalizar el partido. Jugadores, entrenadores, preparadores físicos y árbitros estamos en el mismo barco.

¿Son muy puñeteros los jugadores de la Liga española?

El jugador, antes de empezar el partido y al finalizarlo, es gente muy maja. Una vez que entramos en el terreno de juego, la cosa cambia. Ellos intentan hacer su trabajo y yo el mío. Si para eso tenemos que enfadarnos, sacar un poco de vehemencia, se hace. No son puñeteros. Son jugadores que intentan conseguir el mayor beneficio para su equipo.

¿Qué hay de cierto en eso de que los árbitros siempre benefician a los equipos grandes?

Habría que ver las estadísticas que puedo tener yo con los equipos grandes. Primero, a qué llamamos equipo grande. Creo que fue El Cholo quien respondió, cuando le preguntaron por el Real Madrid, al que habían pitado muchos penaltis a favor, que el Madrid llegaba muchas más veces al área contraria que el rival. Y si llegas más veces, suben las posibilidades de que te cometan una infracción.

Ha sido el árbitro menos tarjetero (3,72 amarillas por partido). Y con menos amonestaciones que sus promedios en Segunda.

Según vas ascendiendo de categoría, es más fácil arbitrar. Existe el problema de la repercusión mediática, pero en Primera los jugadores tienen más calidad, son mejores, yerran menos cuando van al balón. Eso hace que haya menos infracciones. Las infracciones son más escasas porque la calidad de los jugadores, en condicionales normales, es mayor, y al final todo tiene una repercusión en el número de amonestaciones.

Pero, comparándose con sus colegas de primera, es el que menos tira de tarjeta.

Lo habré sabido gestionar de otra manera. No digo que mejor, sino con la suerte de gestionarlo sin la necesidad de sacar tarjetas.

Imagino que siempre a favor del VAR.

Totalmente. Cien por cien. Ha hecho del fútbol un deporte nuevo. Ya no va a haber una final de un gran campeonato que se decida por un fuera de juego o un gol ilegal. Es una herramienta muy positiva.

Pero también genera mucha polémica la presunta falta de unificación de criterios.

El criterio está unificado. Quizá desde el colectivo arbitral podríamos explicar un poco mejor el protocolo de VAR, que es complicado. Nosotros hemos estado entrenando más de un año para tener la habilitación FIFA, para poder hacer de VAR. Con prácticas semanales y exámenes. El protocolo dice que tiene que ser un error claro, grave y manifiesto.

¿Cómo se prepara un partido los días previos?

La preparación de cada partido me dura unas 16 horas de trabajo, sin contar los entrenamientos. Veo los dos o tres partidos previos de cada equipo. Para el estudio, tenemos una aplicación donde se guarda todo lo que queremos buscar. Por ejemplo: si necesito los fueras de juego del Mallorca, el programa me ofrece todos los de ese equipo. También nos aplicamos en el conocimiento de los jugadores y entrenadores. Y la táctica que siguen los equipos. Si yo sé que en un saque de esquina, al levantar la mano el lanzador, el balón va al primer palo para que otro la peine y un tercero entre a rematar al segundo palo, todo ese conocimiento me sirve para saber dónde centrar el foco de atención.

¿Ve un partido después de pitarlo?

Se ve una o dos veces. Y tenemos un feedback [devolución de información] con nuestros informadores, los delegados de partido, que nos dicen qué acciones hemos acertado y cuáles errado.

Mucha evolución respecto a los años 80, por ejemplo.

No tiene nada que ver. Nosotros entrenamos con GPS, con un equipo de trabajo formado por psicólogos, preparadores físicos o fisioterapeutas. La diferencia entre un equipo arbitral y un equipo de fútbol es la cantidad de gente que lo compone. Mi equipo son mis compañeros asistentes, el cuarto árbitro y el equipo técnico. Menos gente pero de estructura similar a una plantilla de fútbol.

Al ser del colegio madrileño no puede dirigir un Madrid-Barca o un Atleti-Madrid. ¿Duele?

A todos nos gusta pitar los mejores partidos. Un Barça-Madrid es el partido más visto probablemente, con una final de Champions. No me duele, pero sí me gustaría. Pero son las normas actuales. Es verdad que ahora empezamos a ser árbitros del comité técnico y dejamos las territorialidades. Y entiendo que, en unos años, esa barrera acabará cayendo. Pero uno de los motivos es la seguridad personal. En una ciudad pequeña, un árbitro que resida en ella, si pita al equipo local y tiene unos errores, al día siguiente le toca salir al parque con sus hijos. Y no creo que sea agradable, tal como viven el fútbol hoy en día ciertas personas.

Si le pregunto por un equipo, me dirá que no tiene.

Te puedo decir Escuela de Fútbol La Elipa, donde yo jugué de pequeño.

¿Qué árbitros le han inspirado?

España tiene árbitros muy buenos. Uno de los referentes es nuestro presidente, Carlos Velasco Carballo. El más laureado, con un Mundial y dos Eurocopas. Actualmente, el madrileño Carlos del Cerro Grande, preseleccionado para el Mundial de Qatar. He aprendido muchísimo de ellos como cuarto árbitro.

¿El nivel del arbitraje en España?

Somos de los países punteros en estructura, medios y preparación. Aquí es una actividad profesionalizada. En otros países, no. Eso te da un plus de tranquilidad a la hora de preparar los partidos. Cuando era profesor de Educación Física y salía de dar clases en el instituto a las cuatro o cinco de la tarde, llegaba a los entrenamientos con un cansancio mental y físico acumulado. Y el rendimiento en los entrenamientos no es el mismo.

¿Es de la generación que ha arbitrado en campos de tierra, pisando charcos?

Soy de la generación cuya madre, después de cada entrenamiento, por cómo llegaba a casa, me enseñó a limpiar las botas y la ropa. Y eso te curte. Cuando vas a un campo profesional de hierba que es una alfombra y echas la vista atrás, recuerdas toda la experiencia acumulada, que quizá no tiene quien no haya pitado en ese tipo de terrenos.

¿Manías antes de saltar al campo?

Mis tres minutos antes de empezar la primera y segunda parte, donde intento relajarme con una respiración diafragmática, bajar pulsaciones y salir con el nivel de activación adecuando. Me siento y les digo a mis compañeros: ‘Chicos, mis tres minutos’. Y me dejan tranquilo. También leo unas indicaciones escritas en papel por mi padre cuando estaba en Regional, hace 15 años: lo que él me decía cuando empezaba. Y siempre, desde el primer partido que arbitré, llevo en un bolsillo a la Virgen de la Misericordia, la del Pilar y Santa Gema.

Velasco Carballo recomienda combinar la profesión con alguna ocupación, limitada en el tiempo, pero que ayude a oxigenarse.

De acuerdo, sí. Yo ahora estoy matriculado en Psicología y en un centro de idiomas para mejorar el inglés. La ocupación del tiempo no tiene por qué ser de ámbito laboral, pero sí donde la cabeza esté ocupada y te ayude a mejorar. He hecho, por ejemplo, el máster de postgrado en Gestión e instalaciones de servicios deportivos. Antes hice INEF (Ciencia de la Actividad Física y del Deporte) y magisterio de Educación Física. Cuando me retire, volveré a mi actividad como docente o me dedico a otro campo de la educación física. Empecé como profesor de Educación Física en el colegio internacional Willoughby, en Madrid. Al día siguiente de acabar la carrera, con 24 años, me llamaron. Yo había echado previamente currículos. Luego ejercí como profesor de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en la Universidad Camilo José Cela, compaginándolo como profesor de natación y diferentes áreas en el Ayuntamiento de Madrid.

Y después del arbitraje, ¿qué viene?

La docencia me apasiona. Ahora trabajo en charlas con empresas y directivos sobre liderazgo, que puede ser otra posibilidad, donde también enseñas. Cuando llegue a ese puente, ya veré cómo lo cruzo.

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