Mary Shelley dio vida a Frankenstein a los 18 años. Lorca alumbró su primera pieza teatral, una de títeres, con 22: ‘El maleficio de la mariposa’. Siguiendo esa estela de precocidad creativa, el ripense Iván López-Ortega ha ganado a sus 23 años el Premio Max de las Artes Escénicas como mejor autoría revelación por su obra ‘Taxidermia de una alondra’.
Este perfil -para la revista municipal ‘Rivas al Día’, que se imprimía el mismo lunes 1 de junio que se concedían los Max-, se elabora a finales de mayo, antes de la gala teatral. Así que estas líneas se escribieron con la incertidumbre de si Iván, que concurría con dos nominaciones, también a la de mejor espectáculo revelación, mordería en casa la manzana plateada ataviada con antifaz dorado que en forma de escultura entrega la Sociedad General de Autores (SGAE) como galardón. Los goya del teatro. Y, sí, la ha mordido y le ha pegado un buen bocado.
Dramaturgo, director, actor, escenógrafo y compositor musical: todo ese rosario de virtudes despliega este ripense cuyo temprano hacer ha sacudido el panorama nacional. El pasado mes de abril se convirtió en el director más joven en estrenar en el Teatro Español de Madrid, con su adaptación de ‘Tormenta’, de Strinberg.
“Sí, ese parece ser el titular: el más joven”, sonríe. Ese récord tempranero se ha convertido en el destacado periodístico para televisiones, radios y revistas, advierte Iván una mañana de finales de mayo. Estamos en el centro cultural Federico García Lorca, donde vivió tantas tardes de su infancia estudiando piano y lenguaje musical en la Escuela Municipal de Música. Tal es su precocidad que su primera actuación en una sala importante se produjo en los Teatros del Canal, con apenas nueve años: interpretaba al niño de ‘Comedia sin título’ y ‘El público’, de Lorca.
Iván estudió piano en la Escuela Municipal de Música, danza en la escuela de Covibar y bachillerato artístico en el centro educativo Hipatia
Al entrar al edificio municipal le sorprende la luminosidad del nuevo patio central, con su techo acristalado. La última vez que lo transitó fue antes de su remodelación. De camino al salón de actos, a cuyo escenario se subió de pequeño, pasará junto al primer piano adquirido por la Escuela Municipal de Música, que data de 1989, según recuerda una placa atornillada en el panel superior del instrumento: 13 años antes de que él naciera y siete de que leyera sus primeras partituras. “Si salimos por esa otra puerta del salón de actos damos con el aula de piano donde yo estudiaba”, rememora después del posado fotográfico.
El amor por la escena lo nutrió estudiando bachillerato artístico en el centro educativo Hipatia. Luego continuó en la Escuela Municipal de Arte Dramático de Madrid. Y colofón en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), donde se forjó en la dirección de escena. En 2023 estrenó su primer montaje como autor y director: ‘Afflatus’. Al que siguió ‘El día de la serrana’, en una versión de Mélanie Werder, para el Corral de Cervantes (Madrid).

Iván López-Ortega, delante de un retrato de Lorca, una de sus pasiones teatrales. ÓSCAR ROMERO
Como actor, sus últimos trabajos han sido, además de ‘Taxidermia de una alondra’, ‘Vulcano’, de Victoria Szpunberg y dirigida por Andrea Jiménez [a quien cita como una de sus referentes de la escena actual] para el Centro Dramático Nacional; ‘Luces de Bohemia’, con dos temporadas en el Español, y ‘Viaje hasta el límite’, ambas dirigidas por Eduardo Vasco, también director artístico del Teatro Español y su profesor en la RESAD.
La sensibilidad artística le viene de casa: su madre y padre pintan. “Pintores de brocha fina”, aclara. El padre, de Tomelloso, pueblo de pintores.
A su localidad le profesa mil amores: “Con el pálpito cultural de Rivas, de haber nacido en otra ciudad no hubiera llegado donde estoy. El otro día lo hablaba con mi madre: cada vez tengo más percepción de mis influencias. Y el lugar donde vivo me marca. Por eso el campo y el extrarradio están tan presentes en mis obras”.
NIÑO CON AGENDA DE MINISTRO
En la Rivas de su solaz infancia, Iván creció en un ajetreo de juego con las artes: extraescolares de teatro y pintura, estudios de piano desde los seis años en la Escuela Municipal de Música o la danza durante la adolescencia en la escuela de Covibar. Como le espetaba uno de sus profesores del centro educativo Hipatia: “Un niño con agenda de ministro”. Rivas, en su memoria y corazón: “Fui un chico que aprendió muchas cosas a la vez porque vivía en una ciudad que me lo ofrecía y permitía”.
“Con el pálpito cultural que tiene Rivas, no hubiera llegado donde estoy de haber nacido en otra ciudad. Cada vez tengo más percepción de mis influencias”
‘Taxidermia de una alondra’ se repone en el Teatro del Barrio de Madrid el 11, 12 y 13 de junio. Actúa junto a su querida Macarena Sanz, con quien ya trenzó interpretación en ‘Vulcano’. Y cuenta con el apoyo de Sergio Iglesias como director adjunto.
¿Y no enloquece uno cuando en la misma obra actúa, dirige y asume la escenografía y hasta la iluminación? “Es cierto que tu nombre suena por todas partes: un técnico que te pregunta qué hacemos con la luz, otro que dónde ponemos esta vara, los actores llamándome para cuestiones interpretativas. Termino siendo el lugar donde confluye todo, y a veces apabulla. Pero para eso trabajo con ayudantes que me permiten afrontarlo”, explica este Leonardo da Vinci de las artes escénicas.

Estudió piano en la Escuela Municipal de Música y bachillerato artístico en la ciudad educativa municipal Hipatia. ÓSCAR ROMERO
¿Y cómo se pausa cuando, con tanta carga de responsabilidades, toca concentrarse en el ensayo de su personaje? A veces, es una compañera de reparto como Macarena Sanz quien le pone los pies sobre el escenario: “Ella misma me dice: ‘Vale, ya, necesito al actor. Olvida al iluminador al escenógrafo al director. Ya me toca estar con mi compañero’. Sí, ella también me ayuda a bajar a tierra”.
Si se le pregunta por su estilo teatral, responde: “Gente que no me conoce habla de cierto ilusionismo en mis espectáculos. Yo de pequeño fui niño mago. Me encantaba la magia, a la par que me interesaba por el teatro. Intento generar dramaturgias donde se juega mucho con la percepción del público. Me gusta pensar en lo que va a sentir el espectador. Y quizá aparco qué historia estoy contando para centrarme en qué quiero que sienta el público. Juego mucho con la expectativa. Con generarle una imagen y luego rompérsela. Acompasar realidad y ficción”.
«De pequeño me encantaba la magia. Por eso creo que intento generar dramaturgias donde se juega mucho con la percepción del público»
Inquieto desde la cuna, ahora quiere dirigir su primer cortometraje y probar en el audiovisual: “De momento soy un joven con mucha ansiedad por hacer cosas. Se me están dando oportunidades para desarrollar mi carrera, quizá de forma prematura. Estoy pisando espacios donde lo normal es llegar con más experiencia”.
UN SUEÑO, UN AUDITORIO
Otro sueño más doméstico: representar una obra propia en el auditorio Pilar Bardem. “Me encanta ese teatro. Tenemos un pedazo de auditorio. Me gustaría dirigir y actuar [de niño ya tocó en algunos conciertos con la Escuela de Música]. Como espectador he disfrutado muchas veces de la gran programación que Rivas suele traer. Estuvimos a punto de venir con alguna producción del Centro Dramático Nacional, pero finalmente no recalamos y me dio mucha pena”. A ver si esa pena se convierte en alegría próximamente. Con 23 años y un nacimiento artístico tan ilusionante, aún quedan muchos escenarios por estrenar. La alondra no ha hecho más que alzar el vuelo.

Iván López-Ortega se ha convertido en el director más joven en estrenar en el Teatro Español de Madrid. ÓSCAR ROMERO


