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Carlos Iglesias: «España siempre ha sido un país difícil»

El director de ‘Un franco, 14 pesetas’ presenta en las jornadas de verano de CineLab su última película, ‘La bala’, escrita y protagonizada por él mismo (martes 9 junio, 19.00).  

Carlos Iglesias:
Carlos Iglesias, con su camisa de sacerdote de 'La bala'.

CARLOS IGLESIAS + SU PELÍCULA ‘LA BALA’
Martes 9 junio / 19.00. Sala Covibar. Entrada libre.

El actor Carlos Iglesias (Madrid, 1955) debutó en la dirección cinematográfica en 2006 con ‘Un franco, 14 pesetas’. Aquella película logró un gran recorrido social, retratando la emigración laboral española de los años sesenta en Suiza. Dos décadas después de ese estreno, quien se diera a conocer en el mundo de la interpretación por su personaje de Benito Lopera Perrote en la serie televisiva cómica ‘Manos a la obra’ (1998), sigue forjando como realizador un cine de la memoria.

Su quinto largometraje como director, ‘La bala’, bucea en las profundidades de las fosas comunes. Pero desde un enfoque poco habitual: el protagonista es un sacerdote, de ideas conservadoras y con bandera de España en el reloj, que trata de recuperar el cuerpo de su tía, desaparecida y enterrada en Rusia, donde llegó enrolada en la División Azul que apoyó a las tropas nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Un thriller calmado e inspirado en la historia real de dos hermanos toledanos, Fernando y Miguel Ángel Garrido Polonio.

Dirigida, escrita y protagonizada por Iglesias -trilogía de funciones habitual en sus producciones-, la película crece con giro de guion. Iglesias viene a Rivas el martes 9 junio (19.00) para charlar con el público tras la proyección del largometraje. El encuentro forma parte de las jornadas de verano con las que el programa cultural CineLab despide la temporada 2025-2026. Cine y memoria contra el olvido.

¿Quién es Carlos Iglesias?

No hay mucho misterio. Un actor que ha tenido suerte en la vida, por lo que supone este oficio. Que ha podido sacar una familia adelante. Que ha tenido momentos de éxitos y otros de paro absoluto. Con una trayectoria de actor convencional. Pero que, cuando ha tenido éxito, ha sido muy sonado, especialmente por haber trabajado en televisión.

Antes de estrenar la película dijo que le caerían palos por hablar de los muertos y las heridas sin cerrar de la guerra civil. ¿Se ha cumplido el vaticinio?

Cuando eres Benito Lopera [protagonista de la serie ‘Manos la obra’], todo son halagos. A todo el mundo le gusta el humor. Cuando ya te metes en temas más escabrosos, a veces recibes comentarios de una crueldad tremenda. Alguien me ha llegado a desear estar enterrado en una fosa común o en una cuneta. Y eso te impacta. Que yo solo he hecho una película muy equilibrada. Afortunadamente, mis mayores aliados, quienes me defendían de ellos, eran gente de su misma ideología, igual no tan extrema. Han llegado palos, sí. Pero la inmensa mayoría que ha visto la película transmite halagos impresionantes.

«Alguien me ha llegado a desear estar enterrado en una fosa común o en una cuneta. Y eso te impacta. Que yo solo he hecho una película muy equilibrada. Pero la inmensa mayoría que ha visto la película transmite halagos»

Dice que amigos conservadores han visto la película, se han emocionado y le han felicitado por el tratamiento de la historia.

Los hermanos Garrido [que recuperaron el cuerpo de su tío divisionario azul español muerto en Rusia cuando apoyaba a la Alemania nazi] son de derechas. Les pedí permiso para utilizar sus nombres. Y me dijeron que estaban encantados con la película. Todo su entorno, que también es gente muy de derechas, la ha venido a ver. El presidente de la asociación de divisionarios vino a saludarme a la puerta de un cine. Y pensé: ‘Este señor me va a quemar la sala’. Pues al final me abrazó y me dijo: ‘He venido engañado a esta película. No es la que yo pensaba. Pero les agradezco mucho el engaño, porque está hecha con una humanidad de la que yo también participo, y entiendo perfectamente el discurso que tiene y lo apruebo’.

Es una película conciliadora, no busca la confrontación.

Absolutamente. A estas alturas, a esos 100.000 cuerpos que siguen enterrados en España hay que darles la dignidad que se merecen. Nada más. Qué responsables vas a buscar ahora. Ya sabemos qué responsabilidades hubo. Los responsables directos han muerto. Vamos a sacar esos cuerpos, como han hecho otros países, y que cada familia proceda como quiera: sepultura cristiana, entierro laico y habrá quien no tenga interés en sacar a sus familiares. En cualquier caso, dar esa oportunidad es imprescindible; si no, es una vergüenza.

El protagonista es un sacerdote al que ha puesto una bandera de España en el reloj, ¿por qué esa elección?

Primero pensé en un comisario jubilado. Pero estaba muy trillado el sujeto de policía jubilado que investiga. Y conocí a un sacerdote en Ciudad Rodrigo, que no supe que era sacerdote hasta el quinto día de haberlo visto porque siempre iba vestido de seglar, y me dio la idea. La religión ha estado tradicionalmente unida a la derecha, aunque ha habido curas de todo tipo. Me pareció que el discurso a través de un personaje de derechas tenía más sentido. Al final es el héroe de la película porque demuestra la misma humanidad del discurso de la película. Si somos capaces de hacer 5.000 kilómetros para encontrar el cuerpo de un divisionario español en Rusia, que fue con un uniforme y un arma a luchar contra los rusos, cómo no vamos a recoger a quienes tenemos enfrente de nuestras casas, un campesino castellano al que pegaron un tiro en la nuca y tiraron a una fosa común.

«Si somos capaces de hacer 5.000 kilómetros para encontrar el cuerpo de un divisionario español en Rusia, que fue con un uniforme y un arma a luchar contra los rusos, cómo no vamos a recoger a quienes tenemos enfrente de nuestras casas en cunetas»

Una película también para la juventud.

Lo importante y lo difícil es hacer llegar esta película a la juventud. Hemos hecho durante 17 martes seguidos un pase con coloquio posterior en el cine Ideal de Madrid. Entramos para dos martes y vamos a estar 17. Se nos ha llenado siempre la sala. Pero a quién se lo cuento un martes a las seis de la tarde, día, además, del espectador sénior. A gente ya de mucha edad. Me gustaría conseguir lo que hecho en París. Invitados por la embajada, pasamos la película a chavales de 16 y 17 años, todos de ascendencia española que estudian en el Liceo español. Sabían muy poco o prácticamente nada de esa historia tan reciente y de los cuerpos todavía en cunetas y fosas comunes. Ha sido muy gratificante oír sus preguntas: cómo es posible que a día hoy siga ocurriendo esto. Estaría bien llevar la película a colegios e institutos.

Ha costado mover la película.

Hemos hecho 17 martes gracias al boca a boca. Otra publicidad no hemos tenido. Y estamos llenando el cine. Ahora perseguimos alguna matiné de fin de semana para tener un público distinto, más joven. Hemos salido tan apretados de presupuesto que no teníamos un duro para promocionar la película. Algunas salas nos pedían hasta 350.000 euros en gastos de publicidad para estrenarla. Y no nos lo hemos podido permitir. Hemos salido con 14 copias. En cada copia, una sola sesión, y generalmente a las cuatro de la tarde. Con eso naces muerto. Hemos ido creciendo a base de este goteo de proyecciones. Me he recorrido gran parte del norte de España haciendo una primera sesión con coloquio posterior. Y habitualmente el cine se quedaba la película tres o cuatro días, generalmente en fin de semana. Así hemos ido cogiendo nombre.

‘Un franco, 14 pesetas’, ‘Ispansi’, ‘Un franco, 40 pesetas’ y ahora ‘La bala’. ¿Por qué ese cine de la memoria como director?

Yo era muy mal estudiante, pero sacaba matrículas de honor en dos asignaturas: geografía e historia. La historia me ha interesado siempre, saber por qué somos así. De dónde venimos como pueblo. Y me he criado en el extranjero, en Suiza, con lo que sentía añoranza por saber cosas de nuestro país. Y en cuanto este país se empezó a llenar de inmigrantes, me chocó mucho y me dolió profundamente el rechazo hacia esa inmigración entre la gente que me rodeaba. El 80% de esa inmigración hablaba nuestro idioma, ventaja que nunca tuvieron los suizos con nosotros. Y a esa gente que limpiaba, y limpia, el culo de nuestras madres, nos arreglaba el tejado o nos hacía el jardín, ni se les saludaba ni se les veía. ‘Un franco, 14 pesetas’ [2006] recuerda la etapa de mis padres inmigrantes en Suiza. Una película para recordar a este país y su conciencia absurda de nuevo rico que nosotros habíamos sido inmigrantes no hacía tanto.

«La historia me ha interesado siempre, saber por qué somos así. De dónde venimos como pueblo. Y me he criado en el extranjero, en Suiza, con lo que sentía añoranza por saber cosas de nuestro país»

¿Con qué ojos mira al actor que empezó como Benito Lopera en ‘Manos a la obra’ (1998)?

No puedo renegar de algo que me ha dado de comer a mí y a mi familia, de trabajar en un oficio que, a veces, ha tenido hasta un 83% de desempleo. Yo hago cine hoy porque primero disfruté de éxitos de interpretación como la serie ‘Manos a la obra’. Si no hubiera sido imposible. Una vez que comíamos todos los días, dijimos: pues vamos a crecer un poco, a contar las historias que nos apetece contar.

Como director que mira a esa España del pasado, ¿le gusta la España de hoy?

No mucho. Siempre ha sido un país difícil. Pero creo que estamos peor que cuando yo era un chaval. Cuando por fin cayó la dictadura y empezó la democracia, teníamos unas expectativas de estar unidos, caminar juntos y sacar este país adelante. Y ahora estamos más distanciados que nunca. Y me da mucha rabia. Y mucho miedo. He crecido en un país con cuatro idiomas [Suiza], que no es más grande que Extremadura, con 26 cantones y cada uno con su bandera y se llevan de puta madre: me parece muy raro que nos llevemos tan excesivamente mal en España. También es cierto que hemos vivido una guerra civil. Y se dice que una guerra normal se olvida en 50 años, y una guerra civil en 100. Todavía nos queda un poquito.

 

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