Charo López (Salamanca, 1943) tiene capítulo propio en la enciclopedia actoral española. El público del auditorio Pilar Bardem lo sabe, tras disfrutarla en obras como ‘Tengamos el sexo en paz’ y ‘Ojos de agua’, hace ya. Por tercera vez en su carrera artística, la actriz con un premio Goya por ‘Secretos del corazón’, e interpretaciones recostadas en la memoria colectiva por series como ‘Los gozos y las sombras’, pasa por Rivas, ahora por el centro cultural Federico García Lorca. Participa en el Mes del Libro con el recital poético musical ‘Poesía de mujer’.
Su voz hila versos de Gloria Fuertes, Santa Teresa de Jesús, Rosalía de Castro, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral o Emilia Pardo Bazán. La escoltan en el escenario el pianista Víctor Carbajo y el barítono Luis Santana, quien le propuso hace seis años este formato interpretativo: juntos han recuperado también a poetas místicos en su espectáculo ‘Verso a verso’. La actriz de ‘Fortunata y Jacinta’ o ‘La colmena’ vuelve a Rivas el jueves 23 de abril (19.00, entrada libre).
¿Qué hambre sacia como actriz cuando recita poesía?
Igual que cuando hago cine, teatro o televisión. Con la diferencia de que nunca había trabajado profesionalmente recitando poesía. Cuando me lo propuso el barítono Luis Santana me pareció una experiencia nueva muy interesante. Y llevamos ya seis años. Recitar es fantástico, como estudiar al poeta.
Hacer ‘Poesía de mujer’, ¿es otra forma de lucha contra el olvido y el silencio histórico que ha callado a las escritoras?
Estos poemas son una forma de reivindicar a la mujer, sin duda. Pero a la mujer se la reivindica desde que se friega un suelo.
¿Qué comparte con las autoras escogidas?
Hablan de temas que nos afectan a todos: del amor, de la vida, de la alegría, del llanto. Me identifico más en unos pasajes que en otros. Y no solo por el hecho de ser mujeres, también por ser seres humanos.
Con la que está cayendo en el mundo, ¿menos bombas y más versos?
Me levanto por la mañana con poca gana de seguir. Pongo las noticias, leo el periódico, escucho la radio y es tan terrible lo que sucede. Me pasa lo que le pasará a cualquier ser humano con dos dedos de frente. Que estén montando la que están montando por el poder y el dinero es repugnante. Netanyahu, Trump y otros. La guerra es terrible. Y Palestina.
«Que estén montando la que están montando por el poder y el dinero es repugnante. Netanyahu, Trump y otros. La guerra es terrible. Y Palestina»
El recital se encuadra en el Mes del Libro de Rivas. ¿Qué compañía le han dado los libros?
Mucha, desde que empecé a estudiar en la Facultad de Filosofía en Salamanca, de la mano de Lázaro Carreter, que nos inculcó lo importante que es conectarse con la literatura y los libros, tener una hora mínimo al día para la lectura. No se puede estar todo el día viendo la tele o las redes sociales.

¿Es más sencillo recitar que actuar?
No sabría qué decir. Cuando yo recito a poetas que me enamoran, como Lorca o Miguel Hernández, es difícil superar ese momento. Pero al decirte esto seguro que estoy mintiendo, porque, cuando hice en teatro ‘Tengamos el sexo en paz’ [de Darío Fo], fui más feliz que nunca. Porque hacía comedia, con temas entre pícaros y divertidos, de la mano de un Premio Nobel. Y fui tan feliz. Pero, cuando recito ‘Y no quise enamorarme / porque teniendo marido me dijo que era mozuela / cuando la llevaba al río’, me llena de amor. Después de haber leído todo el poema [‘La casada infiel’, de Lorca] y llegar a esos versos disfruto de un final casi imposible de mejorar, y el público sonríe con ternura. No sé con qué lo paso mejor, si recitando o actuando. ¿Sabes con qué lo paso mejor?
¿Con qué?
Con ser actriz.
Quien es actriz en esta vida, ¿qué busca?
No busco nada, simplemente soy actriz. Me entusiasma.
«Sigo pensando que la interpretación es el mejor trabajo, también en el cine, la tele o recitando poemas. Ser actriz es lo importante, no importa el medio»
Alguna vez ha dicho que casi nunca le dejaron hacer comedia.
No es que no me dejaran, es que no me han visto como actriz de comedia. Habría que hablar con los directores. Me han visto más como una actriz para el drama. Y la comedia es lo que realmente me entusiasma.
En 2015 nos dijo antes de representar en Rivas ‘Ojos de agua’ que el teatro era el mejor trabajo del mundo. ¿Sigue pensando lo mismo?
No he cambiado de opinión. Sigo pensando que la interpretación es el mejor trabajo, también en el cine, la tele o recitando poemas. Ser actriz es lo importante, no importa el medio.
¿Cuántos gozos y cuántas sombras hay en la profesión de actriz?
Sombras hay muchas: cuando quieres hacer un trabajo y no te llaman. Cuando viene una temporada difícil. Tuve una terrible cuando me caí y me rompí un hombro. Tardó mucho tiempo en recuperarse. Me operaron. Y lo pasé muy mal. No sabía cuándo podría volver a trabajar. Y como me llamaban mucho para trabajar, porque en eso he tenido mucha suerte, mentía y decía: ‘Es que me voy a Argentina’ o ‘Es que estoy en Argentina’. No me atrevía a confesar que me había roto un hombro. Por el temor a que no me llamaran en mucho tiempo. Pero yo he sido una actriz muy plena y feliz. Lo he pasado y paso muy bien. Los malos momentos son los menos.
¿Qué hubiera sido en esta vida de no dedicarse a la interpretación?
No lo sé. No hay nada que me guste más.
“Cuando hice en teatro ‘Tengamos el sexo en paz’, de Darío Fo, fui más feliz que nunca. Siempre haciendo drama y aquello era comedia”
Con su experiencia, sigue sintiendo nervios antes de subir al escenario.
Es terrible. Salir a escena es siempre un acto de muchísima concentración e inseguridad. No sabes cómo vas a estar, cómo va a reaccionar el público, te puedes equivocar en una palabra y tambalearte un rato. Es un trabajo que exige conocer bien el oficio. Una profesión de muchísimos años.
¿Al público se le siente desde el escenario, influye su comportamiento en el trabajo actoral?
Si estás transmitiendo bien las emociones, al público ni se le oye respirar. Otras veces, si tú vas mal, el público se mueve. Abren el bolso, es un lío. Afortunadamente yo lo he vivido rara vez.
¿La Salamanca de su infancia la sigue llevando dentro?
Siempre. Eso no se olvida. Tengo mucho cariño por Salamanca. Pero me casé en 1965 y me vine a vivir a Madrid. He vivido más tiempo en Madrid que en Salamanca.


