Con siete años se quedó sola y petrificada en el escenario de un teatro ante el patio de butacas vacío, después de asistir a una función como espectadora. Desde ese momento catártico de la infancia, el teatro se apoderó de ella. Ana Morgade (Madrid, 1979), que luego viviría otra catarsis, la del tomatazo en la Escuela de Cristina Rota, es hoy un referente escénico del humor y la improvisación.
Licenciada en Comunicación Audiovisual, mientras se sacaba la carrera alternaba los estudios con trabajos precarios para poder pagarse las clases de interpretación. Hasta que en casa, comprendiendo que el arrebato actoral se mantenía, decidieron sufragar su formación. A Rivas llega por primera vez para presentar la gala de clausura y entrega de premios del Festival de Cine (sábado 21 marzo, 21.00, auditorio Pilar Bardem, con retirada de invitación en la web festivaldecine.rivasciudad.es).
Luis Zahera, Victoria Martín y Carolina Iglesias, Antonia San Juan, Luis Piedrahita o Gonzo presentaron la gala antes. ¿Qué le parecen sus predecesores?
Pues casi toda gente a la que yo invitaría a mi cumpleaños. Así que muy buena señal. Y, sobre todo, un listón muy alto. Tenéis muy buen criterio para seleccionar. Espero estar a la altura.
¿Cómo se prepara una gala de entrega de premios?
Lo más importante es que salga una gala que se haga corta. Ese es el objetivo fundamental. Y no olvidar quiénes son los protas, las personas premiadas. Tú eres un vehículo de conducción para que todo vaya ligero y bonito. Y, claro, tiene toda la pinta de que irá en comedia, porque si no habrían llamado a una actriz dramática. La idea es aportar mucho dinamismo y que la gente tenga la sensación de ‘¿pero ya es el cóctel, ya ha terminado, pero qué ha pasado?’.
En estas galas suele haber momentos de denuncia y reivindicación social. Como cómica, ¿qué no le hace gracia del mundo actual?
En realidad consigo sacarle humor a casi todo. Pero hay cosas donde creo que el objetivo no es reírse, sino solucionar y arreglar. Soy una comediante que ha elegido el camino de la política para hablar de muchas cosas en clave de broma. El humor muchas veces es el mejor escudo con el que se puede entrar a una guerra. Pero, luego, para qué lo utiliza cada cual es totalmente personal e intransferible.
«Soy una comediante que ha elegido el camino de la política para hablar de muchas cosas en clave de broma»
¿Hay algo de lo que no se reiría nunca en un monólogo?
Pues la verdad es que no. Reconozco que mi objetivo en la vida es reírme de todo en la medida que sea posible. Cuando no te puedes reír de algo es que lo tienes demasiado cerca. Y en cuanto consigues alejarlo un poco y que ese barco no te hunda, puedes empezar a cantar.
¿Qué cine le interesa como espectadora?
Veo todo lo que puedo, pero siendo madre y autónoma poco consigo. Algo fantástico de las plataformas es que tenemos en muy poco tiempo acceso a muy buenas pelis, especialmente para las personas con una vida social muy reducida. Ahora me estoy pegando un repaso de las películas candidatas a los Goya para ir con los deberes hechos. Además, están haciendo cosas buenísimas. Merece mucho la pena verlas.
Demandas en juicios, cancelaciones, retiradas temporales como la reciente de Quequé.
¿El humor se convierte a veces en profesión de riesgo? Profesión de riesgo es ser cirujano o controlador aéreo. Lo que nosotros hacemos es reír. Esos casos indican que profesionalmente estás muy expuesto. Y que muchas veces tienes que hacer reír aunque no te apetezca. O hacer humor con cosas que no te apetezcan. Eso forma parte de nuestro trabajo. Si alguien tiene que hablar del retiro de Quequé es el propio Quequé. Las decisiones personales que toma cada cual son súper íntimas. No me gusta hablar de la carrera de otros compañeros. Nadie puede hablar mejor de lo que le pasa que uno mismo.
«En realidad consigo sacarle humor a casi todo. Pero hay cosas donde creo que el objetivo no es reírse, sino solucionar y arreglar»
Mujeres divertidas ha habido siempre; mujeres cómicas, menos, aunque ya cada vez más. Pero sigue habiendo sesgo de género en la industria del entretenimiento.
Hay sesgo de género en la Vía Láctea. En la Tierra y alrededores, ya te digo que sí. El machismo está muy enraizado en todo lo que hacemos, en el día a día. Hay personas que deciden empezar a revisarlo y van sacando las capas de arriba, pero está metido hasta el fondo de la raíz. La idea es tomárselo como una carrera de fondo y no relajarse, pero sin volverse loca o loco, haciendo lo que se pueda. Pero cómo no va a ser machista la industria si todo es machista.
Broncano, Pablo Motos o Wyoming. Los espacios televisivos en horario nocturno de máxima audiencia siguen copados por hombres.
Bueno, mira a Henar Álvarez, yo trabajo en su programa [‘Al cielo con ella’, los domingos en La2]. Y estoy muy orgullosa. Me parece la mejor presentadora de late show ahora mismo en el país. Es un formato totalmente fresco y fantástico que hacía mucho tiempo que echaba de menos en la televisión. Estamos haciendo un trabajo estupendo. Ahí estamos los domingos, somos la jornada reflexión de la tele después del Telediario.
¿Quiénes han sido sus referentes cómicas?
En este país, muchas. Y también de fuera. Y las sigo teniendo. Cada vez es menos difícil encontrarlas. Antes había que buscar más. Estaba Rosa María Sardá, un elemento icónico de nuestro país. Eva Hache, con quien he tenido la suerte de trabajar. Yo la había visto en televisión y decía: ‘Ojalá algún día poder trabajar para esta señora’. Y al final hemos trabajado juntas. A nivel internacional también hay una calidad excepcional.
Con siete años vivió un momento de asombro cuando se quedó sola en un escenario ante el patio de butacas vacío. ¿Ha sido buena pareja de baile el teatro en su vida?
No hemos dejado de bailar nunca. Ni dejaremos. Seguimos trabajando juntos el teatro y yo. Me fascina. Siempre trato de coordinarlo en la medida de lo posible. Ha sido mi primer amor. Y, de momento, no nos hemos peleado.
«El teatro y yo no hemos dejado de bailar nunca. Ni dejaremos. Seguimos trabajando juntos. Me fascina»
¿Mientras el ser humano camine existirá el teatro?
Sería rarísimo que desapareciera porque, al final, el teatro tiene que ver con repetir una historia que te ha gustado y querer que más gente sepa de ella. A partir de ahí, todo lo que quieras soñar y añadir. La capacidad de compartir historias, que un señor o señora le cuente una anécdota a sus colegas, eso ya es teatro. Es teatralizar, representar una cosa que ha sucedido, que te importa, te apetece o te divierte y quieres que más gente la viva. Eso es tan humano y tan nuestro como comer.
¿Profesionalmente, se encuentra en el lugar más o menos deseado?
He tenido muchísima suerte. He llegado mucho más lejos de lo imaginado. Y sigo flipando con los proyectos que me ofrecen. Por ejemplo, poder presentar el cierre y entrega de premios del Festival de Cine de Rivas me sigue pareciendo una barbaridad y una locura. Soñaba con que por lo menos me dejaran pasar. Imagínate presentarlo. El día que no me sorprenda o fascine sabré que es el día de jubilarse.
¿Tenía algún tipo de referencia cultural de Rivas?
Mi referencia fundamental es Victoria Martín [cómica], ilustre ciudadana ripense. Pero no he estado nunca. Me voy a estrenar oficialmente.
* La gala de clausura contará con intérpretes de lengua de signos.


