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Miguel del Arco: “Una de las mayores bobadas que se puede decir es que eres apolítico»

El dramaturgo y director rompe con 'La Patética' un luto teatral de cuatro años, tras un alejamiento de las tablas por el cierre del Teatro Pavón Kamikaze en 2021. El sábado 31 de enero, en el auditorio Pilar Bardem (20.00).

Miguel del Arco: “Una de las mayores bobadas que se puede decir es que eres apolítico
El director y dramaturgo Miguel del Arco. VANESSA RABADE

Tras un duelo escénico de cuatro años por el cierre del Teatro Pavón Kamikaze, un proyecto artístico del que era uno de sus impulsores y que recibió el Premio Nacional de Teatro en 2017, el dramaturgo y director Miguel del Arco ha regresado a las tablas con ‘La Patética’: un montaje titulado como la Sexta Sinfonía de Chaikovski y con el que se abre la temporada de abono del auditorio Pilar Bardem el sábado 31 de enero (20.00). El protagonista de la obra es un director de orquesta de 53 años que se enfrenta a un cáncer terminal. Pero antes de morir quiere dejar grabada, como legado artístico, la pieza del compositor ruso. Como él, tiene 53 años y también es homosexual.

Con esta obra, Del Arco retorna a la caja oscura, aunque desde el cierre del Pavón no se cruzó de brazos: dirigió la ópera ‘Rigoletto’ para el Teatro Real y la serie televisiva ‘Las noches de Tafía’, ambas en 2023. Ahora acaba de concluir el rodaje de la película ‘Los relatos’, con guion propio y protagonizada por Juan Diego Botto y Marta Etura. El largometraje, cuyo estreno llegará a lo largo de 2026, se ha filmado en La Vera extremeña, donde el director tiene una casa de campo “perdida en la montaña”. Siempre que puede se fuga a ese paraíso de gargantas y pozas.

Este hombre de teatro, un chico de Carabanchel que creció en un bar familiar, porta con orgullo a sus 60 años su origen proletario: “Eso no se lo puede quitar uno de encima nunca. Y, además, no lo intento”. Ni se lo perdonarían tal vez otros vecinos célebres del barrio, como Rosendo o Manolito Gafotas. Miguel del Arco, de verbo rápido y discurso fértil, ya regaló al público ripense la sobrecogedora ‘Jauría’ en 2020: una recreación del juicio a los violadores de La Manada.

En una sociedad que no sabe mirar a la muerte, va Miguel del Arco y monta una obra sobre la muerte.

Somos una sociedad que vive claramente de espaldas a la muerte, algo que no queremos mirar pero nos une. Y no hace excepción con ninguno. Un shock general como la pandemia nos puso frente a ella. Pero esta obra también tiene que ver con mi propio aprendizaje. Se juntaron el cierre del Teatro Pavón en febrero de 2021, una muerte artística, y la muerte de mi padre en 2022.

¿Qué se muere cada vez que cierra un teatro?

A pesar de todo el horror de la precariedad con la que vivíamos en el Pavón, con la soga al cuello y el alquiler brutal que pagábamos, era feliz cada vez que entraba por la puerta y veía esa familia creativa. Los teatros son espacios de reunión ciudadana, donde un grupo de seres humanos se reúnen para ejercitar la empatía.

«Chaikovski, alguien a quien consideramos un ser genial, maneja los mismos miedos e inseguridades que el resto, con esa disyuntiva de soy un genio en la música pero estoy solo, no puedo vivir mi homosexualidad»

Cada vez quedan menos espacios donde eso se produce.

Tenemos las redes sociales y la sensación de que estamos hiperconectados, pero lo único que hacen es desconectarnos, con ese tono irascible permanente de no entendimiento y de no hacer el mínimo ejercicio por comprender la posición del otro. Y en el teatro, la premisa de partida es siempre alguien que sale al escenario y plantea un juego de convención: hoy voy a ser el príncipe de Dinamarca, seguidme en este juego. Y quienes están sentados hacen el esfuerzo de entender lo que se les va a contar.

¿Por qué Chaicovski y su Patética: qué tiene su música, qué descubrió leyendo sus diarios?

El protagonista es Pedro Berriel, un director de orquesta de 53 años que se está muriendo de un cáncer terminal. Alguien a quien todavía no le corresponde la muerte, y por eso la mira de manera mucho más aterrorizada. Chaikovski apareció en este proyecto como un canto de cisne. Compuso la Sexta Sinfonía y nueve días después del estreno murió, también con 53 años. La Sexta Sinfonía es asombrosa, un compendio de todos los estados anímicos posibles. Empiezo a leer sus diarios. Y me encuentro a un personaje fascinante. Primero, por su convicción de la posteridad. A mí no me preocupa lo más mínimo, pero me llamaba la atención cómo alguien puede tener esa seguridad de que su trabajo va a perdurar en el tiempo, cuando ahora nada parece que perdura: consumimos, tiramos y nada queda. Su música tiene ese aroma de eternidad. Y en sus reflexiones, Chaikovski, alguien a quien consideramos un ser genial, maneja los mismos miedos e inseguridades que el resto, con esa disyuntiva de soy un genio en la música pero estoy solo, no puedo vivir mi homosexualidad.

Miguel del Arco ha escrito y dirigido ‘La Patética’. BÁRBARA SÁNCHEZ PALOMERO

Insiste en que Chaikovski, por su homosexualidad, lo tendría peor en la Rusia de hoy que en su tiempo. Y Putin aparece en la obra.

Putin aparece con un discurso suyo literal, donde habla de la homosexualidad como una de las cuestiones que están desmoronando la civilización occidental. Se da esa contradicción en la Rusia de hoy: ensalzan a su genio y al mismo tiempo esconden su naturaleza. Hay una anécdota brutal: construyeron una estatua de Chaivovski frente al conservatorio de música donde enseñó. Como tenía esa capacidad de integrar la música popular rusa en sus composiciones, simbólicamente levantaron otra escultura de un pastorcillo con una flauta junto a la de Chaikovski. Pero finalmente decidieron retirarla para que nadie pensara que Chaikovski se podía follar a ese pastorcillo.

«Soy profundamente feliz en la sala de ensayo. Es lo que me permite salir de mí. Como decía Chaikovski, vencerse a uno mismo es muy complicado. Y en la sala de ensayo tengo una gran facilidad para entregarme al actor. Si el actor tiene actitud, yo no tengo fin»

Un compañero de viaje suyo, el actor Israel Elejalde, afirma que todo trabajo escénico es un acto político.

El ser humano es un animal político. Por acción u omisión. Una de las mayores bobadas que se puede decir en este mundo es que eres apolítico. Al final siempre estamos decidiendo hacer o no hacer, decir o no decir, poner o no poner. El acto artístico siempre empieza por una decisión. Tú decides contar algo de una manera determinada. Y ahí siempre describes quién eres, cómo eres o qué haces. Eso es una posición frente al mundo. Un acto político.

¿Dónde vive mejor: en la dirección o en la escritura de una obra?

El papel lo permite todo. Imaginar es gratis. Y siempre imaginas cosas que funcionan brutalmente bien. Otra cosa es cómo lo llevas a escena. Me emociona tanto escribir como dirigir. Me emociona la imaginación disparada del estudio previo, planear las cosas para darles solución. Y me fascina el momento de acción. Soy profundamente feliz en la sala de ensayo. Es lo que me permite salir de mí. Como decía Chaikovski, vencerse a uno mismo es muy complicado. Y en la sala de ensayo es más fácil porque tengo una gran facilidad para entregarme al actor. Si el actor tiene actitud, yo no tengo fin.

Una escena del montaje ‘La Patética’. BÁRBARA SÁNCHEZ PALOMERO

 

 

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