Para Esther Acebo no será una representación cualquiera. Para quien se popularizó mundialmente con la serie ‘La casa de papel’, acostumbrada a los grandes rodajes y platós, la noche del sábado 13 de diciembre de 2025 será una velada especial en su carrera artística. Cuando el foco de la escena la ilumine interpretando a Evelyn en la obra ‘Una cuestión de formas’, la actriz (Madrid, 1983) estará actuando por primera vez en la ciudad que ahora es su casa. En el mismo auditorio Pilar Bardem donde tantas veces ha disfrutado como público.
Con ella hablamos por teléfono mientras participa en Tenerife en el rodaje de ‘Radicales’, una película de suspense de José Ángel Bohollo. En una pausa después del almuerzo, con sesiones de más de 12 horas de trabajo diario, nos habla de Rivas, el teatro y lo que le inquieta de este mundo. En su ciudad actúa junto a otro ripense, Bernabé Fernández, Lluvia Rojo y Chema Coloma, en un montaje dirigido por Andrés Rus y cuya adaptación del texto original de Neil Labute firma Elda García-Posada (sábado 13 de diciembre, 20.00, entradas aquí).
Vecina de Rivas desde 2022. ¿Qué le trajo a aquí?
La respuesta rápida sería mi hermano, que ya vivía aquí. La respuesta larga: estaba a punto de tener a mi peque y venía escuchando las bondades de Rivas de boca de mi familia. Nos animamos por la calidad de servicios e instalaciones, especialmente pensando en clave familiar.
¿Se han cumplido las expectativas?
Totalmente. Teníamos el sueño de vivir cerca del campo. Y Rivas es absolutamente imbatible. Las posibilidades que ofrece, la cercanía de todo, la cantidad de coles y servicios, tanto espacio verde.
¿Disfrutan de los espacios naturales?
Vivimos con tres perretes y le damos mucha importancia a que haya verde cerca de casa. Recuerdo que, antes de venirnos, mi familia decía para animarme: ‘Hay un parque muy grande, el Bellavista’. Y sí, está genial y nos encanta, pero al lado tienes el cerro, donde te puedes perder por toda esa densidad arbórea. Y también paseamos por las lagunas. Cerca de casa, tienes pulmones verdes maravillosos.
«Teníamos el sueño de vivir cerca del campo. Y Rivas es absolutamente imbatible. Las posibilidades que ofrece, la cercanía de todo, la cantidad de coles y servicios, tanto espacio verde»
Y ahora actúa por primera vez en el Bardem.
He ido como público muchísimas veces, especialmente a los infantiles con mi hija y a obras de teatro. Y estoy con esa emoción de estrenarme. Es un momento muy especial. Ya he hecho círculo de amistades en la ciudad: las mamás del cole, gente con la que entreno… Y es la última función de 2025.
Después de más de un año y medio representándola, ¿en qué lugar de su memoria actoral se quedará la obra?
Ocupa un lugar importantísimo en mi carrera desde el principio. El texto es maravilloso y me ofrece la oportunidad de encarnar a una villana, un papel que en lo audiovisual no me encuentro a menudo. Y la obra ha tenido un recorrido más largo del esperado, siempre sorprendiéndonos. Al inicio íbamos a estar tres semanas en el Teatro Infanta Isabel. De repente surgió la posibilidad de representar todo el verano en el Lara. Y hemos ido recogiendo otras oportunidades maravillosas. No ha habido gira como tal, sino bolos. Y cuando parecía que parábamos, surgían nuevos encargos. Parece un proyecto que no se cierra nunca. Y lo disfrutamos mucho en el escenario, redescubriendo el texto en cada función. Nunca he estado tanto tiempo con una obra.

Esther Acebo, en una foto hecha en Rivas Vaciamadrid. ALE LANOIX
A pesar de series y cine, el teatro es donde empezó: con cuatro años pisó las tablas y con 17 sabía que lo que le hacía feliz era el teatro.
Para muchísima gente yo estoy en el mapa de la interpretación por ‘La casa de papel’. Es lógico, es un proyecto que ha dado la vuelta al mundo. Pero ya venía haciendo proyectos más pequeños desde hacía tiempo y, sobre todo, teatro. Siempre digo que es una profesión que he elegido muchas veces. Ha sido un no parar de elegirla. Me recuerdo siempre en las clases de baile y teatro del cole, barrio, instituto y universidad. Con 17 años quise ser actriz. Nadie de mi familia se dedicaba a ello y me dijeron: ‘Pero de profesión de verdad, ¿cuál?’.
Y a la universidad.
Me licencié en Ciencias del Deporte, con dos maestrías diferentes. Con el itinerario de Educación Física, di clases un año en un instituto. Y con el de alumnado con necesidades educativas especiales, estuve otro año en el hospital de tetrapléjicos de Toledo, con programas de actividad física para personas en readaptación a una nueva vida. Fue una etapa muy bonita. Pero la interpretación era un virus que me recorría por dentro lanzando mensajes. Soy muy vergonzosa y tímida. Y el teatro ha sido el espacio donde me daba la libertad que no encontraba en otros ámbitos. Mi lugar de jugar.
Sufrió burlas en el colegio, por su altura y pelo, y en el teatro encontró su espacio de seguridad.
Tenía el pelo diferente al de las niñas de clase y recibí mucha burla. El cole no fue un lugar feliz. Pero cuando llegaba a teatro, estaba en mi sitio y espacio. Me relajaba, me sentía a gusto. Podía jugar, expresarme y comunicarme con gozo.
«El cole no fue un lugar feliz. Tenía el pelo diferente al de las niñas de clase y recibí mucha burla. Pero cuando llegaba a teatro, estaba en mi sitio y espacio. Me relajaba, me sentía a gusto. Podía jugar, expresarme y comunicarme con gozo»
Y con 42 años, ¿qué es el teatro en su vida?
Sigue siendo el lugar seguro. La escuela. El sitio del aprendizaje y la exploración, donde disfrutar de la sensación de una red que te sostiene. Y acercándolo a los tiempos actuales, lo más parecido a la experiencia del mindfulness o meditación. De los pocos lugares que afortunadamente te exige estar aquí y ahora. El ruido y todo lo demás se apagan. No hay móviles ni otras preocupaciones. Estás viviendo y contando una historia. No hay nada más. Y eso, hoy, es un regalo.
A pesar del cine y las series, ¿siempre volverá al teatro?
Sin duda. De entre todas las opciones interpretativas, es la que menos dinero te aporta. Pero te enriquece el alma como ninguna.
La etiqueta ‘La casa de papel’ con la que se promociona su nombre en nuevos proyectos ayuda al público a ubicarla. Al margen del agradecimiento a una interpretación que tantas puertas le ha abierto, ¿incomoda esa referencia constante?
En la pregunta va la respuesta. Nunca hay que perder de vista las oportunidades que nos ofreció ese trabajo. Y estoy muy agradecida. Pero se convierte un poco en tu apellido. Y no sé si es necesario ya. Sí, soy Esther Acebo, la de ‘La casa de papel’. Y también soy Esther Acebo, actriz de más proyectos. Esther Acebo, madre. Esther Acebo, la que le gustan los perros. Esther Acebo, la que vive en Rivas. Igual no es necesario meternos en esa caja. Pero comprendo el porqué de la gente que lo hace. Y no reniego jamás, soy consciente de lo que me ha aportado.
Cinco millones de seguidores en Instagram. ¿Da vértigo?
Intento quitarme un poco esa responsabilidad. Me parece importante sentir que hago las cosas bien, con profesionalidad, cariño y amor. Y dormir tranquila. También hay que soltar un poco esa necesidad de querer gustarle a todo el mundo. Eso es imposible. Lo importante es sentir que tu gente está bien, que tú estás bien. Estamos en tiempos complicados, en los que ya se me ha cuestionado en más de una ocasión por qué, por ejemplo, me significaba tan a menudo con el genocidio en Gaza. Ahora mismo tengo parte de mi Instagram bloqueado por haber compartido una publicación de una activista de Femen, que fue agredida. Nunca me había pasado. Y da mucha rabia y ganas de abandonar. Pero, no. De alguna manera, siento que es lo mínimo que puedo hacer.
«Estamos en tiempos complicados, en los que ya se me ha cuestionado en más de una ocasión por qué, por ejemplo, me significaba tan a menudo con el genocidio en Gaza»
El mundo se desmorona y los de abajo lo pagan.
Están pasando demasiadas cosas. Llevamos más de un año que tenemos que desdoblarnos para seguir adelante. Abres tu Instagram, ves a tu amiga con una obra de teatro y a continuación la infancia muriendo en Gaza. O la policía en EEUU separando familias por papeles de migración. Sé que no puedo cambiar todo eso, pero, joder, hacer un pequeño movimiento, si puedo hacerlo, lo hago. Es lo mínimo. Y me siento hasta ridícula diciéndolo, porque yo no soy nadie. Pero cómo no vas a denunciar.
Participó en el Festival de Cine de Rivas de 2017 con el corto ‘Baraka’, que ganó el premio a mejor dirección.
Fue la primera vez que pisé el auditorio Pilar Bardem. Aún no vivía en Rivas. Recuerdo la ilusión de decirle a mi hermano: voy a tu pueblo. Ese corto fue muy importante para nosotros. Teníamos cero contactos con la industria. Y estuvimos nominados a los Goya.



