Una valla de obra, la fachada de un edificio o un muro público se pueden convertir en un lienzo donde plasmar una obra de arte. De arte urbano. Una tendencia que Rivas Vaciamadrid viene explorando desde hace 13 años con su Festival de Cultura en la Calle, que cada temporada lanza una convocatoria internacional para intervenir el espacio público. Tras 13 otoños de pinturas y esprais, la ciudad se ha llenado de sueños y creaciones, de colores, dibujos y figuras. Y atesora ya un patrimonio artístico que la convierte en una suerte de museo al aire libre.
“El arte urbano es una herramienta artística muy potente y democrática, que llega a todo el mundo al exhibirse en plena calle. Además, puede ser lanzadera de mensajes y conectar con comunidades y entidades quizá no tan acostumbradas al arte”. Esta reflexión la pronuncia Amaia Arrazola, artista vitoriana (1984) afincada en Barcelona, mientras ejecuta a última hora de una calurosa mañana de septiembre su lienzo ‘El arte de escribir, el arte de pensar’.
Un mural que embellecerá el paisaje urbano con el que convive cotidianamente el alumnado del colegio público José Iturzaeta. La obra de la ilustradora alavesa, en cuya creación y ejecución participan niñas y niños del cole, decora dos fachadas del edificio comedor. Y es perfectamente visible según se accede al recinto escolar por la puerta principal exterior.

El mural del colegio José Iturzaeta, en fase de creación. Es obra de Amaia Arrazola. PACO MARISCAL
Como este, son ya ocho los centros educativos de la localidad que han mudado su piel, convirtiendo el impávido ladrillo rojo en cromáticos paños artísticos. Este 2025, la Concejalía de Cultura y Fiestas decidió que fueran los colegios José Iturzaeta y Rafael Alberti. En el segundo caso, hermoseando otras dos fachadas del pabellón deportivo, donde el dúo Digo Diego y Letsornot ha plasmado la obra ‘Donde todo crece’. Porque uno de los lugares de la vida donde todo crece son las escuelas. Crece el alumnado, crece su pensamiento, crecen las primeras amistades, crecen los sueños, crece el presente en busca del futuro, crece la sociedad del mañana.
DIÁLOGO CON EL PATIO
El mural, que se desdobla en dos paredes, dialoga con el hermoso patio del centro, donde conviven olivos y otros árboles que convierten el espacio de recreo en un remanso de armonía y naturaleza.
“Donde todo crece’ reflexiona sobre el concepto de diversidad y las diferentes formas de poder habitar el mundo que nos rodea. No solo en un plano físico, sino incidiendo en las posibilidades de ser y respirar la convivencia desde la riqueza que aportan las diferencias”, explica el artista madrileño Digo Diego (1981), Diego Heredia en su DNI. Este muralista titulado en Educación Social ya dejó su impronta en Rivas en 2019: suya es la intervención que hoy luce sobre el Centro de Educación y Recursos para Personas Adultas (CERPA).
“El arte urbano es una herramienta potente y democrática que llega a todo el mundo al exhibirse en plena calle”
A su lado se encuentra Letsornot, Julián Martínez en el Libro de Familia. Albaceteño (1982) que reside en Valencia y compañero de viaje en este concurso de arte urbano al que concurrieron juntos, explica la importancia de la participación infantil en este tipo de iniciativas. Porque si en algo insiste el Consistorio es en que la población escolar se involucre en el proyecto, para sentirlo aún más suyo.
Dice Letsornot que trabajar con niñas y niños implica “un enriquecimiento mutuo. La infancia se maneja con frescura a la hora de crear e imaginar, despliega mucha libertad en cuanto a formas y colores. Tiene una manera muy libre de expresarse, algo que falta en la sociedad y, tal vez, en algunos colegios hoy en día. Los adultos necesitamos de su ejemplo en la vida. Necesitamos más libertad artística que proponga referentes diferentes”.

La artista Amaia Arrazola dibuja su obra en el colegio público José Iturzaeta. PACO MARISCAL
Digo Diego cuenta cómo dos niñas les observaban trabajar una mañana: “Nos decían que les encantaba el grafiti y pintar, que querían hacer esto de mayores. Esta obra les puede servir de estímulo, un referente que les inspira a crear en primera persona. Nuestra infancia, nuestro crecimiento como personas, se sucede a través de modelos de imitación. Y sería bonito que también sucediera al revés, que los adultos aprendiéramos de la mirada que tenemos de pequeños, que no está tan viciada por el sistema en el que vivimos”.
En el caso de Amaia Arrazola, la población escolar del José Iturzaeta se brega en la parte baja del mural: “La idea es dejar diseños a medio acabar para que, mediante talleres artísticos, las chicas y chicos los completen. En el propio diseño se generan, además, bocadillos y renglones para que puedan escribir con tiza más adelante”.
“La infancia tiene mucha frescura a la hora de crear e imaginar cosas nuevas. Es un ejemplo de libertad”
El proyecto de Amaia se inspiró, precisamente, en el calígrafo vasco que da nombre al centro. Así lo explica ella, que ha venido a Rivas con un colaborador tinerfeño, Txemi (1981): “Iturzaeta [1788-1853] elaboró la caligrafía de la bastardilla, reconocida internacionalmente y con la que el alumnado estudiaba en los libros de texto. A raíz de su figura, desarrollé todo el concepto del proyecto ‘El arte de escribir, el arte de pensar’. Artísticamente transmite esa necesidad de volver a lo analógico, a los bolis, los lápices, las plumas”.
Y prosigue: “Vivimos en una sociedad en la que pasamos mucho rato pegados a una pantalla. Quizá como adultos nos importa un poco menos, pero cuando atañe a las infancias se convierte en un problema. Hablo como artista, como mujer y como madre. Me gusta investigar el tema de la infancia y las pantallas. Y con este mural hacemos una llamada al alumnado sobre lo que piensa, sobre lo que quiere escribir, sobre lo que tiene dentro”. Aunque la mayoría de sus obras salpican el paisaje barcelonés donde vive, Amaia ha dejado huella en territorio madrileño: Fuenlabrada, Alcorcón o el barrio vallecano de El Pozo del Tío Raimundo. Y ahora Rivas.
DE LAS VALLAS A LOS COLES
Si en las primeras ediciones del concurso de arte urbano se actuaba sobre vallas de obra reutilizadas para transformar el paisaje urbano, ahora se interviene sobre fachadas de edificios y colegios. Ese tránsito lo explica la alcaldesa, Aída Castillejo, maestra de infantil de profesión y que antes de llegar a la Alcaldía asumió, entre otros cargos, el de concejala de Cultura: “El objetivo es situar el arte urbano a pie de calle. Dar un paseo por la ciudad y disfrutar del arte. Una vez que prácticamente reutilizamos todas nuestras vallas de obra, decidimos que el siguiente espacio fuera otra de nuestras joyas, la educación pública. Y por eso empezamos a intervenir en los colegios”.
“Rivas lleva 13 años convirtiéndose poco a poco en una ciudad museo. El arte urbano nos invita a soñar”
Y en este caso, ya se ha dicho, el Ayuntamiento fomenta la participación activa del alumnado en el proceso creativo: “La comunidad educativa forma parte de la vida de la ciudad, no solo de los centros educativos. Y sabemos que tiene unos protagonistas de primer nivel, nuestras niñas y niños. Y que cuando se les anima a participar, no solo lo hacen encantados, sino que aprendemos mucho de esa participación”. 13 años ya forjando una identidad cultural a través del arte urbano. “13 años que nos están convirtiendo poco a poco en una ciudad museo. Porque el arte urbano nos invita a soñar y a pensar en libertad”, alega la alcaldesa. El arte urbano como estrategia para embellecer y mejorar el espacio que habitamos.


