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Falete: «Mira si no soy un producto que no estoy con ninguna discográfica»

El cantante de flamenco y copla actúa en el festival Rivas Flamenca el viernes 5 de mayo (20.00), con el bailaor Antonio Canales como artista invitado.

Falete:
El cantante de flamenco y copla Falete.

VIERNES 5 MAYO / 20.00.
Auditorio Pilar Bardem.
Abono único Rivas Flamenca: 60 euros.

Rafael Ojeda, Falete (Sevilla, 1978), se define como un artista libre, que siempre ha tenido “muy claros” sus ideales. El talento le viene de familia –“Mi padre ha sido un gran culpable de que yo ame tanto la música”- aunque supo buscarse un hueco en la música versionando a los grandes de la copla, del bolero o del flamenco. Lidera el cartel del festival Rivas Flamenca 2023. Estará en el auditorio Pilar Bardem el viernes 5 de mayo con un espectáculo en el que contará con la participación del bailaor “revolucionario y transgresor” Antonio Canales.

Llega al Pilar Bardem con el bailaor Antonio Canales. ¿Cómo surgió este espectáculo?

Es tan sencillo como que el programador me dice que quiere que traiga a un artista invitado que me acompañe ese día dentro del espectáculo, y automáticamente no pienso en ningún otro que no sea el maestro Antonio Canales. Por la admiración y el respeto que le tengo, porque ya hemos trabajado juntos en varias ocasiones y por la amistad. Antonio Canales es un artista tan revolucionario, tan transgresor y tan clásico a la vez. Creo que el uno al otro nos venimos como anillo al dedo.

Hay complicidad en el escenario.

Sí que la hay. Cuando hay duende y cuando hay arte, la complicidad va de la mano.

¿Y qué se va a encontrar el público?

Se va a encontrar con un repaso a todos mis éxitos y las canciones con las que me he dado a conocer. Soy un gran amante del arte, de los autores y de los artistas grandes. Me fascina versionar a los artistas grandes. La copla va a estar presente, porque me ha acompañado desde el principio. Va a haber rancheras, baladas, boleros, fandangos, zambras, bulerías, rumbas… todo lo que yo vengo haciendo desde que me doy a conocer. Estarán muy presentes Bambino, La Paquera o Manolo Caracol. Si hablamos de autores, van a estar presentes Manuel Alejandro o Joan Manuel Serrat. Tengo la certeza de que cualquier género musical de calidad se puede llevar al flamenco. Del reguetón, olvídate.

Es usted un artista muy ecléctico.

Versiono a los grandes, da igual el género musical. Mi padre se tomó el tiempo y la paciencia necesaria, desde que yo era muy joven, de educarme musicalmente con mucha calidad.

¿Cuánto influyó la figura de su padre en su propia carrera?

Mucho. Te diría que un 150 por ciento. Mi padre ha sido un gran culpable de que yo ame tanto la música.

No sé si le dio tiempo a verle triunfar.

Sí, me vio en mis principios. De hecho, nosotros habíamos trabajado juntos en EEUU representando a España en festivales flamencos y habíamos estado haciendo giras de verano. Una vez que él decide separarse de los Cantores de Híspalis y emprende su carrera en solitario, tuvimos esa oportunidad. Yo era más joven y no tenía la popularidad nacional e internacional que tengo hoy, pero tuvo tiempo de disfrutarme y de disfrutar en el escenario. Cuando ya me vino la fama más grande, la disfrutó poco, porque murió. Pero tuvo tiempo de disfrutar de mi éxito y de ver el sueño por el que yo había luchado toda la vida sin usar nunca su nombre. Cada vez que conversaba con él se lo dejaba claro y le decía que, si tenía que llegar, y tenía la certeza de que iba a llegar: ‘No te ofendas ni te lo tomes a mal, pero yo soy el hijo de Rafael Ojeda y no el de Falín de Cantores de Híspalis. Tu nombre y tus contactos como artista yo no los quiero para nada’.

¿Qué consejo le dio?

El consejo más sabio fue que las estrellas están siempre en el cielo, una caída desde arriba duele mucho y, en la tierra, todos somos personas. Hasta el día de hoy, eso lo llevo a gala y no pienso cambiar por nada ni por nadie.

¿Y qué le dijeron en casa el día que se puso el mantón y anunció que se iba a dedicar a la música, la copla y el flamenco?

No hay un día como tal. Eso nace y va contigo, y conforme vas creciendo y desarrollando vas adquiriendo tu personalidad. Al nacer en una familia de artistas, la música estaba presente 24 horas, y desde que era un mico tenía muy claro lo que quería ser. Y en lo que a tendencias se refiere, sabía quién quería ser, cómo quería ser y cómo me quería vestir. No quería crear un producto. Mira si no soy un producto que no estoy con ninguna discográfica.

Lo que está claro es que ha sido un artista rompedor y sobre todo libre.

Efectivamente, lo soy porque siempre he tenido todos mis ideales muy claros. Siempre he dicho que la base principal de todas las cosas es el respeto, que todo lo que tú hagas, desde el respeto y con educación, no tiene por qué ir en tu contra. A quien no le guste, que se aparte, pero tu camino es el que es. Y si tú crees en él, la gente termina viendo que hay verdad, que no hay nada premeditado.

¿Lo más difícil en su carrera?

No tengo momentos difíciles, sinceramente. Sí hay uno más complicado, la pandemia. Pero más allá de eso, no ha habido nada duro. Ya te digo que yo siempre he hecho lo que me ha dado la gana y lo voy a seguir haciendo.

En sus comienzos llegó a ir de gira por Japón. ¿Cómo fue aquello?

Fabuloso. Qué cosa más grande es Japón y qué afición más grande al flamenco. He estado en Japón en cinco ocasiones, con Yoko Komatsubara, que es la empresaria más grande desde los inicios del flamenco en Japón. Ha llevado a las figuras del flamenco más importantes de hoy y también del ayer. Cuando fui allí por primera vez, vi el respeto que se le tiene al flamenco, cómo disfrutan. Había ocasiones en que yo me ponía a hablar con japoneses y se ponían a hablarme de la historia del flamenco, de la creación, de tal cantaor que hizo este cante en tal año, y yo alucinaba y les decía a mis compañeros que si no les daba vergüenza decir que éramos de España. Saben más de lo nuestro que nosotros.

Es curioso que el flamenco sea el nexo de unión entre dos países tan distintos.

¡Alucinante! Y más alucinante aún es que los ves bailar y bailan perfectamente y, además, con pellizco y con arte. Y los ves cantar y saben cantar. Hablan como son, con su lengua extranjera, pero cantando no se les nota. De verdad, es muy gratificante viajar tan lejos y ver que lo nuestro está tan presente y lo quieren tanto por ahí fuera, no solo en Japón, sino en medio mundo.

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