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Lluís Pasqual: “El teatro no termina de morir nunca”

Dirige a Núria Espert en ‘Romancero gitano’, un montaje que llega a Rivas y adapta a la escena el poemario de Federico García Lorca.

Lluís Pasqual:
El director de teatro Lluís Pascual y la actriz Núria Espert. SERGIO PARRA

Entrevista: Lucía Olivera

Lluís Pasqual (Reus, 1951) es el director de la obra teatral ‘Romancero gitano’, texto poético de Federico García Lorca (1928) que interpreta la actriz Núria Espert [ver entrevista en esta revista]. En el montaje se hace un repaso de los más profundo de la vida, en un momento en el que la poesía lorquiana está más viva que nunca. La representación llega al auditorio Pilar Bardem el sábado 3 de octubre (20.00; entradas, 11 euros). Es la segunda obra de la temporada de otoño ripense.

¿De qué habla ‘Romancero gitano’?

Habla de muchas cosas. Lorca, intentando hacer un retrato ni folclórico ni convencional de Andalucía, consigue hacer un retrato de toda España o de toda la humanidad. Es un conjunto de poemas que cada uno de ellos contiene en sí un drama. Si uno piensa en ‘Bodas de sangre’, ‘Bernarda Alba’ o ‘Yerma’, podrían desarrollarse en un drama. Habla de las cosas que le pasaban a él, de sus celos, de lo que veía. Y lo que veía es nuestro retrato descrito con palabras hermosísimas.

¿Cómo surge la idea de dramatizarlo?

Nació espontáneamente como un recital de poemas cuando Núria tenía que recoger el premio Europa y terminó convirtiéndose en un espectáculo. Porque no solo se trataba de transmitir las palabras, sino mostrar toda una vida de teatro que nos ha dado tanto, por supuesto especialmente a Núria y a mí.

¿Qué le ha dado Federico García Lorca?

Federico abre muchas puertas. A Lorca no le pasaban cosas muy distintas que a los demás, pero él les supo poner nombre, y nosotros, no. A mí, profesionalmente, me ha acompañado a lo largo de mi carrera y me ha permitido estrenar dos obras inéditas suyas, algo muy difícil con un autor así.

¿Qué dice el ‘Romancero gitano’ del momento que vivimos?

Cuando hicimos el ‘Romancero gitano’ pensábamos que, si esas palabras nos emocionaban tanto a Núria y a mí, podíamos emocionar a más gente. No sé qué pasará cuando se reanuden las funciones, es evidente que estamos condicionados por la pandemia, pero eso no quita que dejemos de pensar en la muerte, en los celos o en la vida. Eso sigue ocurriendo igual con o sin coronavirus, los sentimientos son los mismos. No en vano, las profesiones que tienen más trabajo en estos meses, además de las sanitarias, son abogados y abogadas. Por los divorcios, por mayores que han desheredado a sus hijos o hijas por haberlos abandonado en estas circunstancias. La vida sigue.

¿Cree que esta situación ha hecho reflexionar sobre el valor de la cultura?

Todo el mundo, de alguna manera, ha reflexionado sobre ello, por lo menos sobre el ocio. Y una de las partes del ocio es el arte, que es una opción libre, escogida. Nos ha hecho valorarlo porque qué hubiéramos hecho durante el confinamiento sin música, series, películas o libros. El problema es que la COVID-19 ha tocado una raíz esencial del ser humano y del teatro. Las personas necesitan encontrarse para manifestarse y compartir, y el teatro está hecho exactamente para lo mismo. Por eso está gravemente dañado. Raramente una persona va sola al teatro. Se va para vivirlo colectivamente, y eso va en contra de lo que estamos viviendo actualmente. Aunque de momento no parece que se hayan producido brotes en eventos culturales porque se están tomando medidas muy estrictas.

¿Qué retos enfrenta ahora el teatro?

La supervivencia económica de mucha gente. Los ERTE y las ayudas para las compañías se acaban y estamos pendiente de lo que pueda suceder.

¿Esta situación de vulnerabilidad del teatro podrá palparse en el futuro?

Depende de la fuerza con la que reaccione la gente joven. Hay una generación que se vio muy afectada por la crisis del 2008, y cuando parecía que iba teniendo los medios para expresarse, se ha topado con esta situación que le hace ver muchas puertas cerradas, no figuradamente, sino literalmente. El teatro es un enfermo crónico desde hace casi 4.000 años, pero no termina de morir nunca. Se necesita gente con mucho valor, vocación y tesón para continuarlo. No existe algo comparable al teatro: es un lugar en el que compartes con quienes tienes al lado y con las personas que representan la obra.

¿Lo más difícil de llevar el ‘Romancero gitano’ al escenario?

No ha sido difícil prácticamente nada. Y esto se puede decir muy pocas veces. Salvador Espriu, que escribió ‘Antígona’ en escasamente tres semanas y le dijeron que no podía ser, replicó que llevaba diez años pensándolo. Núria y yo llevábamos muchos años trabajando a Lorca y ya sabíamos de quién y de qué estábamos hablando. Mi obsesión única fue acercar el personaje de Núria al público, para que llegue al corazón. Un Federico lo más puro posible. Para eso hay que tener una intérprete extraordinaria.

¿Qué ha sido lo más gratificante del proceso?

El público, como siempre. Nos han dicho que es como un secreto que va dirigido a todos los hombres y mujeres que están allí, pero a la vez a cada persona en singular. Han vuelto a sentir a Lorca con palabras nuevas. Hay autores que se convierten en más importantes que su obra más destacada, como Cervantes con ‘El Quijote’, y luego, cuando lo descubres a fondo, ves que es mucho más de lo que esperabas pero que es distinto a lo que pensabas. Eso le pasa a Lorca. Solo hay que escucharle con oídos nuevos como si fuera la primera vez. Y esto ha ocurrido mucho en esta obra.

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