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Miguel Narros: "Hay que representar más a Lorca"
Miguel Narros es uno de los directores teatrales más veteranos y emblemáticos del país, Premio Nacional de Teatro en 1986.
4 de enero de 2005

Entrevista: Nacho Abad Andújar

Miguel Narros es uno de los directores teatrales más veteranos y emblemáticos del país. Pertenece a la vieja guardia que infundió un soplo de aire fresco en la momificada cartelera de los años setenta. Premio Nacional de Teatro en 1986, a sus 76 años continúa incombustible, poniendo en pie clásicos como 'Doña Rosita, la soltera', de Federico García Lorca, que estrenó el pasado septiembre en el Teatro Español de Madrid.

El reparto lo encabeza Verónica Forqué, secundada por un plantel extraordinario: Julieta Serrano, Alicia Hermida y Ana María Ventura. El texto del poeta granadino, que retrata la soledad y el paso del tiempo de una solterona de principios de siglo XX, llega ahora a Rivas (sábado 15 de enero [2005], auditorio Pilar Bardem, 10 euros). Todo un lujo para la cartelera municipal.

P. ¿Por qué decide devolver a escena una obra tan escasamente representada en los últimos años?

R. Ésa es una de las razones. Federico García Lorca es un clásico nuestro que tiene que estar en un escenario con más asiduidad. La obra de Doña Rosita es un grito en la vida de una mujer que lo ha sacrificado todo por los ideales conocidos como amor. Y que se encuentra con el paso del tiempo, la soledad y su falta de previsión en la vida.

P. Algunos críticos han señalado que se trata de un texto envejecido y acartonado, una obra un tanto cursi.

R. Pasa el tiempo por los textos, pero el texto no envejece. El tema es tan importante que está palpitando siempre: la soledad. La condición de solterona, lógicamente, ha cambiado, pero existen muchas mujeres y hombres solos. Lorca al principio nos describe una Rosita cómoda, que vive en un mundo aparentemente feliz, pero que se separa de su primer amor y va enfrentando la vida con sus recuerdos. Hay una frase en la obra que dice: "No hay nada más vivo que un recuerdo".

P. ¿Lorca es un olvidado en la cartelera?

R. No es un olvidado, pero parece que Lorca lo hubiera dado todo, y no es así. Nos ha dado su obra. Pero su obra no es para que la estudiemos y reflexionemos sobre ella, sino para que la conozcamos. Cada representación nueva que se hace de Lorca aporta algo nuevo y distinto.

P. En estos tiempos se habla de recuperar la memoria histórica, de devolver la identidad a los fusilados por el franquismo que permanecen enterrados en las cunetas del país. Lorca fue una de esas víctimas. ¿Está de acuerdo en que hay que restituir la dignidad de esas personas?

R. Revolver cadáveres no me gusta mucho. Una postura que tomó la familia de Lorca fue: `Las cosas han pasado, dejémoslas que pasen¿. Pero por otro lado, recuperar la memoria histórica es muy interesante porque no se puede ignorar a las víctimas.

P. ¿Qué cualidades dramáticas hacen que se elija a Verónica Forqué para encarnar el personaje de doña Rosita?

R. Verónica Forqué es un personaje herido, maltratado por la vida, con una herida profunda. Ella es muy divertida y se ha jugado con ella para que nos llegue su lado más divertido, pero como actriz tiene un lado profundo que es importante conocer.

P. ¿En qué momento un personaje deja de pertenecer al autor para ser del director y luego del actor?

R. El personaje es creado por un autor, pero no crea un prototipo. Crea un ser vivo, al que le pasan cosas y al que le conforman esas cosas: sufrimientos, alegrías, etc. Un actor es algo espléndido cuando se abre a un personaje. Un actor entrega a ese personaje su físico y emociones, su capacidad vital. No todo el mundo es igual. Hay personajes en la historia del teatro que sí son prototipos, como Alerquín o Policinella. Pero cuando se trata de un ser vivo, éste ser tendrá el físico que el actor le ponga.

P. ¿En qué ha afectado el cambio de Gobierno en la programación de los teatros públicos?

R. Muchísimo. El Teatro Español, por ejemplo, era una empresa privada y ahora es una empresa pública que hace un trabajo educativo muy interesante.

P. El teatro pierde público. ¿Quiénes son los culpables: la cartelera, la sociedad audiovisual, la deficiente educación cultural?

R. La crisis siempre la hay, desde los tiempos de Aristófanes. Tiene que haber crisis porque el ser humano siempre está en crisis. Pero es cierto que hay otras formas de expresión que nos asetean. Pero el teatro tiene algo irrepetible, que es ver ese momento en el que se forma una cosa y se deshace.

P. Ésa es la grandeza del teatro.

R. Cada día es una representación distinta. El personaje y la situación son la misma, pero qué es lo que tiene que dar el personaje es algo que sólo pasa en el ballet, en el canto y en el teatro. Porque todos sabemos que en una película de Greta Garbo en el minuto 50 va a pasar lo mismo que hace 70 años. Lorca decía que una sociedad sin teatro está agonizante o muerta.

P. Tiene una dilatada trayectoria profesional que comienza en la época del franquismo. Su trabajo supuso renovación para un Madrid anquilosado. ¿Cuándo ha sido más difícil programar, antes o ahora?

R. Antes, por la censura. Tener que justificar los valores éticos y morales era tremendo. En el teatro no se podía hacer ningún tipo de crítica, ni religiosa ni militar, nada. Las dictaduras no se caracterizan por la creación en el arte. Al contrario, suponen un retroceso.

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