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Babiker: "No interesa hablar de lo mal que estamos"
Sarah Babiker, periodista, da una charla sobre la renta básica universal en una jornada del programa Marzo Mujeres (jueves 14, 10.00, con inscripción).
4 de marzo de 2019
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JUEVES 14 MARZO / 10.00-13.00. Ayuntamiento (sala Pedro Zerolo).

- Inscripciones para la jornada 'Organización comunitaria y feminista frente a la sociedad de consumo', por correo electrónico hasta el martes 12 de marzo en: sensibilizacion.igualdad@rivasciudad.es.

Entrevista: Patricia Campelo.

La periodista Sarah Babiker (Madrid, 1979) radiografía una de las medidas económicas que más ríos de tinta ha derramado entre posiciones encontradas: la renta básica universal. Es una de las voces de la jornada 'Organización comunitaria y feminista frente a la sociedad de consumo' (jueves 14) en el marco del programa que hilvana el puñado de actividades propuestas en la campaña Marzo Mujeres. Redactora del periódico 'El Salto', ha colaborado con digitales como eldiario.es, CTXT o Tribuna Feminista desde su ámbito de especialización: género y comunicación.

¿Qué es la renta básica universal?

Un ingreso monetario mensual para cada individuo, que tiene que ser suficiente, estar por encima del umbral de la pobreza y de acceso incondicional.

¿En qué se justifica?

Hay distintas teorías pero la más esencial es que los derechos económicos y sociales, que son derechos humanos reconocidos, deben garantizar a cada ser humano los recursos mínimos para vivir. Todo esto ha sido históricamente mediatizado desde un empleo con un salario. Pero ese modelo está en crisis. Un mínimo vital debería estar garantizado al margen del trabajo. No son dos cosas que se opongan. Por un lado, producimos recursos suficientes para ese mínimo vital y, por otro, los derechos humanos implican el derecho a la vida, algo que pasa por la alimentación y los derechos más básicos.

¿La renta universal amortiguará el contexto en que no existan puestos de trabajo para toda la población?

Por un lado ese argumento es importante. Hay que buscar la forma de que no colapse todo y acabemos con cada vez más personas consideradas 'sobrantes' porque no están dentro del mercado laboral y, por tanto, sin acceso a medios y siendo objeto de discriminación. Como reacción [la renta básica] tiene sentido pero a mí me gusta más defenderla como principio, como una medida que tenemos que tomar ahora. Que los ingresos vitales entren solo desde el trabajo asalariado es injusto.

¿Esta renta universal reconoce el trabajo productivo?

No. La renta no reconoce el trabajo de nadie en general. Hay una propuesta clásica, la de Silvia Federici [escritora y profesora] en los años 70 que planteaba salario por trabajo de cuidados. Pero la universal es para todo el mundo, cuide o no. Simplemente reconoce el derecho a un mínimo vital más allá del empleo, y permite un marco material, da condiciones para que junto a un cambio cultural haya un reparto más equilibrado del trabajo de cuidados. Con todo el tiempo que nos requiere el trabajo productivo nos seguimos especializando las mujeres en cuidar más y los hombres en proveer más. Así, esta renta ampliaría el tiempo para los hombres y los recursos para las mujeres. Pero todo tiene que ir acompañado de un cambio cultural. La renta básica de por sí no va a cambiar eso pero será más fácil pasar de la teoría a la práctica ya que ahora, aunque avanzamos, nos encontramos con barreras materiales porque no tenemos ni el tiempo ni los recursos para bajar a la práctica cotidiana ese reparto justo.

¿Qué riesgos comporta? Se habla de una reducción de derechos sociales.

La renta en sí misma es un instrumento de unas políticas sociales económicas que, si son ultra liberales, probablemente pase eso, pero hay cierto consenso en que antes o después se va a tener que asumir porque no hay trabajo para todos. Hay que pelear para que esa renta no sea una excusa del neoliberalismo para desproveernos de todos los demás derechos sociales. Tiene que ser algo que venga a sumar, no que reste conquistas preexistentes. También, porque de nada te sirve cobrar 800 euros al mes si no tienes sanidad pública o garantizado el derecho a la vivienda.

¿Con qué recursos se puede financiar?

Hay bastantes estudios. Daniel Raventós o Luis Torrens han hecho unas proyecciones cambiando el IRPF, nuestro impuesto más progresivo. Los impuestos progresivos son fundamentales. Hablamos de salario mínimo pero no del máximo y al final se trata de redistribuir la riqueza ya que este no es un país pobre.

¿Ciertas resistencias a la renta básica tienen que ver con relacionar esta medida con la pobreza y no como un derecho?

Una resistencia muy fuerte es la de pensar que no tenemos derecho a recursos si no es a través del trabajo. Hay que hacer ahí un ejercicio de pedagogía, ya que los derechos económicos y sociales son humanos. Tenemos asumido el ganarse la vida, pero la vida no te la tienes que ganar. Nos cuesta cuestionar ese paradigma de que la única forma legítima de acceder a recursos es por el trabajo, y sobre todo en este momento que hay menos puestos, lo cual es contradictorio. Por otro lado se relaciona con la pobreza y se confunde con las medidas de distintos municipios y comunidades autónomas que tienen la renta básica garantizada o la renta mínima de inserción.

Cuando se habla de ese escenario futuro en el que la automatización acabará con infinidad de trabajos actuales, sí parece haber consenso sobre la renta básica.

Ese argumento tiene su utilidad y cierta parte de verdad pero hay trabajos que no van a poder ser sustituidos, como muchos relacionados con cuidados. Y ese escenario de automatización siempre es una posibilidad de concentración del poder y del capital por parte de los mismos, porque al final ¿quién se va a beneficiar de esto? Por eso son interesantes medidas como poner tasas sobre el uso de robots. El argumento es interesante pero a veces lleva a algo distópico sobre lo que tampoco tenemos mucho control. Nos pone como en el lugar de la reacción, y la renta básica es un derecho, no una reacción técnica a algo que pasará.

¿Se trata, en definitiva, de una herramienta para poder elegir en términos de igualdad?

Hay que pelearlo como hay que pelear que no sea una medida neoliberal, ya que es algo necesario y muchas mujeres estarían mucho mejor con una renta básica en muchos aspectos de su vida. En las relaciones violentas hay una dependencia económica brutal. El empoderamiento, la independencia no va solo de algo psicológico, sino de tu capacidad económica y eso está aún lejos para muchas mujeres.

En el actual contexto de salarios empobrecidos, ¿la gente se reconoce más en la pobreza?

Creo que es un momento complicado. Por ejemplo, en el 15M la gente hablaba de sus realidades cotidianas y no se veía la pobreza o la vulnerabilidad como algo del otro, sino como algo que me podía pasar. Era un momento en que las condiciones materiales formaban más parte de la política. Y cuando salió Podemos en las elecciones europeas, una de las primeras medidas que planteaba era la renta básica universal. Ahora, comunicativamente nos hemos ido más a lo institucional, a los nacionalismos, a los grandes temas que nos alejan de las necesidades de la gente.

¿Tiene esto que ver con la agenda política impuesta en la que prima, por ejemplo, Catalunya frente a los salarios de pobreza?

Creo que sí, que no interesa hablar de la realidad material de la gente porque eso implicaría abordar la distribución de la riqueza del país y a los poderes que están en los accionariados de los grandes medios con los que la clase política tiene una relación de dependencia o de circularidad no les interesa que hablemos de lo mal que estamos o de medidas como la renta que sería una redistribución importante de los recursos del estado.

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