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Pepa Plana: "Las bofetadas y hostias, en femenino, no funcionan"
La artista barcelonesa interpreta con Noël Olivé 'Voces que no ves', espectáculo de clown en el festival Coñumor (sábado 14, 18.00).
29 de noviembre de 2019
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"Dicen: 'No hay payasas'. Mentira. Hay muchas y con espectáculos preciosos"

Entrevista: Nacho Abad Andújar / Fotografía: Aureli Sendra

Veterana y clásica. Así se retrata Pepa Plana (Valls, Tarragona, 1965), payasa convertida en referente de la interpretación circense y Premio Nacional de Cultura de Cataluña en 2014. Licenciada en el Instituto de Teatro de Barcelona, en 1998 abandonó la escena dramática -"yo actuaba y la gente solo se reía"- por una nariz roja con la que hacer pensar y provocar la carcajada. Y siempre alumbrando humor desde códigos femeninos: "En un número de payasa, las bofetadas y hostias no funcionan". A Rivas llega con Noël Olivé: representan el espectáculo 'Voces que no ves' en el festival Coñumor (sábado 14 diciembre, 18.00, público adulto, La Casa+Grande, entrada libre).

¿Qué voces no vemos y qué voces no escuchamos?

Son tantas las voces que no vemos ni escuchamos. La propuesta de juego de nuestro espectáculo es imaginar qué hubiera pasado si nuestras abuelas hubieran podido hacer de payasas. Revisamos los números clásicos de toda la vida escritos e interpretados en masculino, poniendo la nariz femenina. Fabulamos: ¿qué hubiera pasado si hubiera habido payasas?

¿Qué hubiera pasado?

Que el espectáculo, con una lectura femenina, cambia. No en la estructura, pero sí en la mirada. Las hostias, las bofetadas, en femenino no funcionan. No vamos por ahí. Hay otro juego.

¿Y qué funciona en lo femenino?

Como mujeres, somos buenas en no tener vergüenza y mostrar nuestra parte sensible. Enseñar sin pudor la fragilidad desde dentro. De corazón para fuera.

¿Hay diferencia entre lo que cuenta una payasa y un payaso?

Sí. El humor es un código. Como mujeres emitimos desde nuestra épica. Hay que cosas en las que coincidimos y otras que no. Históricamente, las mujeres hemos aprendido a reírnos con los códigos masculinos: las pollas, los huevos, el fútbol... Cosas, por cierto, que mucha risa no nos dan. Pero ríes para no sentirte excluida. Hemos reído con el humor masculino para que no piensen que no te ríes porque no te enteras. Ahora estamos en un momento en que ya no somos objeto de la risa: la tonta, la gorda, la fea... Nos hemos convertido en sujeto. Emitimos desde nuestros satélites. Y nos reímos de lo que nos da gana. Y sin ningún pudor.

¿De qué se ríe el humor feminista?

Como humor, nos podemos reír de todo. Además, es necesario. No creo que haya límites. Yo me mal fío de la gente sin sentido del humor: tiene muchas cosas por resolver. Con humor te puedes reír de todo, incluso de lo que duele. En cualquier situación dramática de la vida, la risa está ahí, también en un velatorio o entierro. Es una defensa.

Si ya es difícil hacerse un hueco en el escenario como payaso, como payasa debe de serlo aún más.

Difícil es todo o no, según cómo te lo montes. Jugamos con ese hándicap de 'No hay mujeres payasas'. Mentira. Hay muchísimas. Y con espectáculos preciosos. Pero no nos ven. Si tengo la suerte de ser invitada a un festival de humor, de teatro o de payasos, miro alrededor y estoy sola. Si me han invitado a mí, no han invitado a otra compañera. Tenemos que demostrar que hacemos espectáculos súper buenísimos.

A la payasa se le mira con lupa.

Y sin tener referentes: solo tenemos hermanas mayores, ni siquiera madres. La historia de las payasas tiene muy poco recorrido. Las primeras augustas empiezan en los 70. Al carecer de referencias, y a diferencia de los hombres, nos tenemos que inventar. Pero eso también da ventajas: todo está por hacer. No hay dos payasas iguales. No hay estereotipo en maquillaje, vestuario o interpretación. Y eso genera una gran diversidad: tantos colores como payasas haya.

En su caso, ¿qué simboliza la nariz roja?

Me gusta llevar esa máscara: la que menos esconde y más revela. En un mundo de códigos, significa: hey, vengo de buen rollo, lo vamos a pasar bien.

¿Cuándo supo que llevaba una payasa dentro?

Yo no quería ser payasa, sino actriz. Estudié arte dramático en Barcelona. Y quería ser dramática, pero muy dramática. Incluso monté compañía como actriz. Pero la gente se reía. Y constó diez años que mi payasa ganara. Ella me eligió a mí, yo me resistí bien fuerte. Y cuando sucedió, sentí que no había marcha atrás: ya no me interesaba ser actriz. Había ganado la payasa. Y no sabía ni cómo ni por dónde ni adónde me llevaría. Pero no había miedo. Estaba todo por hacer. Incluso no hacerlo bien. Pepa, sola, mujer, payasa, para público adulto, teatral: te vas a morir de hambre, no hay circuito para esto.

Y ahora vive del oficio. 

Sí, y vivo bien. Y con compañía: personal técnico y oficina. Muy contenta de poder vivir de ello y hacer giras.

Cuando se dice que un político hace el payaso, ¿le molesta la expresión?

Y no solo en política. Me entristece profundamente. Denota una falta terrible de vocabulario. Hay insultos preciosos y adecuados para cada momento. Las payasas y los payasos no tenemos nada que ver con el gremio de la política. Aunque si empezáramos a hacer política, el mundo funcionaría de otra manera. Porque política lo es todo. Nuestros actos también son políticos. Subirte al escenario no es solo para distraer, también es hacer pensar, exponer tu mirada y entregársela al público. Distraer por distraer no me interesa.

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