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Sergio Canales: el patinador de bronce del mundial
A sus 22 años, el ripense alcanza el sueño de su vida deportiva: tocar metal en un mundial de patinaje artístico. Ha sido bronce en Barcelona 2019.
4 de septiembre de 2019
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"Llevaba toda la vida luchando por esta medalla"

Texto: Nacho Abad Andújar / Fotografía: Raniero Cordeletti

Cuando en 2015, Sergio Canales ganó la medalla de plata en el mundial júnior de patinaje artístico en Colombia, un sueño se apoderó de él. Un sueño que ocupaba sus noches y entrenaba de día. Una nueva medalla. Pero en categoría sénior. Cuatro temporadas después, el anhelo se ha materializado. El ripense ha conquistado el bronce en los Juegos Mundiales de Roller, celebrados en Barcelona del 4 al 14 de julio.

A sus 22 años, Canales ya puede decir que es el tercer mejor patinador del mundo en estilo libre. Atrás quedan cientos de piruetas y saltos, decenas de coreografías y miles de horas de entrenamiento. Y dos cuartas plazas en los mundiales de 2016 y 2018 [en el de 2017 fue noveno]. Y tres subcampeonatos nacionales de 2016 a 2018; en 2019 ha sido bronce.

"Llevaba toda la vida luchando por esta medalla", desembucha por teléfono desde las instalaciones deportivas del club Reus Deportiu. Hasta la ciudad tarraconense emigró en 2017 para potenciar una carrera deportiva forjada al calor de los suyos en una entidad más familiar y modesta: el Unión Patinaje Rivas.

Al club de su vida llegó con 11 años. Con unos patines de su madre, que le quedaban grandes, hizo la prueba para el ingreso. Las técnicas del club le vieron maneras. Y a pesar de su edad tardía (lo normal es comenzar con cinco años), se quedó. Su mentora fue la entrenadora Elba Alonso. "Si he llegado donde he llegado ha sido por los inicios que tuve", reconoce.

La conversación se mantiene un viernes. El lunes siguiente, cerrada ya está edición, Sergio volará a Hamburgo para disputar el Europeo. El ripense aspira al oro. Sus dos grandes rivales del mundial, el italiano Luca Lucaroni y el español Pere Marsinyach, oro y plata respectivamente, no acuden a la ciudad alemana.

Sobre la pista competirá con otro contrincante que conoce demasiado bien: su hermano Jorge, de 19 años y otro talento nacional, quinto en el campeonato de España de esta temporada. Si la familia Canales toca metal se sabrá el 7 de septiembre.

"La medalla me hace ir más relajado. En el mundial experimentas una presión muy grande. Al Europeo voy más para disfrutarlo y vivirlo". En Hamburgo, Sergio repetirá las dos coreografías de Barcelona. El bolero de Ravel, para el programa corto, y una miscelánea de música africana para el largo.

EL FUTURO

Además de su primer Europeo, será una cita que marque su futuro deportivo. "He conseguido mi gran objetivo, una medalla mundial. Tras el campeonato continental tomaré la decisión de seguir compitiendo o dejarlo. Se trata de un deporte muy sacrificado", anuncia. Un día normal en su vida se compone de tres horas de patines, 90 minutos de gimnasio y otra hora de danza.

Si renuncia a la competición oficial, quiere seguir vinculado al deporte rodante que tanto ama: "El patinaje es mi vida. Ocupa el 90% de mi tiempo". En Reus, donde ya ejerce como entrenador secundario, se siente cómodo: "Las instalaciones son muy buenas. Tenemos muchas horas de pista. Y la ciudad es cómoda, con buena calidad de vida, todo al alcance".

En la localidad catalana reside en un piso que comparte con su entrenador, Óscar Molins, campeón mundial en su día en la modalidad de danza, y otro patinador de la entidad. Pase lo que pase, Sergio Canales ya ha materializado su sueño: es una medalla y le acompañará, de casa en casa, toda la vida.

*****

Piel de gallina, en el Palau de Sant Jordi

Dice Sergio Canales que la emoción difiere entre la plata ganada en el mundial júnior de Cali (Colombia) en 2015 y este bronce sénior de Barcelona. "Lo de Cali fue el primer gran triunfo, pero Barcelona ha sido mejor", se sincera. Al final, reconoce, manda la categoría: absoluta frente a júnior. "Ahora eres el tercero del mundo. Llevas toda la vida luchando por ese momento. Y el júnior es un trámite para llegar a sénior. En Cali, además, estábamos solos mi equipo y yo, sin nadie que te arrope. En Barcelona te sentías como en casa, con miles de personas abarrotando el Palau de Sant Jordi".

"En los momentos previos al ejercicio, la primera sensación es de pánico. Se te pone la piel de gallina. Tanta gente y tanto ruido en el pabellón. Pero en los momentos antes de competir, esperando mi turno, miraba a la grada para habituarme. Me acostumbré en seguida y pude ejecutar mis actuaciones sin problema", explica.

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