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Joan Font, experto en participación ciudadana
Es uno de los mayores expertos en participación ciudadana. Profesor de la Universidad de Barcelona, participó en Rivas en unas jornadas sobre decisiones públicas.
2 de mayo de 2005
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"Detrás de la etiqueta 'presupuestos ciudadanos' encontramos realidades muy diferentes"

Entrevista: Nacho Abad Andújar [mayo 2005]

Joan Font es uno de los mayores expertos del país en participación ciudadana. Profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, actualmente ejerce como director de Investigación del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Cuando le entrevistamos, las encuestas sobre las elecciones vascas le tienen atareadísimo.

Su discurso lanza un mensaje nítido: promover la participación ciudadana supone profundizar en la cultura democrática. Algunos municipios españoles pioneros en esta materia, como el emblemático Rubí (Barcelona), han requerido su asesoramiento para poner en marcha procesos de esta índole.

Foros sociales, consejos locales o presupuestos participativos. Son algunos de los conceptos que empiezan a figurar en la agenda política de muchos gobiernos municipales. Se trata de nociones que además de incorporarse al lenguaje institucional, comienza a manejar con cierto criterio parte de la ciudadanía.

Pero el camino es largo. Asistimos a un proceso embrionario, aún no consolidado, que tiene en Cataluña y algunas localidades de Andalucía y el País Vasco a sus principales valedores. En la Comunidad de Madrid, estamos rezagados, según Font.

Las administraciones públicas, especialmente los gobiernos locales, deben compartir cuotas de poder para que sean los ciudadanos los que asuman más protagonismo en las decisiones públicas que les afectan, sostiene este barcelonés de 42 años. Joan Font estuvo en Rivas Vaciamadrid el pasado 28 de abril en unas jornadas sobre Participación Ciudadana, organizadas por el Ayuntamiento.

P. Cuando hablamos de participación ciudadana, ¿de qué hablamos?

R. Por un lado, de cualquier iniciativa que salga de la calle y pretenda trasladar un mensaje a las instituciones para decirles lo que la gente quiere que se haga. Y puede ser, también, un proceso que salga de las propias instituciones y sean éstas las que tengan la iniciativa de consultar a la ciudadanía y conocer su opinión. La participación supone que la gente mande mensajes diciendo qué tipo de ciudad desean.

P. Sin embrago, estamos hablando de un fenómeno emergente. Este interés, ¿responde a una demanda social o a las preferencias ideológicas de algunos gobernantes?

R. A las dos cosas. La demanda social está ahí si la sabemos entender bien. Así como puede haber, en un momento dado, muchísima gente pidiendo cosas concretas, también puede que exista una demanda difusa. Hay algunos sectores de población que están exigiendo que se les escuche más, y es una fuerza presente. Pero algunos ayuntamientos hacen oídos sordos, y sucede que no tienen la fuerza suficiente para forzar o imponerse a esas instituciones. La mayoría de los municipios que han puesto en marcha iniciativas de ese tipo es porque la demanda social ha conectado con unos políticos bien predispuestos, por una afinidad ideológica que les hace estar más abiertos a la participación. Y cuando analizamos por qué ayuntamientos de derecha han creado iniciativas de este tipo, nos encontramos con una explicación: la trayectoria personal de los concejales que, teniendo una ideología no tan favorable a la participación, sí son personas que proceden del movimiento asociativo y tienen una práctica vital más favorable a estos temas.

P. Entonces, ser de izquierdas o derechas, ¿es clave para promover la participación?

R. Sí, es importante. Y en unos sitios más que en otros. En Brasil, la izquierda ha colocado el tema de la participación en el centro de la agenda política. Especialmente los gobiernos locales liderados por el Partido de los Trabajadores (PT). En Cataluña, lo comparten distintas fuerzas políticas, aunque el énfasis que ponen en ello unos y otros es muy distinto. La participación se ha convertido en el centro del discurso político de Iniciativa per Catalunya (IC) y ocupa un lugar más periférico en la agenda de los demás partidos. En general, observamos que se le da más importancia a la participación en función de que estemos hablando de derecha o izquierda.

P. El mejor escenario para la participación, ¿está en los gobiernos locales?

R. Sin duda. Pero eso no debe llevarnos a que la participación sólo pueda realizarse desde los gobiernos locales. Con distintos procedimientos podemos reivindicarla a otros niveles. Acabamos de tener un ejemplo con el referéndum de la Constitución Europea. Pero, sin duda, la administración más sensible, y donde resulta más fácil movilizar a los ciudadanos porque se trata de problemas que les quedan más cerca y conectan mejor, es la local.

P. Sin embrago, a veces es un instrumento de marketing político. Que un ayuntamiento diga que promueve la participación vende.

R. Eso puede ocurrir con cualquier política que desarrolle un gobierno. Cualquier política tiene un objetivo sustantivo en sí mismo, y además pretende contribuir a que ese gobierno gane votos en su reelección. El tema es si, además, tiene algún contenido real o es una operación de marketing. Hace falta desarrollar herramientas para poder hacer una evaluación crítica de estos procesos, porque, efectivamente, detrás de muchos no hay nada, sólo operaciones de imagen sin ninguna capacidad de influencia real de los ciudadanos en la toma de decisiones.

P. Para participar, previamente hay que estar informado. ¿En qué medida hay que estimular a la ciudadanía para que participe o es preferible dejar que ella misma se adentre en este proceso?

R. En muchos casos sabemos que si dejamos este tema en manos de a ver quién se moviliza, va a terminar movilizándose un sector relativamente pequeño de la gente, un sector muy desigual. Los estudios dicen lo mismo. Desde el punto de vista de la participación, hay desigualdades sociales muy fuertes. El nivel de estudios marca mucho. Dejar que la iniciativa salga sólo de la ciudadanía nos lleva a una participación que por definición va a estar cargada de desigualdades. Por eso, tiene sentido plantearse que las instituciones planteen iniciativas para tratar de reequilibrar esas desigualdades, ya sea con procedimientos de movilización para alentar e incentivar a otros sectores sociales, con procedimientos basados en el sorteo o con la incitación dirigida a sectores que sabes que si no contribuyes a movilizarnos no van a moverse.

P. ¿Son los presupuestos participativos el paradigma actual de la participación ciudadana?

R. No me gusta eso de los paradigmas. Digamos que los presupuestos participativos son uno de los instrumentos interesantes que se han puesto en marcha en los últimos años y que, bien aplicados, despiertan un interés ciudadano muy fuerte. Lo que ocurre es que, detrás de esa etiqueta de presupuestos participativos, también encontramos realidades muy diferentes. Quizá sea muy razonable que las fórmulas que han desarrollado en Brasil, donde se ha inventado esto, no se puedan aplicar miméticamente en las ciudades europeas. Pero, al mismo tiempo, estamos viendo cómo en algunas ciudades europeas, en Alemania por ejemplo, el modelo se pervierte completamente, y en lugar de ser un elemento de transformación social lo emplean para recortar el estado de bienestar diciendo a la ciudadanía: 'Podéis decidir qué prestaciones sociales queréis eliminar'.

P. Y será importante reeducar a la clase política. Decirle que promover la participación, aunque se pierda cuota de poder, puede crear sinergias sociales.

R. Hay que incorporar la participación como otra manera de gobernar. Todo el mundo tiene que readaptar sus roles. Y todo el mundo significa los ciudadanos, los técnicos, los políticos y las asociaciones.

P. ¿Hay que primar a los que se organizan en torno una asociación frente al ciudadano individual?

R. La palabra primar no me gusta. Lo que hay que lograr es que haya el máximo de participación posible. Han de existir los canales para que sea posible que participe todo el mundo, para que pueda participar también aquella persona que diga 'quiero dar mi opinión puntualmente, pero no comprometerme con ninguna asociación'. Y al mismo tiempo, los ayuntamientos han de tener muy claro que las asociaciones son un recurso fundamental, porque tienen un capital humano, un nivel de información y un compromiso importantísimos, y han de jugar un rol central. En cambio, con esas personas individuales que participan puntualmente no puedes contar dos semanas después.

P. En España habría que retroceder a 1979 para encontrar programas de gobierno municipal donde la participación ciudadana tuviera una importancia similar a la actual.

R. La participación en los programas de los partidos políticos estuvo muy presente en ese momento, pero luego desaparece con el famoso discurso de Felipe González en el que dice eso de que lo importante no es si el gato es blanco o negro, sino que cace ratones. Eso les pasó a todos los ayuntamientos. Se obsesionaron con asfaltar calles, construir equipamientos sociales y se dieron cuenta de que había tantas necesidades básicas que se olvidaron de la participación. A veces había personas que provenían del movimiento asociativo, que se convirtieron en concejales y dijeron: 'Como yo soy el movimiento asociativo, y ya estoy en el poder, para qué me voy a consultar a mí mismo'. Y eso es lo que ha reaparecido unos años después. Cuando algunas de esas necesidades empiezan a estar satisfechas, emerge la demanda de participación ciudadana.

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