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Boa Mistura: el poder de la palabra pintada
Entrevista con uno de los colectivos artísticos más internacionales de España, que ha intervenido la biblioteca central de Rivas.
4 de julio de 2017
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Entrevista: Nacho Abad Andújar

Colombia, Brasil, Paraguay, Sudáfrica, Kenia, EEUU... Y ahora Rivas. El colectivo artístico Boa Mistura ('buena mezcla' en portugués) ha vestido con un impresionante mural una de las fachadas de la nueva biblioteca central Gloria Fuertes. El lienzo luce dos palabras: 'Felicidad' (en rojo) y 'Resistencia' (azul), un hallazgo semántico en el que han participado vecinas y vecinos y que sintetiza parte de la identidad ripense.

Pablo Purón (Logroño, 1983), madrileño de familia riojana, es uno de los fundadores del grupo, creado en 2010 por cinco jóvenes del barrio madrileño de la Alameda de Osuna que decidieron dedicarse al arte urbano en lugar de seguir la rutina laboral de sus respectivas carreras universitarias.

El quinteto hoy es cuarteto: Pablo Ferreiro, diseñador gráfico; Javier Serrano, arquitecto; Juan Jaume, de Bellas Artes, rama fotografía y vídeo, y Pablo Purón, que estudió publicidad e ilustración. Rubén Martín, el otro fundador, desarrolla su trayectoria por su cuenta. El equipo se completa actualmente con otros tres componentes: Diego Vicente, diseñador gráfico; Clara González, arquitecta, y Pablo García Mena, arquitecto.

El día después de permanecer colgado, con una grúa, de la pared, Purón describe por teléfono las claves del proyecto de arte urbano creado para Rivas.

¿Por qué dijeron sí a Rivas?

Trabajamos mucho en el extranjero, principalmente en Latinoamérica. Siempre que tenemos la oportunidad de materializar un proyecto seductor en España, y en concreto en Madrid, le prestamos especial atención. Con el Ayuntamiento de Rivas conectamos enseguida. Vino al estudio una delegación de la Concejalía de Cultura y nos contaron la historia de la biblioteca: aún en construcción, había estado ocupada y que se pretendía transformar en un polo cultural. Nos parecía bonito sumarle algo. Parecía un encargo sugerente. Luego, cuando vimos ese lienzo en blanco [la fachada estaba pintada de blanco], que pedía a gritos una intervención, aceptamos inmediatamente.

¿Qué es lo primero que pensaron al ver la fachada?

Cuando tienes un paño tan franco y espectacular, lo primero que sientes es emoción y excitación por vestir aquello. Porque muchas veces trabajamos en comunidades de barrio donde no sólo tocas una pared, sino varias calles. Y, de pronto, al encontrarte con este gran puñetazo que es la fachada de la biblioteca, se te disparan las ideas. Luego hay un trabajo de aterrizaje colectivo, con todo el equipo, donde se analizan las propuestas hasta concretar la intervención.

¿Cómo puede incidir esta obra en la percepción que tenga la ciudadanía del equipamiento público?

Le dota de un punto distintivo. Los edificios tienen un carácter aséptico muchas veces, pese a que puedan ser más o menos especiales según su arquitectura. Este mural es una obra de autor, que le otorga una personalidad propia. Ahora, la biblioteca tiene algo exclusivo. No hay ninguna otra biblioteca del planeta con esa obra, creada exprofeso para este lugar, tras un proceso de conversaciones con vecinos y estudiar bien el entorno. Acostumbrados a trabajar mucho en la calle, observamos que la pintura tiene el poder transformador de cambiar la imagen que se tiene de los lugares.

El mural surge tras un proceso de participación ciudadana. ¿Cómo es trabajar con la gente?

Es fundamental para nosotros: trabajamos en el espacio público, que es de la gente. No es una obra que haces en tu estudio, una creación del artista que mira hacia adentro y luego saca hacia afuera. Trabajas en la calle con la gente y para la gente. Estás haciendo algo en un lugar que es de todos. Y es importante hacer partícipes a cuantas más personas se pueda, porque luego van a convivir con la obra. Su participación implica que se empoderen del sitio y lo sientan suyo. No ha venido alguien ajeno a hacer algo, ha dejado su meteorito y se ha ido, sino que surge de la propia ciudadanía de Rivas. Este proceso ha sido muy bonito, con dinámicas grupales donde salieron ideas, conceptos y reflexiones que nos ayudaron a crear.

'Resistencia' y 'Felicidad', palabras extraídas de una novela de Almudena Grandes. Para Boa Mistura, ¿qué significan?

Hemos descubierto en la frase de Almudena Grandes un lema de nuestra filosofía, un leitmotiv. En las dinámicas de trabajo aparecieron nombres vinculados a Rivas y que los vecinos consideran importantes para la ciudad. Entre ellos, Almudena Grandes o cantautores como Pedro Guerra. Y estuvimos viendo letras de cantautores y textos de novela. Y dimos con la frase de Almudena Grandes, que nos pareció preciosa ["No hace tanto tiempo, en este mismo barrio, la felicidad era también una manera de resistir"]: el orgullo de estar contento con el lugar que habitas es la mejor manera de aguantar las adversidades que pueden venir. Que uno esté contento con lo que es, y de dónde es, puede ser la mejor de las resistencias.

¿Por qué no escribieron la frase completa?

Tenía más pegada poner los dos conceptos principales solapados, de tal manera que dieran a entender la idea de que son una sola cosa: la felicidad y la resistencia van de la mano. Además, tienen mucho que ver con la identidad e historia de Rivas. Siempre se dice que Rivas ha estado considerada por las personas del mundo de la cultura como un lugar de resistencia en las épocas más grises, una ciudad donde han encontrado una especie de bastión y refugio. Y qué mejor sitio que una biblioteca para visualizar estas dos palabras.

Cuando contactaron con Almudena Grandes, ¿qué les dijo?

Su agente literario nos comentó que estaba encantada. Nos ha pedido que le mandemos las fotos cuando esté acabada. Se siente muy orgullosa de aportar algo a la ciudad de Rivas. Algo que, además, ha surgido de los vecinos. Son los ripenses quienes han pensado que Almudena Grandes podía ser una inspiración para nosotros.

Se trata de un mural muy parecido a otro de Barranquilla (Colombia), con el lema 'Realidad' y 'Magia'.

Nosotros trabajamos mucho por series. A veces de una manera más ilustrativa, con tinta negra; otras, de manera más geométrica. Depende del lugar. La serie de palabras solapadas la venimos desarrollando desde hace tiempo. En un colegio público de Torrelodones hemos impreso las palabras 'Fuerza' y 'Respeto'. Es una manera de superponer conceptos coincidentes. 'Realidad' y 'Magia' [en referencia al realismo mágico de Gabriel García Márquez, que situó Macondo en el norte colombiano] también van de la mano: la realidad siempre tiene que ir bañada de un poco de magia e imaginación para hacerla más bella. Esta manera de trabajar enfatiza la fusión de conceptos que consideramos importantes.

Sus mensajes son de refuerzo, en positivo.

Más que en positivo, que agiten, despierten y cambien la manera de caminar las ciudades. Todo el mundo tiene su pequeño drama vital. Buscamos aportar algo que te frene cuando pasas por una intervención. Al estar en la calle, sentimos la responsabilidad de construir ciudad.

¿Cuánto puede perdurar el mural?

Hacemos todo lo que está en nuestra mano por que perdure, utilizando los materiales más idóneos y preparando el soporte. Si la obra está en la calle, irá deteriorándose como todo lo que pasa en la vida. Eso hace que la obra esté viva. Es algo bonito. Pero no podemos decir un tiempo exacto: depende de si se vandaliza, del sol, de las lluvias, de cómo esté la pared construida, si surgen humedades por dentro con las que no cuentas.

Pasado ese tiempo, ¿es partidario de rehabilitar, dejar desvanecer o una nueva intervención?

Personalmente, de lo que menos soy partidario es de restaurar. Haciendo un símil con la existencia, es como intentar mantener con vida a un viejito enchufándole a una máquina. Las obras van envejeciendo. Lo que más me atrae es pensar que esa pared va a estar viva y, dentro de unos años, ojalá sean muchos, renovarla con otra actuación acorde al momento. Porque surgirán nuevas ideas y actualizar la obra también mantendrá viva la biblioteca.

¿Han intervenido anteriormente en bibliotecas?

En Santiago de Querétaro, México, en la biblioteca Gómez Marín, del arquitecto Barragán, que llaman el arquitecto de la luz. Fue una intervención también participada, muy grande: una frase de 300 metros en todo el perímetro del edificio. Las bibliotecas son lugares donde nos gusta intervenir, la gente acude a ellos con mucha permeabilidad, la mente y los ojos con los que van a ese lugar muy buenos para entender este tipo de trabajos.

¿Cómo se lleva pasar del grafiti clandestino a ser solicitados por administraciones de medio mundo?

Cuando empezamos a pintar en nuestro barrio de la Alameda de Osuna (Madrid), nos perseguían. Hemos tenido que correr mucho. Hoy seguimos haciendo intervenciones ilegales, por las trabas que se generan con los permisos municipales. Pero ha sido un proceso fluido y natural, donde no hemos hecho hincapié en que así sea. Hace 15 años nos juntábamos a pintar los fines de semana porque era nuestra manera de divertirnos, y generamos una amistad, unos lazos sociales con la pintura. Cuando terminamos las carreras universitarias, vimos que estábamos convirtiendo nuestra afición en algo bonito y recibíamos algún encargo que otro. Y decidimos probar. Rechazamos trabajar de nuestras formaciones académicas y profesionalizar ese hobby.

¿La primera llamada?

En 2011, un galerista de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), que conocía nuestro trabajo y tenía una residencia de artistas. Nos ofrece alojamiento y nos invita a intervenir en un barrio. Y para allá que fuimos, a un barrio jodido, carente. Y pasamos un mes. Fue la primera vez que trabajamos en comunidad. Esa experiencia fue el punto de inflexión: empezamos a entender nuestro trabajo como algo colectivo y dirigirlo hacia la parte más social. Nos decían que nuestro trabajo, al estar en la calle y en una comunidad en la que apenas ocurría nada, podía ser inspirador para la infancia. Nos decían que igual el próximo Mandela era uno de esos niños que pasaban todas las mañanas corriendo por delante de nuestra intervención. Fue una lección de realidad y compromiso que nos voló la cabeza.

¿La mayor satisfacción la encuentran en esos proyectos de comunidades carentes?

Todos los trabajos tienen su parte positiva. Si no, no los haríamos Por eso algunas propuestas las descartamos. A veces, rechazamos por falta de tiempo: ahora ya estamos con proyectos de 2018. Los que escogemos es porque nos emocionan y percibimos que tienen sentido. Si creemos que no podemos aportar, o no nos aporta, no aceptamos. Siempre tienen ese componente emocional e inspirador. Y todo eso se multiplica en las comunidades carentes. Nadie mira hacia esas barriadas. Muchas son barrios periféricos de autogestión y autoconstrucción, que no hizo un ayuntamiento y apenas reciben nada de la administración. Cualquier cosa que hagas ahí, cualquier cambio, amplifica su repercusión. Y lo que te vuelve a ti es mucho más grande.

También realizan acciones clandestinas, sin permisos: ¿las viven de manera diferente, con más excitación?

Las vivimos igual. Si no tenemos un permiso y sentimos que ese trabajo va a mejorar y ayudar a hacer ciudad, la hacemos sin recibir la carta de autorización. Pero no es más excitante ni romántico. Lo importante es poder transformar la ciudad. Pero no le damos valor a una obra por ser legal o ilegal.

¿Les han caído multas?

Claro.

¿Qué porcentaje actual pertenecen a proyectos de encargo?

La mayoría son encargos externos, pero matizo: el encargo no es que nos digan 'Quiero esto'. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Asunción, en Paraguay, nos contactó para hacer algo en el barrio de Chacarita. Y, paseando, dimos con Pelopincho, la zona más marginal del marginal Chacarita. Hasta el propio barrio le daba la espalda a esta zona. Y empezamos a trabajar con este barrio. Nosotros desarrollamos nuestro proyecto, eligiendo incluso el lugar donde trabajar.

¿Cuándo y por qué deciden integrar la palabra escrita en sus intervenciones?

En Sudáfrica. En 2011. Decidimos trabajar con iconos, que representaban unos valores: un puño, un corazón con la forma de África del que crecía un árbol, un corazón con un diamante dentro¿ Nos pareció bonito acompañarlo de un mensaje. Y escribimos: 'Discover the diamond inside' [Descubre el diamante que hay dentro de ti] con el corazón con el diamante; 'Figth for your dreams' [Lucha por tus sueños], un corazón con el puño. Y lo acompañamos de la misma frase en castellano, porque nos decían que era importante que los vecinos tomaran conciencia de que lo había hecho gente de fuera, que percibieran que su barrio era un diamante por descubrir y pensaran: 'Si esta gente se ha cruzado medio mundo para realizar esta intervención, será por algo'. Era muy bonito ver a los niños que pasaban cada mañana gritar 'Fight for your dreams'. Ahí te das cuenta del poder que tiene la palabra para inspirar. Es un mensaje muy directo. A partir de entonces, empezamos a utilizar la palabra y no la hemos soltado.

¿Qué tal anda este país de arte urbano?

Muy bien. Tenemos la suerte de vivir en un país con una calidad de artistas muy buenos. Y se está empezando a valorar nuestro trabajo fuera. Es un orgullo. Y ves a artistas trabajando en otros países.

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