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Paloma Parra: premio Max de Iluminación 2016
La ripense ha ganado el premio Max de Teatro al mejor diseño de iluminación por su trabajo en la obra 'La piedra oscura'.
25 de abril de 2016
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Hace casi dos décadas que encendió su primer foco, en la sala alternativa de teatro Pradillo. Desde entonces, la carrera de Paloma Parra (Madrid, 1979) ha ido hacia arriba, llegando tan alto como los techos de los grandes teatros sobre los que ahora diseña la luz que hace brillar a actores, actrices y bailarines sobre el escenario.

Técnica e iluminadora de profesión, Paloma ha ganado el Premio Max al mejor diseño de iluminación por el fulgor que creó para el montaje de 'La piedra oscura', obra dirigida por Pablo Messiez, con quien trabaja desde hace diez años, escrita por Alberto Conejero y estrenada el pasado diciembre en el teatro María Guerrero.

Esa es su forma de expresarse: utilizando un lenguaje que domina y con el que interpreta los guiones teatrales o los espectáculos de danza. La luminosidad forma parte de cada montaje artístico y el secreto del éxito es, según cuenta Paloma, que no se note. "La peor crítica es 'cómo me ha gustado la luz', porque todo tiene que ser igual de importante en conjunto. Interpretación, dirección, escenografía, música, utilería e iluminación todo cuenta a partes iguales", explica.

Comenzó en los escenarios en 1998. Primero en el plano fotográfico, "una cosa llevó a la otra", y acabó descubriendo una vocación en el mundo del diseño y colocación de la luz. "Al principio haces de todo. Era taquillera, estás en la cafetería, abriendo la puerta", enumera. "Me entró el gusanillo de la iluminación y pensé en hacer mis propios diseños. También me hacían peticiones. Y así fui entrando en este mundo", relata Paloma sobre una profesión en la que es autodidacta "al 100 por 100" y en la una se curte "en la calle".

"Después he hecho cursos. Pero cuando empecé estaba el Centro de Tecnología del Espectáculo, para el que tenías que estar apuntado en el INEM como desempleado, y yo ya estaba trabajando", aclara. La danza es la disciplina en la que Paloma disfruta más creando sus diseños.

La sencillez que suele imperar en las escenografías de los espectáculos de baile provoca que la luminiscencia desempeñe un papel amplio. "La danza es más visual, te permite hacer más juegos, es un lenguaje más desconocido. Ilumino un cuerpo, un movimiento, mientras que cuando hay texto es más complicado; los directores quieren ver a veces mucha cara", ilustra.

"En la danza, la luz viste el escenario, donde sólo está el linóleo y el bailarín. Y puedes contar cosas". Sus métodos a la hora de componer el haz luminoso que dará vida al espectáculo cambian en función del tipo de representación. "En danza empiezo viendo el ensayo, y en teatro leyendo el texto, y no quiero que me informen, que me digan qué quieren contar". "Luego voy hasta donde me llegue mi imaginario con la luz", afirma. Todo el proceso abarca entre dos y tres meses.

EL MONTAJE

La parte más complicada llega con el montaje. "Entras en la infraestructura del teatro, con la escenografía, con los técnicos y con los tiempos que te dan para montar, que son muy pocos", identifica sobre un aspecto de su trabajo que conoce bien. "El técnico desarrolla el trabajo artístico de quien diseña. Yo empecé así, y es lo que me da de comer. Diseñadores hay muchos; técnicos no tantos", asegura. En su caso, esta experiencia profesional conlleva que ella misma suele montar los focos de los diseños que crea.

A la hora de seleccionar las tonalidades que bañarán el escenario, Paloma lo tiene claro: sentimientos. "Me hice iluminadora porque la luz está en el día a día. Es lo que rige nuestro dormir o despertar. Asociamos la luz a nuestra vida cotidiana. Tenemos condicionamientos a nivel de colores, y eso llevado a la luz es lo que hago yo en mis espectáculos. Veo al bailarín o al actor e identifico qué sentimientos me genera. Con la luz puedo apoyar ese sentimiento o todo lo contrario", aclara.

"Al igual que el sonido manipula tu oído, la luz manipula tu ojo", remacha.

La entrevista tiene lugar una semana antes de que se fallen los premios Max. Paloma está tranquila, pensando que la estatuilla de la manzana con antifaz no irá para ella. "Compito con un montaje de 50 focos contra espectáculos que llevan 300", suspira. "La espectacularidad visual no puede competir, pero creo que han tenido más en cuenta para la nominación la dramaturgia de la luz, lo que cuenta", deduce.

El resplandor de montajes como 'El Eunuco', 'La palabras' o 'Hécuba' ¿este último, estrenado en el teatro romano de Mérida- lleva también su firma. Paloma es, además, la coordinadora técnica del auditorio Pilar Bardem, y en su currículo puede añadir otro éxito: el de acabar con los miedos de su hija a la oscuridad. "Le puse una luz pequeña, de esas de guardia", dice entre risas.

GANADORA DEL MAX

El lunes 25 de abril Paloma acudió al Teatro Circo Price de Madrid, donde se fallaban los Premios Max. Llegó el turno del galardón al mejor diseño de iluminación, y el nombre de Paloma resonó por todo el escenario. Subió y, temblorosa, agradeció la distinción "a quien corresponda", a sus compañeros de 'La piedra oscura' y a su director Pablo Messiez. También a su hija. Y los focos, esta vez, brillaron para ella.

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