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Dubljevic: "Ojalá pueda quedarme hasta mayo"
Entrevista con la montenegrina Jelena Dubljevic, que regresa al Rivas Ecópolis, donde jugó entre 2006 y 2010. De momento ficha sólo hasta el 29 de diciembre.
29 de noviembre de 2011
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Jelena Dubljevic, el pasado noviembre, en el Cerro del Telégrafo, después de un entrenamiento.

Entrevista: Nacho Abad Andújar (para 'Rivas al Día' de diciembre 2011).

A los 12 años debutó en la liga sénior serbia. Con 15, en Euroliga. A los 19, y después de pasar una tempora en Valencia con el Ros Casares, la montenegrina Jelena Dubljevic (Niskic, 1987) fichó por el Rivas Ecópolis, donde jugó entre 2006 y 2010. Convertida entonces en jugadora de referencia europea, cambió España por Francia para incorporarse al Tarbes. En verano se marcó un Europeo espectacular: Montenegro llegó a cuartos y derrotó en la fase previa a España.

Como su aventura italiana con el Taranto desfalleció este otoño, se quedó sin equipo. Y el club ripense se ha fijado en ella para aliviar las rotaciones de banquillo ante las prolongadas bajas de la pívot Iva Sliskovic y la alero Amaya Valdemoro. Dubljevic (188 cm) llega en principio por dos meses, hasta el 29 de diciembre.

El regreso de la montenegrina, quien siempre despertó simpatía en la grada, tiene algo de 'gardeliano'. Ella retorna, "con el alma aferrada a un dulce recuerdo", sin la frente marchita, y como repite el tango: "Siempre se vuelve al primer amor".

¿Qué le ha hecho aceptar una oferta por solo dos meses?

Rivas es mi club, el lugar donde me hice como persona y jugadora. Donde empecé a vivir, y donde disfruté mis mejores años. Parece que nunca me fui de aquí.

¿Hay alguna posibilidad de que continúe en 2012?

Claro, siempre la hay. Pero depende de muchas personas. Si llegamos a un acuerdo me quedaré encantada y ayudaré al equipo hasta el final de la temporada.

¿De qué depende?

De la oferta que se haga. Pero son aspectos en los que yo no entro. Es una situación que deben hablar el club y mi agente. Si hay acuerdo, me quedaré encantada, aunque todavía es temprano para hablar de esto [la entrevista se hace cuando lleva diez días en Rivas]. Estoy en la etapa de adaptación, aunque no hay nada nuevo, todo sigue igual. Ojalá pueda quedarme hasta mayo.

¿Qué sintió el 9 de noviembre cuando volvió a jugar en el Cerro?

Me sentí como si fuera el primer día que fiché por Rivas [2006], cuando tenía 19 años. Pero con una diferencia: la aceptación de la gente y el espectáculo que organizó la Peña Pasión Roja. Me sentí muy importante. Noté el cariño de la gente, se acordaba de mí. Y el partido salió estupendo [récord de anotación en la Euroliga: Rivas 112-70 Frisco Brno]. La noche perfecta.

La gente la quiere.

Y yo nunca me olvidé de Rivas. Siempre tuve muy buen contacto con la grada. Pero sabemos que el tiempo pasa, vienen jugadoras nuevas y no sabes cómo reaccionará el público a tu regreso. Y ese día fue increíble. Me puse roja.

¿Qué significa Rivas?

La puedo comparar con mi ciudad en Montenegro, Niskic. Es mi segunda casa. Me siento a gusto, muy bien.

¿Cómo la ha recibido el club?

Muy bien. Cuando volví parecía que acabábamos de entrenar ayer. Es una etapa nueva pero con cosas que siguen igual. Estoy muy feliz.

¿Ha encontrado a la entidad muy cambiada?

No. Ha cambiado el entrenador y algunas jugadoras, pero la directiva, la filosofía y la forma de jugar son las mismas. La noche que llegué a Rivas pensé: 'Parece que nunca me fui de aquí'. En la ciudad la gente seguía igual, comprando en el Mercadona o el Rodilla.

¿Su momento más feliz en Rivas?

Hay muchos. Llegué el año que se ascendió a Liga Femenina. Y fuimos escalando peldaños paso a paso. Primero la clasificación para la Copa de la Reina. Luego, la Fiba Cup. Más tarde, la Euroliga. Vivir esa progresión constante supuso disfrutar de las mejores etapas del Rivas. Fueron cuatro años en los que se proponía un nuevo reto en cada campaña y se lograba. Y yo participé de eso.

La temporada que se fue, el club levantó su primer título, la Copa de la Reina 2011.

Es el destino. Parece que no puedo ganar ningún título, pero no pasa nada. Me alegré mucho. Un club como éste merecía ese título.

¿Su mejor momento fuera de Rivas?

Con la selección de Montenegro este verano en el Europeo de Polonia [llegaron a cuartos]. El mejor momento de mi vida, ponerte la camiseta nacional y representar a millones de personas. Todo el país pendiente de la televisión. Algo insólito porque generalmente sólo se presta atención al baloncesto masculino. Este verano quitamos a los chicos el puesto de atención. Como mujer me sentí importante, y dimos una muy buena imagen de Montenegro.

¿Cómo le fue en Tarbes?

Jugué de 3 toda la temporada, algo nuevo para mí. Necesitaba probar esa posición. Todo el mundo se preguntaba si soy 3 ó 4. Mi entrenador, Alain Jardel, al que le estoy muy agradecida, me dio la oportunidad de demostrar que puedo jugar de 3 a un gran nivel.

¿Hay mucha diferencia entre el baloncesto galo y el español?

Allí es mucho más duro que en España, más rugby que baloncesto, para jugadoras fuertes. Y no es tan rápido. Aquello me gusta menos. Y la vida es peor, muy depresiva. Ningún sitio como España. Pero me vino bien probar.

¿Y dónde juega más cómoda, de 3 ó 4?

Mi posición de toda la vida es 4. Pero no me importa jugar de 3. Lo haré donde me necesite el equipo.

¿Por qué no fraguó esta temporada el fichaje por Taranto (Italia)?

Todo el mundo me lo pregunta. Fui a firmar el contrato y al llegar me encontré una situación completamente diferente, pero no por mí. La opción era quedarme y no sentirme a gusto o irme y esperar algo mejor para mí.

¿Le quita el sueño la WNBA?

He tenido oferta de Seattle tres años seguidos. Pero nunca fui, siempre tenía competiciones en verano con la selección [la WNBA se juega de junio a octubre]. Mi sueño es Europa. Pero otro sueño que quiero probar es la WNBA. A lo mejor este verano voy. Pero queda mucha temporada. Si me voy con la selección, y luego a la WNBA, no descanso nada. Ya veré qué hago.

Una jugadora y un jugador.

Diana Taurasi [de EEUU y ahora con el Galatasaray turco]. ¿Un jugador? Dejan Bodiroga [serbio, tres Euroligas y dos oros en mundiales]. Su cabeza y visión de juego representan el baloncesto.

¿Cuándo cogió su primer balón?

Con tres años. Mi hermano, que jugó en el Partizán de Belgrado, era mi ídolo, lo que yo quería ser. Él me empujó al mundo del baloncesto. Y no necesité mucho. El balón era mi juguete. Entrené con chicos hasta los 11 años. Y empecé mi época profesional con 12.

¿12 años?

En la liga sénior de Serbia-Montenegro, entonces muy fuerte. Poco a poco fui dando más pasos. Con 15, debuté en Euroliga, con el Podgorica [equipo de la capital de Montenegro].

Defínase como jugadora.

Juego con cabeza. Soy versátil, puedo emplearme de 3 o 4 abierto. Con los años gané en tiro. Y la experiencia me permite hacer las cosas más fáciles. Jugar de base cuando era joven me dio una técnica de una 2 o 3.

¿Y como persona?

El carácter montenegrino es duro. Eso se nota en la cancha. Me gusta estar con mi gente. Huyo de la soledad. Dependo mucho de mi familia, ocupa el primer lugar. Quiero mucho a mi país. Me siento muy orgullosa. Y me gusta reír. Creo que soy alegre. Y un poco loca.

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